Ropa de otra década

Margarita Garello restaura prendas de las décadas del 20 al 50 para rescatar el sentido femenino de la moda. Su colección se basa en v estidos, faldas, blusas y saquitos que en otra época formaban parte de los ajuares de sus ex dueñas.
¿Quién no soñó alguna vez con vestirse con ropa de época? ¿Cuántas mujeres de niñas jugaban a disfrazarse con los vestidos de sus madres? La típica frase "todo época pasada fue mejor", parece adaptarse al concepto que busca mostrar Margarita Garello en su colección, llena de femineidad y romanticismo. Encajes, botones de nácar, sedas, telas pesadas y colores específicamente seleccionados logran armar un composé de ensueño entre vestidos, polleras, camisas, blusas, saquitos y capas. "Mi idea es recuperar la elegancia de otras épocas y que la mujer vuelva a vestirse bien sin volverse débil por vestirse femenina", explica la diseñadora.

Todo comenzó hace un año con el armado de la colección: el primer paso fue definir qué quería ofrecer al mercado, lleno de súper producciones masivas. "Una vez que supe qué quería lo más difícil fue hacer la búsqueda de prendas que luego iba a restaurar. Todas fueron sumamente seleccionadas dentro de la carta de colores que quería", cuenta Margarita. Es que dentro del showroom donde vende sus diseños, todo es blanco, tiza, rosa y negro. Colores cálidos que en su totalidad pertenecen a años pasados comprendidos en las décadas del 30 al 50. Años en que cuando una mujer se casaba, recibía como regalo un ajuar que generalmente incluía doce prendas entre bata, camisón, desabillé y demás exquisiteces.

"Fue muy difícil conseguir que mujeres de 70/80 años me vendieran su ropa, que para ellas (y para mí) son tesoros. El problema era que si las guardaban era porque les importaba, sino ni siquiera las tenían. Y cómo les importaban yo tenía que explicarles que era hora que sus prendas sigan otro rumbo, que tenían que recuperar el brillo de esos años en que ellas los usaban y dejar el placard para pertenecer a otras personas".

Es que cada prenda que se vende en ese lugar tiene un documento de identidad propio, sellado por la idea de llamar a cada una con un nombre de mujer. "Muchas veces la elección de cómo se llama un artículo tiene que ver con su historia pasada. Puede ser el nombre su dueña anterior, o algo relacionado con el lugar donde la compré, porque también busco ropa en ferias", cuenta Garello.

Restaurar una prenda puede llevar de una semana a un mes, dependiendo de la complejidad y del estado. Hay que adaptar la moldería a la mujer actual, porque los cuerpos no son como antes y buscar puntillas, botones y telas que se adapten para mantener el estilo original del diseño. Margarita sostiene que prefiere que una prenda quede exactamente igual a cuando la recibió a arruinarla con un diseño que cambia su morfología.