"Valientes": el culebrón tocó su techo

Cuando a principios de 2009 "Valientes" debutaba en la pantalla del trece, pocos habrán sido los que pronosticaron la irrupción de un culebrón con todas las letras.
Pero no pasó demasiado tiempo hasta que la tragedia empezó a superar la realidad con todo lo que eso implica: los protagonistas que se aman pero se separan, el enemigo que nunca muere, la heroína que queda ciega, la loca que está cada vez más loca, los embarazos que se pierden y la felicidad que nunca llega.

Amparados en estas situaciones de gran cotidianeidad en las telenovelas argentinas, desde el primer momento, y más en los últimos meses, los guionistas de "Valientes" han seguido al pié de la letra el manual del buen culebrón que, entre sus tips, suscribe: el héroe nunca muere y Leo no murió; el villano no se asusta, ni siquiera cuando está a punto de morir - y así sucedió con Laureano. Y siempre hay secretos que, develados, pueden dar el batacazo.

El de ayer fue un episodio ejemplificador, un capítulo en el que se vivió unas de las situaciones más típicas de telenovela: Gómez Acuña tenía secuestrada a Elisa Sosa, y gracias a su hija Isabel - que está ciega pero no sorda- , los hermanos Sosa se enteraron del paradero de su madre.

En su ayuda acudió el mayor, el héroe por excelencia de esta ficción; rescató a la mujer, le pidió a su hermano - que llegó tiempo después- que se llevara a su madre, y decidió quedarse cara a cara con su enemigo para ultimarlo.

En ese mismo momento, Laureano se enteró que Leo estaba vivo - cuando creía haberlo matado- y Leo tomó conciencia de que Laureano había fingido una parálisis - con silla de ruedas incluida-.

Sin embargo, no hubo tiempo para detenerse en esos mínimos detalles, porque el héroe debía matar y el villano morir. Leo apuntaba y manifestaba unas últimas palabras: "Esto va por mis hermanos, por la infancia de m... que tuvimos, por Diego, Nico, mi mamá y mi papá, hijo de p....". No obstante, Laureano reía, conciente de que le quedaba una carta por jugar: "No pensarás matar al padre de la mujer que amás...", le preguntó. "Yo no amo a Juana", le respondió Leo. "No hablo de Juana, hablo de Alma: es mi hija".

Con esa confesión Leo, no sólo se enteró que su amada lleva la sangre de su peor enemigo, sino que también su hijo también la llevará. Y como todo héroe de ficción, que según el reglamento del culebrón no puede matar, el mayor de los Sosa seguramente abandonará el arma.

Laureano volverá a estar vivito y coleando, quien sabe hasta cuando, y "Valientes", hasta su término, seguirá hurgando en la Biblia del culebrón para poner toda la carne al asador.