"El amor es el idioma que todos deberíamos hablar"

Por cuarta vez, la legendaria banda de reggae brasilero- integrada por cuatro músicos no videntes-, tocará en el país. El jueves y el viernes presentará en Niceto "Love to the World, Peace to the People", su nuevo disco.

Se conocieron en la Escuela de Ciegos de Maranhao. Los cuatro habían sido internados allí porque sus familias eran demasiado pobres para mantenerlos. Durante años, pasaron horas y horas haciendo sonar a los viejos instrumentos que había en el lugar. De adolescentes solían ir a recitales y pedirle a las bandas permiso para subir al escenario en los intervalos. Unos años después, incorporaron a Tribo de Jah al cantante Fauzi Beydoun. Jamás se separaron y hoy, veinte años después, tienen más de trece discos editados y ya llevaron su música a varios continentes. El jueves y viernes, por cuarta vez, vienen al país para presentar Love to the World, Peace to the People, su última producción.

Desde Brasil, Fauzi, la voz del grupo explica que para ellos, un recital no es meramente un show: "Es una oportunidad de congregar hermanos y de celebrar la vida, a Dios y a la música que nos da. Puede parecer utópico, pero es lo que nos mueve. No queremos mostrar solamente la música, queremos que el alma y el corazón de quienes nos escuchan vibren  más fuerte que las guitarras. Si no, nuestra misión no estará completa".  

¿Creen en el rastafarismo?
En el grupo no tenemos una única convicción espiritual y no somos rastas pero, lógicamente, respetamos todas las creencias. Lo que intentamos transmitir con nuestra música es la idea de que se puede buscar a Dios o amarlo sin tener la necesidad de ir a una iglesia. Podemos encontrarlo en nuestro interior y hacer de nuestros seres un templo sagrado del Señor. Para eso, tenemos que tratar de ser puros y verdaderos, amándonos entre todos.

Entonces, ¿por qué eligieron el reggae para expresarse?
El reggae para nosotros era simplemente una pasión. A mí me gustaba porque no sólo era un ritmo caliente, sino que las letras hablaban de Dios, de política, de cuestiones sociales y raciales. Cuando empecé a oír al reggae, recuerdo bien que me gustaba mucho Mercedes Sosa, por su música muy politizada aún en el tiempo de la dictadura.

¿Sentís que tus compañeros tienen una sensibilidad especial por se no videntes?
Los compañeros no videntes son personas como todas las demás. Seguro que tienen una sensibilidad especial para la música. También son ricos por la simplicidad, por ser personas de una gran riqueza humana.

¿Qué fue lo mejor que te dio Tribo de Jah en estos veinte años?
Es algo que no tiene precio, es una legión de fans, admiradores, hermanos y amigos en muchas partes del mundo. Eso nos ha traído también la conciencia de que el mundo es nuestra patria, nuestra raza es la raza humana, y creemos que el amor es el idioma que todos deberíamos hablar. Son muchos los lugares donde nos sentimos en casa, ya que viajamos constantemente y casi no podemos quedar en la nuestra. Pero somos recibidos en muchos lugares con un cariño y un respeto muy especial, y eso nos hace sentirnos en casa también.

¿Cómo se sienten cuando tocan en lugares donde todavía no son tan conocidos?
En esas horas hay que superarse para presentar algo convincente, que se pueda tocar realmente con el corazón y que logre despertar los sentidos del público. No es una misión tan fácil pero la idea es siempre dar lo mejor de nosotros en todas las situaciones. En general, Tribo fue muy bien recibida en muchos países diferentes, en grandes festivales o en pequeñas casas.

¿Qué recordás de Buenos Aires?
Me acuerdo bien del recital que hicimos algún tiempo atrás en Museum. Fue un show que se pareció mucho a los que hacemos en Brasil. El público era extremamente vibrante, fue un espectáculo muy caliente que nos sorprendió a todos. El público argentino es muy pasional y creo que esa es una cualidad que los brasileros también tienen.

Después de veinte años, ¿cómo hacen para no caer en repeticiones?
La inspiración es siempre infinita, en cuanto vivimos debemos estar siempre inspirados por el amor divino, el amor universal. Los últimos discos que lanzamos (uno en portugués y otro en inglés) revelan todo lo que nos fue posible depurar en estos últimos 20 años de carrera. Tenemos la conciencia que hicimos lo mejor, que dominamos el sonido que buscamos y que, seguramente, es el momento de madurez del grupo, en la música, en el mensaje, en el concepto final.  Las similitudes con los discos anteriores están en la propuesta original del grupo de hacer un reggae que mantiene fidelidad a su raíz del Maranhao, el estado de Brasil donde se ha originado el grupo. Allá hay una cultura reggae diferente de todo el mundo, algo muy propio, muy original. Pero sentimos ahora la necesidad de hacer también una música que pueda ser comprendida en todo el mundo, es casi un paradoja: mantener las raíces pero también globalizar la música.