Una revolución vía Twitter - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Una revolución vía Twitter

A los 25 años, es la periodista más peligrosa de Moldavia, un país que fue parte de la Unión Soviética y aún está gobernado por el Partido Comunista. La increíble historia de Natalia Morar, y cómo organizar un levantamiento con 140 caracteres.

Natalia Morar tiene 25 años y se ha recluido en las sombras ante el temor de ser arrestada por la justicia de Moldavia. El diario inglés The Guardian publicó el miércoles 15 de abril una entrevista en la que es presentada como una revolucionaria en la clandestinidad. Dos preguntas se imponen: ¿quién es Natalia Morar? ¿Y qué está pasando en Moldavia?

Morar es una periodista de 25 años que ha revolucionado este pequeño país, que se encuentra en los Balcanes y que hoy, cuando su pasado en la Unión Soviética parece lejano, es uno de los más pobres de Europa. Con casi tres millones y medio de habitantes, Moldavía es un país cuya economía está alimentada en gran parte por los emigrantes que trabajan en la Unión Europea y los estados postsoviéticos. El 7 de abril la tensa calma que gobernaba el país estalló cuando miles de jóvenes se manifestaron en la capital, Chisinau, contra los resultados de las elecciones legislativas del domingo 5 y acusaron al Partido Comunista, en el poder desde hace ocho años y aliado de Moscú, de haber recurrido al fraude, llenando las urnas con los votos de 150 mil fallecidos. La sede de la Presidencia y el Parlamento fueron blancos del ataque. Hubo piedras, fuego y violencia. Una mujer murió, varias personas resultaron heridas y cerca de 200 resultaron heridas. El viernes 10 hubo otro llamado a las calles. " Abajo los comunistas. Por un futuro mejor. Transmite este mensaje a tus familiares y conocidos. Vamos hermanos. Llega la hora", decía el mensaje, que se viralizó por Facebook, Twitter y mensajes de texto.

La periodista Natalia Morar reconoce en el diario The Guardian que ella comenzó una nueva cadena, pidiendo un recuento de votos, pero el gobierno lo boicoteó. "Discutimos lo que deberíamos hacer el día antes de las elecciones parlamentarias", contó. "Esperábamos cuando mucho unas doscientas personas. Amigos, amigos de amigos y periodistas colegas. Cuando llegamos a la plaza, había 20 mil personas. Fue increíble", dijo Morar.

Morar pasó ahora a la clandestinidad: se mudó de departamento y cree que la policía moldava, con apoyo ruso, piensa en arrestarla. "Están vigilando mi casa y la de mi madre", aseguró a The Guardian. "Entraron en mi apartamento sin orden judicial. Si me encuentran, me van a detener y lo que suceda luego nadie lo sabe. No he hablado por teléfono en dos días por miedo a que me encuentren".

Pero la situación candente que se vive en Moldavia no quema por estas latitudes, y quizás lo que podamos tomar en limpio a tanta distancia es el increíble valor que cobró Twitter para la organización directa de un acontecimiento. Un valor que ya había comenzado a aprovecharse con la manifestación contra el G-20.

Esta no es la primera vez que la joven periodista utiliza las redes sociales. Morar tiene usuario en Facebook y un blog que arde de comentarios. Hace dos años, con sólo 23, su nombre apareció en los diarios (y no precisamente firmando artículos), cuando, con una serie de artículos publicados en la News Time Magazine (hay más información en Wikipedia), acusó a oficiales rusos, incluyendo a Alexander Bortnikov, de los servicios de inteligencia, de estar detrás del asesinato del opositor Andrei Kozlov. Las repercusiones del caso la llevaron a abandonar el país por su propia seguridad. Algún tiempo después se casó con un colega ruso e intentó volver, pero no tuvo suerte: al llegar fue detenida y tuvo que esperar tres días en el área de tránsito para ser devuelta a Moldavia.

"No sólo subestimamos el poder de Twitter e Internet, sino también la explosiva furia entre la gente joven por las políticas gubernamentales y el fraude electoral", le confesó Morar a The Guardian, desde su guarida. Mientras tanto, por su valor, sus convicciones políticas y su astucia techie la Morar ya se ganó un lugar en Wikipedia.



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