Cuando ella gana más que vos

El dinero establece roles dentro de una pareja y el sexo también es moneda de cambio ¿Qué pasa en la cama cuando la que provee es ella?

Hablar de cómo el dinero afecta nuestras situaciones sentimentales nos hace sentir... horrible. La discusión va más allá de si él tiene que invitar siempre o a veces invita ella o si pagan a medias.

 

Antes, estaba claro, el hombre era el proveedor. La mujer no. Ante los ojos de nadie estaba mal visto que una mujer fuera mantenida por su legítimo esposo. Con el tiempo el modelo se agrietó, cada vez más mujeres salieron a trabajar y la cosa se emparejó: ambos participaban económicamente de mantener la casa y poner el pan sobre la mesa todos los días. Pero el cambio más radical parece estar llegando por nuestros días: en algunos casos ellas ganan más que ellos. Ellas aportan la mayor parte, la parte fundamental, del dinero necesario para vivir.

 

No todos los hombres se sienten cómodos en ese escenario. Convengamos que la situación en la que un hombre es mantenido por su esposa no aparece tan natural ante los ojos de los demás como cuando se da al revés. Pero además ¿qué pasa en la cama cuando la que sostiene la economía familiar es ella?

 

Ganar plata y ser el proveedor, combina bien con el rol de Macho Potente "Vení para acá, mamita". No ganar plata y esperarlo con la comidita hecha, va bien con el rol de Mujer Sumisa "Sí, mi amor, lo que quieras mi cielo". ¿Entonces ahora qué?

 

Es cierto, muchos hombres no logran resolver esta cuestión de la plata (vil metal) en la cama. Pero otros sí. Otros, al no lograr llevar el ingreso más importante a la casa, quieren compensar, encontrar un ítem en la vida compartida que los vuelva fuertes. Entonces compensan en la cama. Se vuelven máquinas de placer fundamentales para sus mujeres trabajadoras. Algo difícil de reemplazar.

 

"Nunca le dije eso a ella, pero trato de proveerle una experiencia sexual tal que me permita retribuirle lo que ella hace por mí con su trabajo", comenta un señor a la MSNBC, luego de que la crisis económica lo obligara a cambiar de trabajo y su mujer se convirtiera en la pieza fundamental para resolver la economía.

 

Parece que la vida sexual se alinea a la nueva ecuación económica: ellos asumen una "obligación" en la cama, a cambio de una situación financiera que garantiza la mujer. Así es: cambia, todo cambia...