Fito Páez está suelto en Londres - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Fito Páez está suelto en Londres

El rosarino cantó por primera vez en la capital inglesa y lo hizo en el escenario de una antigua iglesia ante una multitud de latinoamericanos. Ciudad.com te cuenta las intimidades de un show atípico.

El rosarino cantó por primera vez en la capital inglesa y lo hizo en el escenario de una antigua iglesia ante una multitud de latinoamericanos. Crónica de una noche de nostalgias que, a partir de las particulares súplicas del público, se transformó en un recital a la carta en el cual Páez repasó todos sus éxitos.

Para sus amigos argentinos, Rosa Orellana es un panqueque, se dio vuelta: hace unos meses fue parte de las voluntarias que contribuyó para la realización de una insólita campaña atea en los buses de Londres y ahora aguarda sentada dentro de una bonita iglesia. No siente culpa ni encontró la fe. "Solo vine a confesarle al padre Fito que lo amo", explica la mejicana y suelta una carcajada que su novio ingles no entiende, aunque aporte su sonrisa. "Lo vi varias veces en el Zócalo del DF, pero acá es distinto", agrega y termina la charla al ver que las luces se apagan y el padre aparece. Y Fito no es otro que Páez, que anoche cantó por primera vez en la capital inglesa y lo hizo en Union Chapel, una iglesia inaugurada en 1806, pero que desde 1991 funciona como un pequeño espacio musical por el que pasaron, entre otros, Noel Gallagher y Patti Smith.

Bajo los primeros acordes del Amor después del amor, y consciente de la enérgica melancolía desparramada en el lugar, Páez soltó un "Buenas noches Buenos Aires" que motivo la primera ovación. Aunque bien podría haber optado por tinelizar el saludo a caballo de un buenas noches América, dada la enorme cantidad de colombianos, chilenos, venezolanos y mejicanos presentes. Con resaca, como el mismo repitió en varias ocasiones, aunque con el humor de una siesta bien dormida, Fito desplegó gran parte de su catarata de éxitos durante casi dos horas; en un show que, por momentos, entregó imágenes casi imposibles de ver en un Gran Rex: cual casamiento o fiesta de 15, los fieles de las primeras filas se acercaban al escenario, se apoyaban distendidos a centímetros del piano del músico y grababan con sus celulares o disparaban foto tras foto sin que nadie los corriera. Solo por momentos, el encargado de seguridad del Chapel intentaba que el público volviera a su lugar, pero la misión duraba lo que un Torpedo de frutilla bajo el sol.

"Ok, vamos con esa, está bien", respondió el músico ante el ruego de una morocha que agitaba una bandera chilena. En segundos, lo que era Circo Beat, se transformó en Polaroy. Sí, un recital a la carta, dentro de un menú que también ofreció La rueda mágica, Dos días en la vida, Tumbas de la gloria. "Esto es hermoso, pero te mata. Mirá, mirá, no paro", le dice Javier, un argentino de 27 anos que hace 5 vive en Londres, a su pareja venezolana mientras duda entre secarse las lágrimas o revolear su remera en A rodar mi vida. Más allá, Soledad, una rosarina que estudia Marketing, asegura que jamás fue a un recital en la Argentina, pero que no dudó un segundo en comprar las entradas. "Es como sentirte en casa por unas horas", sostiene.

Para el final, y con el acople de diferentes ring tones que sonaban desde la platea, Páez cantó a capela Yo vengo a ofrecer mi corazón y desató otra ronda de carilinas. Ya en el camarín, poblado y con catering austero, definió a Ciudad.com sus sensaciones post show: "Si no disfrutás de esto, no entendés nada. Ojalá pueda volver". La misa ya era historia.

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