Levante vía celular

Encarar personalmente puede ser más complicado que mandar un mensajito por teléfono ¿nueva modalidad de conquista o gesto de cobardía?
"Te vi la otra noche, no me animé a hablarte. Un amigo me pasó tu cel". Chan. ¿Qué clase de situación es esta? Silvina que no entendía nada, respondió: "Qué noche? Qué amigo? Quién sos?". Ella no había registrado a nadie, no le habían presentado a nadie en los últimos días, no tenía forma siquiera de intuir quién era el dueño del mensaje.

Desde el otro lado misterioso de la línea le contestaron "Casi, casi me conoces. Soy amigo de un amigo tuyo. La noche de la remerita verde". A Silvi se le empezó a acelerar el pulso porque, efectivamente, había usado una remerita verde para salir el viernes pasado, pero había estado en una fiesta con mucha gente, no tenía idea de quién podía ser el de los mensajes.

Claro, Silvi anda soltera. Alguno de sus amigos, al tanto de esa información le había pasado el número a este galán del mensajerismo. Desde ese momento Silvi recibió montones de mensajitos nuevos, con pequeñas pistas: "soy morocho", "soy alto", "me gusta el bon o bon de chocolate amargo".

Lo cierto es que Silvi no sabe quién es, supone que es alguien a quien no conoce, está entusiasmada, a esta altura el muchacho le cae bien y ahora espera ansiosa el momento de conocerlo.

Hay que reconocerlo: estuvo astuto el hombre. Pasó de ser nadie a convertirse en algo así como una ilusión, un tipo potencialmente encantador, un candidato que promete y todo gracias a unos cuantos mensajes de celular. Nada de te regalo flores, ningún te encaro en la fiesta y te invito una cerveza. No, ni siquiera una voz en el teléfono: apenas unas letritas en el display del celu.

¿O será todo mentira? ¿será todo un chiste, una bromita pesada? ¿Será en realidad alguien que sí la conoce a Silvi? ¿será su ex arrepentido desde un número de celular desconocido?

¿A ustedes les pasó algo así alguna vez?

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