La sombra de una duda

Se estrena la nueva película de Scorsese, que logra construir un universo inquietantemente enloquecido y en su desarrollo genera más dudas que certezas.
Después de "Los Infiltrados" el director vuelve con un relato ambientado en 1954 sobre el comisario Teddy Daniels (Leonardo Di Caprio), que investiga, junto a su compañero Chuck (un perfecto Mark Rufallo), la huida de una peligrosa paciente de un manicomio de máxima peligrosidad para criminales dementes, situado en una isla en la bahía de Boston. Pero todo se irá confundiendo a medida que vayan sucediéndose los minutos.

El comienzo demuestra un conocimiento ejemplar que el director tiene del cine clásico. La forma en la que el agente llega al hospital psiquiátrico se logra con una fuerza imponente sin perder sutileza y misterio. A medida que nos vamos enterando del conflicto el clima se empieza a enrarecer y la película se llena de citas cinéfilas, recuerdos como flashbacks del protagonista de la muerte de su mujer, situaciones oníricas y datos históricos. Los climas son perturbadores y oscuros y la intriga se logra pero durante la segunda mitad de la película una vuelta de tuerca abrupta resignifica todo lo relatado hasta el momento. El asunto es que no sólo da un vuelco la trama sino la idea de la película que estábamos viendo. Todo se da de una manera previsible, bruta y ramplona. Al menos en apariencia.

Veamos. "La Isla siniestra" es, como casi toda la filmografía de Scorsese, otra película sobre el cine. Las referencias a muchas películas del cine clásico se mezclan con recursos vanguardistas y se da un repaso por toda una variedad de géneros. Desde el policial negro hasta el terror, pasando por el cine de aventuras y el melodrama. En medio de todo esto están los recuerdos de los campos de exterminio nazi, que tal vez no sólo aparezcan por la época en que transcurre el film sino para decir que ésta es una película sobre la historia. La del mundo y la del cine.

El problema es que, si esta lectura es válida, todo se habilita para la polémica cuando la trama avanza hasta lugares burdos y ridículos. Tanto que parece pertinente preguntarse si esto merece que nos levantemos de las butacas y nos vayamos de la sala -¡como mucha gente en la función a la que este crítico asistió!- o si, por el contrario, el realizador es totalmente consiente de lo que hizo. Tal vez –algunos elementos podrían permitir esta idea- Scorsese plantea que lo que importa no es el qué sino el cómo, que hay que viajar sin reparar en el destino. Quién escribe estas líneas aún no puede resolver las incógnitas que esta siniestra película plantea. Ni siquiera sabe si la película plantea algo.

En los extremos de esta duda se encuentran las posibilidades de una obra genial o una de las más penosas banalidades. Las únicas certezas son que "La isla siniestra" está filmada con una potencia desquiciada y que hay que verla para amarla, odiarla o desear volver sobre ella para desentrañar qué diablos acaba uno de ver.

También se estrenan "Loco corazón", la película de Scott Cooper por la cual Jeff Bridges ganó el Oscar a mejor interpretación masculina y que cuenta la vida de un cantante de folk arruinado; "Mongol", dirigida por Sergei Bodrov sobre los primeros años de Temujdin hasta convertirse en el líder mongol Gengis Khan y el documental argentino "Un fueguito", de Ana Fraile, que retrata la vida del premio Nobel de Medicina, César Milstein.