Anciana arreglaba casamientos de familiares por cifras millonarias

Durante más de 20 años, la mujer arregló casi 200 matrimonios. En total cobró una fortuna de un millón de dólares.
Nada de amor. Casi como en los viejos tiempos, una anciana de 72 años se dedicó durante más de veinte años a arreglar los matrimonios de su familia. No eran como en la Edad Media a cambio de tierras o sumatoria de poder, sino a cambio de importantes sumas de dinero.

Desde 1980, María Refugia Camarillo, conocida como Cuca, encontró cónyuges para sus hijos, sobrinas, un sobrino e incluso sus tres nietos adolescentes. Así llegó a arreglar unas 170 bodas entre más de 12 de sus parientes con extranjeros dispuestos a pagar hasta 12 mil dólares para casarse y obtener su residencia legal en Estados Unidos.

Se estima que con esta empresa, cuyos mayores clientes eran de Brasil y México, Camarillo ganó hasta un millón de dólares.

La anciana, detallista, se aseguraba de que las edades de los supuestos novios no fueran muy diferentes, a fin de que los matrimonios parecieran legítimos. Otro dato es que todos los familiares vivían a dos calles de distancia uno del otro.

Según las autoridades, el caso caratulado como "Operación Falso Amor" constituye una de las mayores operaciones de matrimonio a cambio de residencia permanente en EE.UU. y un hecho único porque se trataba de una empresa familiar.

La abuela y su familia evitaron ser descubiertos por medio de robo de identidad, documentos fraudulentos y su conocimiento del sistema migratorio. Hasta que una de las operaciones fue descubierta.

Luego de las acusaciones, María Refugia Camarillo y 14 de sus familiares se declararon culpables de cargos que incluyen asociación delictuosa para cometer fraudes relacionados con documentos migratorios, así como falsificación y mal uso de visas, permisos y otros documentos.

Aunque la cosa no terminó ahí. Ahora las autoridades buscan a todas las decenas de inmigrantes que se casaron para obtener la residencia permanente.

Negocio redondo. Durante el juicio, Camarillo admitió que sus familiares recibían unos 2 mil dólares por matrimonio. También había un pago de 200 dólares para quienes le enviaran posibles clientes.

Sin embargo, aunque la mujer se quedaba con la mayor parte del dinero, no está claro qué fue lo que hizo con él. Todos vivían en un barrio pobre y muchos de los acusados en el caso no podían pagar un abogado.

El juez sentenció a Camarillo a tres años en prisión y ocho meses y por estos días cumple su condena en el Centro Médico Federal de Carswell en Fort Worth. Según su abogado, Camarillo sufrió un derrame cerebral, y padece varios problemas de salud.