La cámara que llegó cerca del cielo - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

La cámara que llegó cerca del cielo

Hoy, en "Estudio país", se verán imágenes inéditas tomadas a más de 3.200 metros de altura.

La televisión entró a donde nunca entra: en un viaje casi antropológico, Juan Alberto Badía viajó al Jujuy menos turístico para mostrar algo más que el circuito convencional, un peregrinar norte adentro por la gente menos contaminada y los pueblos en los que el ojo de la cámara no suele posarse. La misión era ponerse un rato en los zapatos del otro y un equipo de Estudio país (a las 14, por Canal 7) vivió la experiencia para gestar un especial que podrá verse hoy, mañana y la próxima semana.

El viaje arrancó en Maimará y Tilcara, aunque Clarín se sumó luego en la Quebrada de Humahuaca, rumbo a Santa Ana y Caspalá, los llamados pueblos junto al cielo donde la vida en altura no sólo tiene otro ritmo, sino que existe en aislamiento, sin médico a la vista, sin transporte y, en muchos casos, sin luz eléctrica. El diario de viaje comenzó a escribirse en Humahuaca, donde los músicos innatos se cuentan de a decenas y el regalo más frecuente para agasajar al que llega son las zambas tristes. Camino a Caspalá -punto en el departamento de Valle Grande, a 3.200 metros de altura en el que hasta hace poco sus vecinos tenían como única alternativa recorrer un sendero de unos 10 km. a lomo de burro o a pie hasta que llegó el camino-, sobrevino la sucesión de rituales para no perder oxígeno, no apunarse y no sugestionarse con el fantasma de la altura. Badía y compañía fueron invitados a "coquear" (mascar hojas de coca), a tomar té de coca y pastillas contra el mareo.

Previstos los riesgos, la cámara hizo zoom en el camino del Zenta, una paleta de colores a la que hubo que atravesar durante seis horas y en un camino de cornisa para llegar a destino. El punto más alto fue el Abra del Zenta, a 4.700 metros. Hasta el estómago más estoico sintió el vértigo, pero valió la pena la ofrenda cuando la cámara logró de una vez meter la nariz en Caspalá, que a la hora de la siesta parecía desierto. La cuestión fue vencer la timidez jujeña y "no invadir", advertía Badía, que después de un acuerdo logró que los paisanos otorguen entrevistas. Gumersindo, un nativo, fue el primero en romper la resistencia mediática y se le plantó a la lente para explicar en voz bajita que fue uno de los constructores del nuevo camino, que de sus ocho hijos siete tuvieron que emigrar "para vivir" y que sólo algunos afortunados -de los 300 habitantes- ven televisión, "sólo Canal 7".

Después la protagonista fue Primitiva, tejedora que se inició con "dos ramitas como agujas" y exponía sus artesanías en el umbral de su casa de adobe, al tiempo que se lamentaba por no poder insertar la mercadería en ningún circuito comercial. Siguió el monólogo de Mirta, una bordadora que, sentada en el piso y vergonzosa, se hacía ovillito mientras anteponía sus justas causas para vivir sin "ruido": "Criamos chicos libres. Por la radio escuchamos de los peligros donde ustedes viven. Es mejor esto, que estar sufriendo", se convencía.

A cada paso, las notas brotaban. El equipo sólo pensaba en la edición posterior y cómo compactar tanto material. Ya en Santa Ana, a 246 km. de San Salvador de Jujuy y 3.470 metros de altura, el desafío fue pasar la noche en casa de David, el vecino de los mil oficios, que alterna entre la albañilería, la talabartería, la guía al turismo y el castrado de ganado. Sin calefacción, ni señal de celular, con un teléfono público a la redonda y un corte general de luz a la medianoche en todo el pueblo. ¿Badía querrá reeditar esa intención de El país que no miramos? "Pararse en lo antropológico es interesante y no demasiado visto en la TV de aire. Considero que tarde o temprano las historias de vida van a ser el eje de los programas otra vez", juzga.

"Acá hay que manejar tiempo que quizá la televisión no tiene: la introspección de la gente que nos recibió y el cómo necesitan su tiempo para socializarse y para animarse a sacar de adentro no es tarea fácil. Pero vale la pena cuando pienso que como bicho de la televisión, hacemos casi 2 puntos de rating con Estudio país (conduce Maby Wells)", continúa Badía. "Ni pienso en ganarle a Mirtha Legrand, pero somos un programa noble que da sentido a un país tan grande, el ciclo más visto del canal de lunes a viernes. Con eso me alcanza".

El maratón documental siguió por la comisaría (un policía nomás para luchar contra algún episodio esporádico "robo de ovejas o mediación por celos y coqueteos al vecino"), por la minúscula municipalidad donde Badía se dio el gusto de tomar el micrófono de la radio comunitaria, por la casa de una cosechadora de papas y un platero, por la única escuelita -cerrada por paro- y la capilla donde se honra a San Santiago, patrono del caballo.

"Alguna vez vinieron unos franceses a filmar cómo comíamos y trabajábamos. Fuimos felices esos días con ellos, aunque nunca pudimos ver la película nuestra", se lamentaba en la despedida Gabriela, una aldeana que esta vez tendrá revancha: hoy irá a casa de un vecino con antena satelital para verse por primera vez en esa "cajita".

TE PUEDE INTERESAR