El folclore toma otra forma

Llegó a Buenos Aires para presentar "Por la misma Huella", un disco en el que homenajea a Sixto Palavecino. Artista Consagración del último festival de Cosquín, propone buscarle una vuelta a la música criolla, aportando instrumentos como el violín.
Nada de alpargatas ni bombachas de campo. Tampoco ponchos, ni rastras o facones. Leandro Lovato es rosarino, santiagueño de alma, tiene 30 años y se destaca como folclorista. Él reniega de los típicos atuendos gauchescos que sugiere un músico del rubro criollo. Llega a la redacción media hora después de lo previsto y camuflado como un porteño más; campera de cuero, gorrita, jean y zapatillas deportivas. "Perdón por la hora. Se me hizo un poco tarde, es que acá, en Buenos Aires, el tiempo pasa tan rápido...", se excusa. Su apariencia no denota profesión, pero sí lo hace la comitiva de prensa que lo acompaña y el estuche del violín que abraza.


Leandro está en la Capital desde hace unos días, y se acercó para presentar su flamante trabajo "Por la Misma Huella" (el quinto de su carrera), un disco en el que centra todos los temas en un homenaje a su padrino musical, Don Sixto Palavecino. En el disco se lo oye a él junto a sus hermanos y a Sixto apoyado por sus hijos. "Sixto es una persona muy importante para mí. Cuando recién empezaba, él se tomó la molestia de bancarme y grabar conmigo. Yo siempre le hinchaba para que toquemos juntos. Y un día, todavía lo recuerdo, me dijo: Lovato, voy para Buenos Aires, porque Soledad quiere que toquemos juntos. Aprovechemos que paga todos los gastos y grabemos nomás. Y lo hicimos. Caí de rodillas. Le debo mucho".
Entre mate y mate, Lovato se va aflojando y lo que empezó con formalidades y protocolos, se vuelve una charla distendida. Y la reflexión también se aparta un lugarcito. "Esta clase de música es muy descriptiva y reconoce lugares que nos representan al porteño. Acá es muy difícil entrar. De todas formas, y al mismo tiempo, no puedo negar que para mostrarse siempre hay que pasar por la Capital. Esto es una vidriera ineludible", explica agregando:
"Para eso yo intento ser versátil y no jurarle lealtad a un mismo estilo".


Además del charango, la guitarra y la quena, Lovato incorporó al violín como instrumento indiscutido para sus funciones. Cuenta que esto fue clave para distinguirse de los métodos usuales que se usan para armar chacareras o zambas, por ejemplo. Aunque, vale aclarar que la impronta de multifacético no depende exclusivamente de ello; el rosarino acredita participaciones con artistas más cercanos al asfalto . Por eso, a los que están en consonancia con el ritmo folclórico, como el Chaqueño Palavecino o Los Carabajal, se les suman otros como Luis Salinas, Lito Vitale y hasta... los mismísimos Auténticos Decadentes.


¿Cómo es eso? "Sí. Fue en el enero tilcareño de 2001, el verano en que, por falta de fondos, se habían caído todos los festivales. Coincidí con ellos, que habían ido a tocar por un fin de semana. Al final, se quedaron más tiempo y tuve el privilegio de que pasáramos siete días juntos. No paramos de guitarrear. Los pibes están locos- Cucho sobre todo- pero son más que profesionales".


Aunque se la pasa de viaje, Leandro vive en Funes. "No sabés lo que es eso, hermano. ¡Pueblo pueblo eh! La infraestructura es súper precaria". El músico todavía recuerda aquellas preguntas que, sobre todo en las épocas de adolescente,  se hacían cada vez más cotidianas: "Lovato, ¿cómo que te dedicás a la música?", "¿De qué vas a vivir?". "Es que nuestra carrera está muy desprestigiada", dice. Hoy, aunque considera que está lejos de llenar estadios, dice ya no necesita responderla, y ante inquietudes semejantes no se inmuta. Y ya recibió más qué un "guiño" de "los que saben". "El verano pasado gané el mundial. En Cosquín 2007 me dieron el premio Artista Consagración. Nada mal, concluye".