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¿Qué tendrá ese petiso?

Franco Davín fue entrenador de Gastón Gaudio y ahora está al lado de Juan Martín Del Potro. Uno fue campeón en Roland Garros (2004) y el otro mañana juega ahí mismo la semifinal ante Roger Federer. Hay que creer en Brujas...

Franco Davín está tocado con la varita mágica. Aquel zurdito talentoso que se divertía tirando drops angulados en los tiempos de Guillermo Pérez Roldan, hoy lleva colgado un cartelito que lo distingue como uno de los mejores entrenadores del competitivo circuito ATP de tenis. ¿Para tanto? Sí, para tanto.

A los simples números hay que remitirse. Estuvo al lado del Gato Gaudio cuando logró el título en Roland Garros 2004, después de aquella inolvidable final argentina ante Coria. Y está al lado de Juan Martín del Potro, quien mañana jugará una de las semifinales parisinas nada menos que ante el dos del mundo, Roger Federer.

¿El secreto de Davín? No hay uno, cuentan quienes lo conocen. De hablar pausado, el tandilense con "cara de pibe eterno" se ganó el respeto en el ambiente a partir de "cómo les llega a los jugadores", sobre todo en momentos difíciles, cuando las derrotas son más comunes que los triunfos. Ahí Franco hace las veces de "psicólogo paralelo". Le saca palabras a las rocas y usa el inflador anímico para "levantar" a su dirigido de turno.

Le pasó con Gaudio, por ejemplo. Vivió la etapa más dura del campeón de Roland Garros, en medio de un bajón que lo llevó a plantearse seriamente el retiro. Lucharon, casi en un rol de amigos, por evitar que Gastón colgara la raqueta. Cuando el vínculo deportivo se cortó, apareció en su camino Del Potro, quien justo se había desvinculado de Eduardo Infantino, a comienzos de 2008. Bingo, empezaron a trabajar juntos y los cambios en Juan Martín fueron evidentes. Hoy es el cinco del mundo.

Davín le metió en la cabeza mucho más que conceptos tenísticos. Lo convenció de que le sobraba paño para codearse con los grandes. Casi por arte de magia, desaparecieron los dolores de espalda. También la desconfianza para cerrar partidos ganables. Y entonces Del Potro se puso el traje de figura, el mismo que cinco años atrás había usado Gaudio. Casualidad o no, Davín lo hizo.


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