La chica que hizo un experimento de su boda

La novia era una científica y decidió convertir su casamiento en un laboratorio para develar por qué queremos subirnos al altar.
"Organizar un casamiento puede ser bastante estresante, pero nosotros teníamos además toda otra dimensión a considerar: lo estábamos convirtiendo en un experimento científico para probar qué es lo que pasa en nuestros cuerpos cuando decimos sí, quiero". Ya ven, no todas las mujeres son iguales: algunas quieren determinados arreglos florales, otras prefieren tener a mano un kit para poder hacer un test de sangre en el altar... Fue el caso de Linda Geddes.

Nuestra heroína se quería casar, sí, pero además andaba detrás de la hormona oxitocina por cuestiones profesionales (ella es, efectivamente, científica) y decidió que su boda era una oportunidad imperdible para corroborar sus teorías.

Es que, según plantea la ciencia, la oxitocina es el químico que nos llena el cuerpo cuando reforzamos lazos de afecto, cuando confiamos y cuando somos generosos. O al menos eso es lo que dice la teoría. Lo que Linda quería verificar, era sí en una situación cien por ciento real (no un ejercicio de laboratorio), los niveles de oxitocina subían. Así fue como el invitado de honor de este casamiento terminó siendo Paul Zak, un reconocido investigador de neurociencias.

Zak fue el responsable de tomar muestras de sangre a la novia, al novio, a tres familiares de ambos y a ocho amigos antes y después de la ceremonia (o sea, el momento de los votos, el sí quiero y todo eso). Otras hormonas relacionadas también entraron en la lista de las muestras de sangre. Para ese entonces, el novio, Nic, ya estaba resignado a tener un casamiento un poco extraño, con agujas y damas de honor pinchadas. Encima, más científicos fueron invitados. Sospechamos que los niveles de oxitocina de Nic bajaron en ese momento...

La cosa se fue complicando a medida que se acercaba la fecha. Algunos amigos les dijeron que estaban locos y a última hora Linda, la novia, confesó su terrible fobia a las agujas... Pero todo salió bien, aunque luego de dar el sí, cuando tuvo que sacarse sangre por segunda vez, casi se desmaya...

Lo bueno fue que después de la luna de miel llegaron los resultados: y sí, los niveles de oxitocina de los novios estaban por las nubes, también habían subido los de la parentela. Sin embargo los resultados generales (que incluían otras hormonas) no aportaron datos esclarecedores. Así que, colorín colorado, seguimos sin saber por qué la gente quiere casarse. Eso sí, el que terminó realmente contento fue Zak, que consideró este experimento como uno de los grandes momentos de su carrera y anda buscando nuevas oportunidades para pinchar a la gente en momentos importantes de su vida...

Ya ven, el amor a la ciencia también trae sus malas pasadas.
¡Los espero en Facebook!

Fuente: New Scientist