Acción con perfume de mujer

Su nombre cobró una fuerza inaudita luego de alzarse con la estatuilla de la Academia a la mejor dirección y a la mejor película. Pero su carrera está plagada de películas tan buenas como violentas...

Sabemos que ganó el Oscar por Mejor Película y Mejor Directora, que es la ex esposa de Cameron, que le ganó a "Avatar", que es la primera mujer en ganar esa estatuita y que es más linda que la mayoría de las actrices que estaban en la ceremonia. Y además de eso es una de las cineastas más interesantes de los últimos tiempos.

La formación inicial de la directora fue en el campo de las artes plásticas, lo que se nota muchísimo en el desarrollo estético de sus films. Se caracterizó siempre por hacer un cine de acción personal, lírico, tenso y político. Su debut fue con "The loveless" (1982), una de motoqueros que presentaba en su primer protagónico al siempre sacado Willem Dafoe y siguió con "Cuando cae la oscuridad" (1987), un western de vampiros, una de las más poéticas películas de terror. En 1989 dirige a Jamie Lee Curtis, que interpreta a una policía que se enamora de un agente de bolsa psicópata obsesionada con la violencia y el poder que representan el uniforme policial. Cada plano fascinado de esta película, "Testigo Fatal", nos pone como espectadores en ese mismo incómodo lugar hasta llegar al punto de enamorarnos de cada una de las partes de un revólver. Su cuarto largometraje, el más conocido y tal vez el mejor, es "Punto límite", ese clásico protagonizado por Keanu Reeves y Patrick Swayze donde el primero es un agente del FBI que tiene que infiltrarse en un grupo de surfers, liderado por el segundo, que roban bancos disfrazados de presidentes noerteamericanos: otra película de Bigelow sobre la frustración y la imposibilidad de la libertad con muchos momentos lacrimógenos. Los planos de las olas, los de Swayze y Reeves tirándose en paracaídas y esa frase final que le propina el agente Utah a Bhody cuando este decide irse a montar su última ola: "vaia con dí-os".

En los siguientes años filmó tres películas más hasta llegar a la premiada "Vivir al límite". "Días extraños" (1995), una película futurista del pasado que jugaba con la idea del fin del mundo en 1999; "El peso del agua" (2000), sobre un asesinato de muchos años atrás que descubre una fotógrafa, y "K-19" (2002), donde se da toda su acción dentro de un submarino en plena Guerra Fría.

Ese virtuosismo estético que caracteriza a su cine le supo jugar en contra por ser tildado de manierista o esteticista de la violencia. Pero sus recursos son pertinentes y se encuentran totalmente justificados para servir como envoltura de sus personajes y mimetizarlos con la mirada del espectador.

Los personajes del cine de Bigelow viven siempre necesitando algo más o siempre más de lo mismo. Desesperados, viven en un limbo, en la cámara lenta más adrenalínica e infinita. La tesis de "Vivir al límite" tal vez sea que esa mentira que es la guerra -y la de Irak mucho más–, y sirve para sostener ese limbo. La mentira que no vemos para sostener la mentira en la que vivimos. La adicción a la nada. Que haya ganado el Oscar a Mejor Película es una bomba que Hollywood no llegó a desactivar y una gran oportunidad para poder ver y rever la obra de esta gran artista.