Muriel Santa Ana: "Me encontré a mí misma bastante tarde"

Entrevista  La actriz de "Ciega a citas" viene del teatro, debutó en TV hace 5 años, y alcanzó su primer protagónico con un personaje que desafía las convenciones. Aquí analiza semejanzas y diferencias con su criatura, Lucía González.

Podría hacer televisión toda mi vida" dice Muriel Santa Ana con la vehemencia de un exabrupto. Seguro que no piensa en un culebrón, de esos en los que los protagonistas pueden morir y resucitar luego de haber asistido a su propio entierro. ¿O sí? "Obvio qué sí, ¿te volviste loca? ¡Mirá si le voy a decir que no a 30 puntos de rating! Yo no tengo pruritos con el trabajo, si estás comprometido con lo que hacés, siempre vas a encontrarle una vuelta interesante".

Espléndida, iluminada, la actriz de Ciega a citas (Canal 7, a las 22.30) tiene experiencia en derribar mitos y esquivar clichés. Con formación y carrera teatral -y predisposición genética, es hija del actor Walter Santa Ana-, debutó en TV ya promediando los 30, en una comedia de Pol-ka en la que compuso a una extraterrestre, y donde compartía escenas con Mike Amigorena (Una familia especial). El siguiente paso fue su adorable Grace, la amiga de Carla Peterson en Lalola, una solterona de voz pegajosa que conducía un programa de radio. De allí saltó sin escalas al protagónico, que la encuentra ahora en la piel de Lucía González, una mujer desesperada por conseguir un novio para llevar a la boda de su hermana, y así ganarle una apuesta a su madre.

Fóbica, con una irrefrenable tendencia a los atracones, acomplejada por su imagen voluptuosa, Lucía se ríe de la desproporción entre su cintura y sus caderas -que no intenta disimular- y envuelve a todos los que se le acercan con un encanto arrollador que sólo ella ignora. Lejos -y no tanto- de las circunstancias de su personaje, Muriel reflexiona sobre el fenómeno que rodea a esta comedia que, además de inteligente y divertida, marca un antes y un después en la historia de la ficción televisiva: producida por Gastón Pauls y Dori Media, dirigida por el cineasta Juan Taratuto y con un importante elenco (que integran, entre otros, Georgina Barbarossa, Osvaldo Santoro, Silvia Montanari y Rafael Ferro), es la primera adaptación para TV de un blog en español (ver Una experiencia...).

Tu personaje tiene algo liberador, porque pese a las apariencias, es la única en su familia que se niega a cumplir ciertos mandatos.

Lo que pasa es que Lucía no tiene veintipico, como suelen tener las heroínas de novelas. Está en una edad de cambio y de incomodidad, por un lado con lo que ya consiguió, que no le alcanza, y, por el otro, con lo que desea, que todavía no sabe qué forma tiene... Se da cuenta de que tiene un montón de dificultades, pero no deja de luchar. Por eso yo digo que no es una perdedora...

...Todo lo contrario.

Es una luchadora total. No para de encontrar obstáculos, pero está en camino, le pasan cosas. A la hermana no le pasa nada, a la madre no le pasa nada... ella está en el mundo. Por eso, la motivación original de la historia, que es la apuesta con la madre, se va transformando a lo largo de los capítulos en una motivación personal. Ese conflicto la despertó, la puso en marcha, y ella ya no va a querer cumplir con la madre, sino consigo misma.

Viniendo del teatro y de una familia de actores, ¿tuviste que vencer prejuicios con respecto a la TV?

Para nada. En mi familia la TV siempre fue vista como un medio más de expresión, como un aprendizaje. Si bien la carrera de mi papá fue básicamente en teatro, en su juventud fue galán. En mi entorno la TV nunca fue una mala palabra... por mi casa circulaban todas las estrellas de la tele de aquella época.

¿En algún momento viviste como una carga haber elegido la misma profesión que tu padre?

Lo que pasa es que la vocación para mí no fue una cosa concreta, que pueda ubicar en un momento determinado. Nunca dije quiero ser esto y nada más que esto, yo sigo eligiendo. A mí me gustaba actuar, me gustaba el cine, y empecé a estudiar teatro porque una amiga me anotó... Era muy tímida, muy solitaria, y la apertura hacia un grupo de teatro fue mi primera inserción en el mundo. Porque yo andaba muy recortada, muy solita, viste...

