Charly hizo bailar a todo Rosario (y fue una fiesta)

Hubo veinte mil personas en el cierre de la gira. Con Fito Páez y Nito Mestre como invitados, García estuvo en gran forma.
El hombre que atravesó generaciones, que logró la identificación de la gente con sus canciones y que retrató como pocos la realidad argentina de las últimas cuatro décadas, se permite ahora hablar de sí mismo. De su momento, de su regreso atravesando sombras y tinieblas. Charly García desata una fiesta en Rosario, pero en su música, en sus gestos, en sus palabras, surge además un guiño cómplice con éste, su esperado regreso a los escenarios.

Entonces, canta Influencia y se golpea el pecho cuando dice aquello de "voy a confiar en mí". Y evoca a Serú Girán con Llorando en el espejo, una canción que, confiesa, "se adapta mucho a lo que me pasa". Pero hay más de un Charly que disfrutó del lugar y del contacto con la gente el sábado a la noche.

Invita a Nito Mestre y en las estrofas de Cuando ya me empiece a quedar solo habla de "una vejez sin temores y una vida reposada". Es la postal más perfecta de su actualidad. Es Charly en estado puro. "Y un millón de manos que me aplauden", sigue cantando. Son, al menos en Rosario, unas 20 mil las que se chocan rendidas ante él.

En la despedida de la gira latinoamericana que inició en Perú y que, previo paso por Vélez, tocó su punto final este año en el Hipódromo de Rosario, hubo una ceremonia de reencuentro con sus fieles seguidores: desde el adolescente bailando frente al escenario con una remera de Iron Maiden hasta el cincuentón calvo de elegante sport. Todos quieren hacerle el "aguante" en el sexto show que ofrece desde su regreso, el segundo en la Argentina.

Y él devuelve tanto afecto con música. Acompañando por una banda ajustada y poderosa, entrega un recital de 2 horas y 20 minutos con 35 piezas que ya forman parte del cancionero popular argentino. Si el trío chileno -Toño Silva Peña, Carlos González y Kiuge Hayashida ¿ es la pared de sonido sobre la que se asienta la banda y Carlos García López es la guitarra en estado de combustión permanente, Fabián Quintiero surge como el coordinador del grupo cuidando todos los detalles. A Hilda Lizarazu le toca acompañar a García con su voz. Pero también jugar con él, teatralizar los temas.

Charly se siente contenido por la banda y abandona el piano con frecuencia. Se para frente al micrófono y canta, baila, gesticula acompañando la letra de los temas, de las que no olvidará casi nada.

Y repasa como si se trataran de golpes de nocaut al mentón un seleccionado de clásicos: Cerca de la revolución, Demoliendo hoteles, Rezo por vos, Yendo de la cama al living, Nos siguen pegando abajo, Vicio, Estoy verde, Hablando a tu corazón... Sus creaciones de los 80 tienen un lugar central.

Si el encuentro con Nito es un abrazo con la nostalgia -con él cantó Canción para mí muerte y Mister Jones-, el otro invitado de la noche fue un gesto para los locales (ver Información) Al final, bañado por una ovación, Charly vuelve a la referencia personal. "Y, la verdad que sí: Say no more aguanta", tira entre cómplice y feliz. Como García. Un clásico inoxidable.