"Ojos que no ven...

... corazón que no siente", dice el dicho ¿no? Resulta que a la infartante Emma Cornell, participante del reality más famoso de la versión de Oceanía, le ocultarán que su padre ha muerto. Parece que la idea surgió de él antes de morir: ah, entonces nos podemos quedar más tranquilos.
La niña de 24 años en cuestión es una bestia, en el buen sentido. Linda, sexy divina. Ahora, no por portar semejante cuerpo y ser rubia la vamos a tratar de tonta. Ya tiene edad como para darse cuenta de que el "coquito se escapó", que consolaba la falta de nuestro perrito, sólo era una trampa de los padres para que no suframos la pérdida. Ella ya está más grandecita. A Emma Cornell no se le informará que su padre ha muerto por iniciativa del propio progenitor, para "no perjudicar su carrera televisiva", según informó el novio de la joven. Un amigo el viejo.

Raymond Cornell, de 53 años, murió de un cáncer pero antes dejó la orden de que su hija Emma, no recibiera la noticia de su muerte hasta que deba abandonar la casa. "Su padre no quería hacerle sentir que tenía que abandonar la casa para ir a su entierro. No quería arruinarle esta experiencia", dijo el novio de Emma, Tim Stanton, al periódico australiano Daily Telegraph.

El psicólogo Chris Hall, de un centro australiano dedicado al duelo, criticó a los productores del programa y dijo que tenían que haberle dicho que su padre había muerto para que ella decidiera libremente. Los productores del programa afirmaron que no reconsiderarían su decisión porque esta "era el deseo de la familia".

Ahora, pensamos que con esta desgracia de por medio y sus dotes, la chica debe ser una fija para ganar el juego. Se imaginan la cara cuando le informen: "Hola Emma, ganaste la versión xxx de Big Brother Australia, disfrutá de los xxx miles de dólares que te merecés. Ah, y... tu viejo murió hace un mes, sorry". ¡Una pinturita nene!, diría el Bambino.