Pablo Iglesias: "Cuando escribo jamás pienso en un escenario"

Dramaturgo prolífico, está ensayando "Mano a mano", su nuevo espectáculo, con dirección de Manuel Vicente.

El dramaturgo y director Pablo Iglesias termina el año ensayando Mano a mano, un nuevo espectáculo con un grupo de actores bajo la dirección de Manuel Vicente. Algo de su producción prolífica se trasluce en la velocidad con que habla.

"Se trata de un texto nuevo que surgió a partir de intereses ligados al teatro y a la pasión-explica-, escribí a partir de charlas con Manuel y los actores. Es un material que gira en torno a tres personas que formaron una banda de música en los setenta y que se vuelven a encontrar después de muchos años. Uno de ellos es un exiliado que se reencuentra con sus amigos y con varias cosas pendientes.

Esa reunión, que tiene mucho despliegue metafórico, está muy ligada a la historia argentina. Nos interesaba tratar cosas ligadas a la militancia política y la pasión fuera de una órbita de nostalgia". La obra pareciera seguir una preocupación latente en sus obras: cierta reflexión generada en el teatro de aspectos recientes de la historia política nacional.

Desde el año 2002, Iglesias estrenó ocho espectáculos. Este año, por ejemplo, presentó en el marco del Festival Internacional de Buenos Aires, Cascarita no luce ni cierra. También estrenó Te hubieras quedado conmigo. Además, brindó recientemente un avance en el ciclo "Panorama en Work in Progress" del Centro Cultural Rojas, de Hijo con mochila de viaje, que estrenará el año próximo.

"Aunque lleve adelante varios proyectos y cosas en simultáneo, me interesa y valoro mucho la reflexión luego de finalizar cada trabajo -explica-. Si hay algo de aprendizaje en todo este trayecto es que para mí resulta fundamental el grupo con el que me rodeo en cada espectáculo. Es importante que las personas ocupen un rol específico dentro de una obra. Ese aspecto colaboró a que cada trabajo tenga un cauce más orgánico y efectivo. Digo esto porque es algo de lo que me costó darme cuenta y que rindió sus frutos: Cascarita ... lleva un año en cartel. Por otra parte, siento que, como dramaturgo, a medida que escribo voy descartando las zonas obvias; aquellas en las que brindo más información de lo necesario para que fluya una obra frente al espectador. Claramente, luego de cada estreno puedo mirar mis propias dudas e inquietudes".

El baile del pollito, un texto con el que obtuvo el segundo premio del certamen "Germán Rozenmacher" de nueva dramaturgia en el 2006, es uno de sus materiales claves. En ese espectáculo resonaba la guerra de Malvinas y cierto imaginario del rock a partir de una anécdota: el secuestro del Príncipe Harry de Inglaterra que, por azares de una organización internacional, terminaba retenido en el Gran Buenos Aires. "Fue la tercera obra que estrené -explica- Creo que la generó cierta pulsión en el desarrollo de una pequeña anécdota que fue creciendo desmesuradamente. El disparador tenía que ver con la música, fundamentalmente el rock, la playa y otros disparates que iban ligando cosas en un anclaje más profundo: mi preocupación por hablar de la Guerra de Malvinas. Quise trabajar eso de un modo consciente, pero fue un texto que explotó en mis manos: lo escribí en dos meses".

En su recorrido teatral reconoce a tres maestros fundamentales: "Empecé en el teatro estudiando actuación con Berta Goldenberg -recuerda-. Cuando inauguró el teatro Anfitrión trabajé en algunos espectáculos con ella. Fui actor de Final de partida, de Samuel Beckett; El Zoo de cristal, de Tennessee Williams. Luego conocí a Mauricio Kartun y realicé talleres de dramaturgia con él. A partir de ese momento, creo que hay un antes y un después en mi carrera. No es un maestro que te dice que escribas como él ni que sigas un método, sino que te brinda una caja de herramientas para que hagas lo tuyo. Es un tipo generoso en su entrega. Años después estudié puesta en escena con Rubén Szchumacher, quien me enseñó a ponerle nombres a cosas que yo manejaba de manera intuitiva en cada espectáculo: desde elementos sonoros y narrativos hasta los aspectos políticos de lo que uno expone. También estudié formalmente en la Escuela Municipal de Arte Dramático. De allí rescato el intercambio con los compañeros".

Bajo la coordinación de Alejandro Tantanian, Pablo Iglesias integró en 2006 el ciclo "Bestiario Grimm", donde confluyeron obras breves de varios autores formados en la EMAD: Susana Villalba, Mónica Salerno, Milagros Ferreyra y Lautaro Vilo, entre otros. "Ese proceso de trabajo con esos compañeros y con Tantanian, también fue muy enriquecedor".

Sin embargo, pese a trabajar como director, Iglesias explica que no puede "prescindir de crear literatura dramática. Me defino como autor, aunque encuentro un goce en el trabajo de grupo, pero no escribo personajes para determinados actores. Son instancias para mí separadas. Cuando escribo jamás pienso en un escenario. Luego, incorporo el material escénico y me ligo a lo que genera el trabajo del actor en cada ensayo. Mis procesos de creación son muy lúdicos, indago lo que sucede en escena y veo dónde convergen mis territorios como autor y director".«