"Cuando dibujo escucho Radiohead"

El dibujante y humorista gráfico tiene nuevo libro: Contratapas. Son una selección de las mejores 120 tiras publicadas en la contratapa de Página 12 entre 1998 y 2007. "Hay algunas de las que me acuerdo hasta la ropa o cómo me sentía cuando las hice", asegura. Además, en la intimidad de su estudio, muestra cómo trabaja y su paraíso de lápices de colores.
Normales. Nada del otro mundo. Cinco dedos. Como la de cualquier hijo de vecino. Las manos de Miguel Rep no se salen del molde. Y tal vez allí radique su magia. En esconder, entre la naturalidad aparente, todo su talento. Sentado frente a un enorme ventanal de su estudio de Recoleta, el dibujante y humorista gráfico tiene en sus manos "Contratapas", su último libro. Son una selección de las mejores 120 tiras publicadas en la contratapa de Página 12, entre 1998 y 2007. "Tenía tres mil. La selección se la di a Laura, mi chica, que es como mi alter ego mejorado. A la hora del corte final saqué diez de las que ella había elegido y puse otras diez porque pensé que, sin esas tiras, ese libro no era yo", cuenta.

El denominador común del lugar son los lápices. Mezclados en una enorme mesa que recorre el largo del ambiente principal, forman una especie de oleaje del desorden que sólo su –único- responsable sabe sortear para encontrar los colores adecuados y llegar a salvo a la orilla donde trabaja. Pero en el 98, corrientes de crisis sacudieron esas aguas. "Me agarró una crisis fatal en el cuerpo, en el ánimo. Se desbarrancó una parte profesional que ya intuía: el sentido de la vida no existía. Esa crisis devino que yo echara a mis personajes. A partir de ahí empecé a hacer una tira libre. El libro es un catálogo más actualizado de eso", explica Rep.

"Contratapas" recrea diversas sensaciones y situaciones. Hay una combinación de dosis de optimismo, alegría, tristeza. Hay lugar para la niñez, la adolescencia, la adultez y la vejez. Hay un Mamasutra, un manual de posiciones mamarias. En otra tira conviven la rabia de tres sujetos a los que les gritaron cetáceo, gallina e insecto, insultos pequeños al lado del que cierra la historia: un ciervo al que le dijeron humano. También aparece una bodega donde un hombre ojea atentamente unos vinos, porque "un vino no sólo se bebe. También se lee".

Rep se sienta. Toma un lápiz negro y en un pestañar dibuja una caricatura. Volvemos la mirada sobre sus manos. ¿Son normales? Parecen. Pero no.