¿El sexo es un buen ejercicio o viceversa?

Se suele afirmar que el sexo ayuda a quemar calorías, pero la ecuación inversa suele dar más resultado: nada mejor que ponerse en forma para disfrutar más.

Es cierto que el sexo hace bien a la salud. Pero las revistas femeninas van una y otra vez a la cama para decirnos que es posible adelgazar mientras buscamos un orgasmo... Dudemos: lo más serio que leí al respecto es que son demasiadas las variables que intervienen en un encuentro sexual como para afirmar que se puede o no quemar calorías en el proceso. Pero incluso, estableciendo la duración y la clase de sexo promedio (si semejante cosa existe), una sesión de amor equivaldría a subir dos pisos por la escalera. Así que podríamos decir que no, el sexo no es una buena estrategia para bajar de peso: conviene subir tres pisos por la escalera.

Para obtener verdaderos resultados más vale encarar la estrategia inversa: dejar de usar el sexo para quemar los flotadores y encarar el gimnasio para mejorar la vida sexual. Eso sí que tiene resultados.

Se sospecha que los efectos del sedentarismo no solamente se acumulan en forma de kilos de más o se expresan en una mala postura de la columna, no, también impactan en la vida sexual y aquel que no mueve su cuerpo tiene mayores posibilidades de padecer algún tipo de disfunción sexual. Por ahora esa relación entre cuerpos inmóviles y genitales que fallan está siendo investigada y no es concluyente, pero suena más que razonable...

Lo que sí se estudió y comprobó es que la actividad física tiene un efecto bastante afrodisíaco e inmediato. Aunque la relación no parezca obvia, poner el cuerpo en marcha, nos pone en ánimos de amar...

Además, si estar medio depre o andar con algunas revoluciones de más son frecuentemente los motivos que nos alejan del deseo, una rutina de ejercicios (¡los que sean!) es una buena receta para sacarse de encima el bajón y el estrés. Es como matar dos pájaros de un tiro y encima ganarse un premio...

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