Mujeres con la cabeza en otra parte

Van a la cama, pero solo con el cuerpo. Van a tener sexo, pero están pensando en otra cosa. ¿Qué se puede hacer para dejar de estar desconectadas?

Hay mujeres que siempre están con la cabeza en otro lado. Pasa. Y a veces pasa más de lo tolerable. Para algunas parejas puede convertirse en un auténtico problema: el sexo empieza, no es que ella se niegue, pero mientras sucede es como si no estuviera ahí, está pensando en las facturas que hay que pagar, en la discusión que tuvo con el jefe, en que no se depiló, en cualquier cosa. La mujer piensa en cualquier cosa menos en lo que está pasando y claro, no le pasa nada.

Parece que en parte es normal. Según una terapeuta sexual que se llama Debra Laino, las mujeres tienen la tendencia a quedarse enganchadas a los problemas, más que los hombres.

Los problemas de la vida cotidiana son uno de los tópicos preferidos por las mujeres para la distracción a la hora del sexo. El otro es el complejo. Los complejos. O sea, ella en vez de disfrutar, piensa que está gorda, o que se le nota la celulitis o que se le marca un rollo. La falta de autoestima o las preocupaciones excesivas sobre el propio cuerpo son un enorme boicot al placer.

Hay que dejar las preocupaciones fuera de la cama. Es lo que siempre se dice. Claro, no es tan sencillo. El tema es que si queremos tener buen sexo y no podemos deshacernos de los problemas, tenemos que administrar el tiempo, cosa de que los problemas y el sexo puedan convivir en armonía. Así que un ejercicio posible es establecer un "horario de protección al sexo": preocupaciones de 10 a 20 hs y luego dejar descansar la mente, y así dar lugar a pensamientos procaces. Es ridículo, sí, pero no estoy segura de que sea totalmente inútil.

Por supuesto, para que el intento tenga sentido hay que permitirse placeres. A lo mejor para ir aflojando de a poquito se pueden probar otras experiencias agradables antes del sexo: un baño de inmersión relajante, un poco de música, alguna lectura, una peli, lo que sea que resulte amable con el alma y que refresque un poco la cabeza. Y ahí sí, encarar el sexo, a ver qué pasa.

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