Les (vrais) Luthiers

La Casa de los Luthiers reúne a tres generaciones de artesanos de la música, que reparan y producen instrumentos. Desde el taller, todos los secretos de esta ciencia sensible.

Entrar a Casa de Luthiers es como entrar a un mini museo de instrumentos. La mística que atraviesa al lugar hace que la estadía allí –por más corta que sea- sea placentera. El oficio de luthier es antiquísimo y a pesar de las fábricas de música con sus múltiples creaciones por día, ha logrado sobrevivir. Crear una flauta, un violín o un contrabajo que nazca en este lugar puede llevar muchos meses, pero gracias al sonido que se obtiene vale la pena esperar. Cualquier músico que quiera sobresalir del montón debería probar con alguna de estas creaciones. Y sino, miren el video y saquen sus propias conclusiones.

La casa abrió hace un mes en Estados Unidos 742, y allí se reúnen a diario Gustavo Stocovaz (encargo de violines y arcos), Leonardo y Pablo Verdi (contrabajos e instrumentos eléctricos) y David Slomka (reparación de instrumentos de vientos y creación de flautas traversas). Ellos pertenecen a distintas generaciones de luthiers, lo que marca el antecedente del oficio en la familia. David es de la primera generación, Gustavo de la segunda y Pablo y Leonardo de la tercera. La idea es poder continuar con su oficio, que desde hace siglos está rodeado de piezas de autor, creadas bajo estrictos secretos familiares. Aunque hoy en día estos no sean ni tan íntimos ni tan secretos.