Cuéntalo de nuevo

Acaba de editar su tercer volumen de cuentos, "Aerosmith es una mierda y otros cuentos sin música". Y sostiene que la ficción marca diferencia porque "los que trabajan en TV escriben de autoayuda".

Un dictador, Videla, haciendo footing con el bastón presidencial en el culo. Un periodista estrella, Garmendia, confinado a Mar de los Nardos –entre Pinamar y Mar del Plata- para, cual Favio Zerpa, investigar de cerca una cucha embrujada. Un camarín convertido en un polvorín de acusaciones rockeras de donde salen incendiados Aerosmith, Phill Collins, David Gilmour y otros. Un spa del sur donde la terapia consiste en acumular stress para luego descargarlo a base de trompadas sobre los empleados del lugar. Un polista en riesgo por obra de un grupo de mujeres que hicieron carne aquello del calentamiento global.

Si bien esta serie de personajes y situaciones podrían ser parte de la vuelta de "Todo x 2 pesos", lo cierto es que pertenecen a "Aerosmith es una mierda y otros cuentos sin música", el nuevo engendro literario de Eduardo de la Puente. Ocurre que la octava creación -la tercera en formato cuentos- del hombre de CQC y Cuál es? refuerza, y de muy buena forma, la fórmula del humor y el absurdo que arrancó en "Por qué tardé tanto en casarme" y el "Día más feliz de mi vida", sus dos libros de ficción anteriores.

Son cuatro historias, "La cucha de la colina embrujada", "La verdadera historia detrás del artículo publicado en la revista Health & Spa, Año 3, Nº 29", "Aerosmith es una mierda" y "Una historia durísima", que nada tienen en común, más que son un salvoconducto seguro hacia la risa. Eso, que no es poco, conservando un hilo narrativo directo y sin peajes que demoren la lectura o la conviertan en un tedio. Todo eso, además, sin necesidad de terminar en un recital de chistes y gags uno tras otro.

"Cada punto, y cada coma, las escribí divirtiéndome", asegura el incondicional de Mario Pergolini. Al rato confiesa que "Mario no entendía nada cuando el otro día, durante un corte en Cuál es?, me puse a ojear el libro y me reía. ¿Te estás riendo de lo que escribiste? No lo puedo creer, me decía". Explica que eso le ocurre porque "cuando escribo no sé para dónde van a ir los cuentos. Es un laburo de amor, diversión e imaginación. Entonces no me detengo a ver lo que puse y al verlo me río mucho".

Sonríe De la Puente cuando recuerda a Don Gregorio -uno de los personajes del primer cuento-, el dueño del hotel "Las Maruchas" que se mostraba aturdido porque, por primera vez en casi 20 años, recibía a dos turistas el mismo día. Sonríe como cuando juega, y se pelea, con su hijo a la Play, según dice. De la Puente habla de Martín (8) y, otra vez, vuelve a sonreír. "No espero que haga una fiesta cada vez que saco un disco, edito un libro o vuelvo de hacer Caiga, porque el tipo creció con eso. Pero ahora le está dando otro valor y hasta cierto orgullo... Y está bueno", explica. Y se va.







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