Muriel tiene una hermana, Moira, seis años mayor, cantante y profesora de canto. Sus padres se separaron cuando ella tenía 9 años, pero no lo recuerda como algo traumático. "Tuve una familia que lo que nos transmitía era hacé lo que quieras, sé lo que quieras, ponete un loro en la cabeza si querés... Mi mamá es una mujer increíble, muy amorosa, contenedora, que tuvo una juventud medio hippie... Mis padres desarrollaron sus vidas, cada uno por su lado hizo lo que quiso, no son resentidos. Las navidades, los cumpleaños, los pasamos todos juntos".

Aunque hace más de una década que dejó la casa materna, la actriz se reconoce aún muy apegada a sus padres. "Por ahí por ser la menor, hubo conmigo cierto temor de parte de ellos, del tipo: A ver si logramos meterla en algún lado, que sirva para algo", exagera. "Yo era la típica nena a la que mandaban a flauta, iba tres meses, dejaba, después cerámica... no terminaba nada, me costaba comprometerme con una actividad y mantenerla, el teatro fue lo primero que me agarró".

¿Alguna vez te propusiste demostrarle algo a alguien? ¿Alguna apuesta que ganar?

Por ahí con la profesión, porque cuando mi papá se refería a mi trabajo siempre estaba por un lado, el aliento, pero por el otro señalaba la irregularidad, la inestabilidad, lo difícil que era encontrar un proyecto interesante. El me decía vos tenés que saber primero quién sos, antes de pensar qué es lo que te gusta actuar. Imaginate que yo era chica, no sabía nada, y me encontré a mí misma bastante tarde, todo fue madurando tardíamente en mí. No salí ansiosamente a nada, nunca fui de ir a buscar trabajo a los canales y eso.

Tuviste suerte...

Sí... tampoco la pasé tan bien. De los 27, 28 años, hasta los 30 y pico, fueron años terribles en un sentido, porque todo me costaba mucho.

¿Cuál era tu mayor miedo?

Era muy insegura, muy acomplejada, por mi imagen, por mi manera de ser, porque creía que para que me fuera bien tenía que pensar de otra manera, y siempre me sentía un poco diferente, desubicada... Al mismo tiempo, la contracara de eso era yo sé que soy mejor que esto, ahora no lo puedo mostrar, pero en algún momento lo voy a poder hacer. Siempre supe que con mis tiempos, sin marearme, iba a poder hacer algo grosso con mi vida.

Muriel está en pareja desde hace tres años con Julián Vilar (ver Juntos...). "Es mi primer novio, mi primer amor correspondido. Nunca fui de salir a buscar candidato, no me sentía mal con la soledad", dice.

¿Te tocó pasar por alguna situación parecida a las que pasa Lucía, de rechazo o humillación?

Sufrí por amor. Tuve una relación muy traumática, muy larga, con un hombre casado, fue terrible y siempre pensé que el amor tenía que ver con eso. Pasaron muchos años, más de diez, hasta que lo conocí a Julián. En el medio tuve una época en la que iba a bailar tango sola, tenía cerca de mi casa una milonga, y ahí conocía chicos... Uno me acompañaba a mi casa, con otro iba a tomar un café, pero no avanzaba mucho más allá. Con alguno que otro tuve una relación medio desastrosa, al mejor estilo Lucía: cuatro de la mañana diciendo mirá, por favor, te pido un taxi. Pero son cosas que hay que permitirse en algún momento. A mí me sentó bien encontrar el amor de grande, porque emocionalmente tenía mucho bardo.

¿Qué te dio la TV que no tenías?

Velocidad. Yo soy lenta y la TV es un tren andando todo el tiempo, que no para en ninguna estación. Te llena de energía, de vitalidad, es adrenalina pura. También me dio seguridad puertas adentro, conmigo misma. La tranquilidad de saber que hay algo en mí que es sólido, fuerte, que me puedo poner al hombro un programa, que mi cara puede sostener 120 capítulos, que mi cuerpo lo puede hacer... que puedo.«