La ciudad de las bicis

La otrora Ciudad de las Luces ahora se llenó de bicicletas: la municipalidad incentiva a la gente a pedalear para dejar de contaminar. Se alquilan 45 mil bicicletas por día.
El Tour de France todavía no llegó, pero las bicicletas sí. París se llenó de bicicletas, como parte de un plan de la Municipalidad de sacar a la gente del auto e invitarla a utilizar un medio de transporte más amigable con el medio ambiente. El servicio de alquiler de bicicletas todavía tiene que superar algunos escollos, pero la primera semana del programa Velib fue un gran éxito entre los parisinos. La Municipalidad informó sobre 45.000 alquileres por día y la cuenta continúa.

"Es maravilloso", dijo el ingeniero Olivier Lemaitre, 35, que recorrió en bicicleta desde Les Invalides en la margen izquierda del Sena hasta La Madeleine, en la margen derecha. "Antes siempre venía en subte, pero es mejor estar al aire libre". "Es más saludable y el tiempo está maravilloso", dijo la escritora Sophie Antoine, 29, mientras sacaba su cartera de la canasta de metal en la parte delantera de la bicicleta. 

El alcalde Bertrand Delante lanzó el programa para aliviar los congestionamientos de tránsito y los problemas de estacionamiento. La ciudad colocó más de 10.000 bicicletas en aproximadamente 300 estaciones en toda la capital. Los ciclistas pueden comprar un pase anual por 29 euros (unos 40 dólares) o pagar un euro en el momento para usar una bicicleta por media hora, tiempo suficiente para llegar casi a cualquier parte en el centro de París y estacionar en otra estación. El precio sube con el tiempo –otro euro para una media hora adicional, dos euros por la tercera y cuatro euros por la cuarta-. La idea es mantener las bicicletas en circulación como medio de transporte.

Pero los ciclistas encontraron algunos cuellos de botella. Lemaitre y Antoine no pudieron encontrar lugar para estacionar las bicicletas que querían devolver y tuvieron que apurarse para llegar a otras estaciones en busca de un lugar antes de que se les acabara el tiempo.
El consultor Jean Marc Baron, 50, alquiló una bicicleta para salir con unos amigos la otra noche. Cuando la velada terminó, dijo, "ya no quedaban bicicletas para volver a casa y todos terminamos caminando". El diseñador gráfico Olivier Patte vive en la cima de Montmartre y su estación suele estar vacía cuando va a buscar una bicicleta. "Todos bajan y nadie vuelve a subir la colina en bicicleta", dijo Patte, 30. "Las bicicletas están todas abajo".

La ciudad cuenta con camiones para desplazar las bicicletas de una estación a otra, pero las autoridades dicen que necesitan tiempo para aprender los patrones de tráfico.
Otro problema, dijo Patte, son los taxistas. "Los taxistas no nos quieren", dijo. "Se te pegan para que no podamos girar a la derecha o a la izquierda. Estamos en las sendas de los colectivos y no les gusta". Por supuesto, existen los peligros universales para los ciclistas: los conductores erráticos y las frenadas de golpe. Las puertas de los autos que se abren sin previo aviso. El viento y la lluvia. La policía que insiste en aplicar la ley (no circular por la vereda, no ir de contramano, etc.).

En la primera semana no se registró ningún accidente con bicicletas y, de hecho, se reportaron muy pocos accidentes con bicicletas en París en el transcurso de un año. En 2005, por ejemplo, las bicicletas representaron solamente el 5% de los accidentes de tránsito, comparado con el 50% en el caso de las motocicletas. Tres personas murieron en accidentes de bicicleta ese año. Las bicicletas no vienen con cascos (en París no son obligatorios). Y, al parecer, tampoco nadie los quiere. Ni un solo ciclista de las decenas que circulaban el viernes pasado llevaba puesto casco. "¿No quiere un casco", le preguntaron al empresario Xavier Barroux mientras se subía a una bicicleta con un traje de color crema. "No, gracias".

El diario Le Figaro se mostró un tanto mordaz sobre el emprendimiento, que es nuevo en París, pero que funciona en ciudades como Barcelona, Ginebra, Estocolmo y Viena. En un editorial, el periódico dijo que para resolver los problemas de tránsito y contaminación de París hacían falta otras cosas más que bicicletas, y criticó a la ciudad por haber puesto a disposición bicicletas pesadas de tres velocidades. "París no es Ámsterdam", dijo el diario, observando que la capital francesa no es plana y que tal vez su población chic no se sienta muy feliz de ir en bicicleta a las reuniones de trabajo. "Una bicicleta eléctrica, que impida llegar a una cita todo transpirado, puede tener más futuro como alternativa", dijo Le Figaro.

Pero las autoridades de la ciudad están muy entusiasmadas con la idea de las bicicletas. Dicen que Velib, una sociedad público-privada, tendrá más de 20.000 bicicletas en las calles a fin de año y el triple de estaciones para aparcarlas. Los clientes pueden comprar un pase anual o comprar pases diarios, semanales u anuales en máquinas en las estaciones. Ya se vendieron más de 17.000 pases anuales. Las máquinas, que funcionan con tarjetas de débito y crédito, se parecen a cajeros automáticos pero son un poco más complicadas. A los nuevos ciclistas les llevó un tiempo entender un par de cosas: deben pasar su tarjeta sobre el candado para llevarse una bicicleta y volver a pasarlo cuando la devuelven. Los clientes deben dar una tarjeta de crédito o depositar 150 euros, que se cobran sólo si la bicicleta no se devuelve. Los ciclistas son responsables de cualquier bicicleta robada, aunque si reportan el robo a la policía el precio baja de 150 a 35 euros. Hasta el momento, ninguna bicicleta ha sido robada, según un vocero de la Municipalidad. Los ciclistas se sienten fascinados –y encuentran que ésta es una de las ventajas de alquilar una bicicleta-. "A mi hijo le robaron tres bicicletas este año", dijo la guía turística Marie Angel Denmory, 50, mientras se subía la pierna del pantalón para montarse a la bicicleta. "A mí me la robaron hace mucho tiempo. Es mucho mejor alquilarla".