Valientes: ¡se casaron Segundo e Isabel!

Para detener a Laureano Gómez Acuña, los hermanos Sosa determinaron que Segundo se case con Isabel, convencidos de que el villano se haría presente para impedir el enlace...
El público sabe que mirar una telenovela no es, de ningún modo, ser partícipe de la vida misma. Probablemente la mayor parte de las escenas atenten contra el verosímil y lo que sucede en la vida cotidiana, pero es así, se trata de un pacto sellado entre el público y los mentores de las ficciones.

Por ese motivo no existen telenovelas en las que a los protagonistas no les cueste poder concretar su amor, no existen personajes que no sufran, gente que esté al borde de la muerte, héroes que no queden lisiados y heroínas que no pierdan la visión.

Todas estas cosas y más pudieron verse a lo largo y a lo ancho de "Valientes", la tira que se convirtió en el éxito de el trece. Y en esa línea, en el día de ayer, a tres capítulos del gran final, sucedió uno de esos milagros novelescos que sería inimaginable que ocurran en la vida real.

Con el objetivo de detener a Laureano Gómez Acuña, los hermanos Sosa determinaron que Segundo se case con Isabel, convencidos de que el villano se haría presente para impedir el enlace. De ese modo, los preparativos de la boda fueron más que extraños: importaba más la detención de Laureano, que la unión entre "Seco" y "La Isa/>". Por ese motivo, Huevo fue el único que acompañó a la pareja en el interior del registro civil.

Mientras tanto, el resto de los asistentes aguardaba en la puerta la aparición furiosa del "malvado padre". Y claro, estando afuera se perdieron de presencial el milagro que se suscitaba enfrente del cura (extraño que un cura "atienda" en un registro civil, pero bueh...).

Segundo le puso el anillo a Isabel, Isabel se lo puso a Segundo, juraron amarse y respetarse para toda la vida y, tras el beso, la hija de Gómez Acuña empezó a refregarse los ojos.

Más claro echale agua, tanto amor a Isa le estaba devolviendo la visión. "No me asustes, ¿qué te pasa?", le dijo Segundo. "Veo", le contestó ella. Hubo abrazo, beso y lágrimas de todos, incluido Huevo. Una vez más la fantasía se coló en la ficción, una ficción que en nada se parece a la realidad.

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