"Muchos famosos resucitaron con Bailando"

Más rápido que las piruetas de Liz Solari, el periodista Mauro Fulco se subió a la ola de "Bailando por un sueño" y escribió un libro donde explica cómo se construyó ese fenómeno que el año pasado arrasó –y arrasa- el rating del segundo semestre. La elección de los famosos, el papel del jurado, los escándalos, los ciclos subsidiarios del reality y la metamorfosis de Marcelo. Para el autor, casi una biografía no autorizada. "No soy una persona muy querida en Ideas del Sur", asegura.
"Si millones de moscas comen mierda, no pueden equivocarse" . Con ese rapto de poesía escatológica, Zulma Faiad explicaba, el año pasado, el fenómeno de "Bailando por un sueño". Faiad, jurado del ciclo en sus primeras dos ediciones, salía así al cruce de las críticas que recibía el segmento de Showmatch. Esas que hablaban de golpes bajos disfrazados de sueños, esas que tejían los por qué del suceso en los escándalos entre las vedettes o entre vedettes y jurados, aunque para el caso dieran lo mismo. En un país donde el (absurdo) axioma los éxitos no se discuten se hizo piel, la "Lechuguita" debía detener el avance de los que arremetían contra el show. Eso, a pesar de que la diosa rating se acostaba en la cama de tres millones de personas todas las noches.

Sin embargo, para fin de 2006, encontrar a alguno que no quisiera surfear en la ola ganadora de Bailando era más difícil que viajar sentado en el 140 a las seis de la tarde. En ese contexto, Mauro Fusco (27), periodista de la revista 7 Días que, en ese momento, trabajaba en el Diario Perfil, se puso el traje de neoprene, se zambulló en la marea del reality y escribió "El otro lado de Bailando por un sueño". Un libro donde, a partir del casting de famosos, el papel del jurado, los escándalos, los ciclos subsidiarios y la metamorfosis de Marcelo, explica cómo nació y se moldeó al hijo pródigo de Tinelli, en Canal 13.

-¿En cuál de los tres Bailando te enganchás y decidís hacer un libro?
La idea "esto da para libro" estuvo siempre. Yo cubría el show para Perfil y pasaba 12 o 14 horas en Ideas cuando se grababa el programa. A principios de diciembre, o sea medio cuando explotó el programa, fui a Sudamericana y hablé con una de las editoras. Después fue todo muy dinámico, aunque no caí que tenía un libro hasta que estuvo en las librerías.

-¿Le comentaste a la producción que ibas a hacer un libro?
Pedí una entrevista con Tinelli a fines de diciembre. Ahí le dije a Hugo Ferrer, su jefe de prensa, que estaba haciendo un libro. Llamé varias veces y me dijo que Marcelo no me iba a dar una nota, que ya había dicho todo lo que tenía que decir a través de los medios grandes.

-Cuando salió, ¿te dijeron algo?
En realidad, no se pronunciaron ni a favor ni en contra. No existo yo, no existe el libro. Mi viejo me dijo que Tinelli tuvo una referencia al aire. Le preguntó al coach de Agostini (Daniel) si era cierto que estaba saliendo con la soñadora. El coach le dijo "yo no hablo". Entonces le respondió "mejor, así después podés escribir un libro". Yo me re hice cargo, me creí importante un minutito. Igual creo que no soy una persona muy querida en Ideas del Sur. Tengo entendido que no les gustó la idea de que alguien de afuera escribiera un libro sobre ellos.

-En el libro identificás el primer Bailando, y otros segmentos de Showmatch, que arrancaron mal. ¿La clave para revertir la cuesta responde a que se contrató más figuras proclives a las polémicas?
Fue una conjunción de factores. Pensá que, en el primero, los famosos tenían un perfil relativamente bajo, no tuvieron algún problema evidente y lo que tenía prominencia eran los sueños de los soñadores. Eran desgarradores, los tipos venían con el pecho abierto y mostraban en cámara "sus heridas de guerra". Después, en el segundo, ya mezclaron: ciertas famosas con perfil alto como Moria, Florencia de la V, Ritó. Había cierta propensión al quilombo y los sueños seguían siendo desgarradores. En el tercero, que fue cuando todo explotó, metieron famosas ciento por ciento vedettes dispuestas al quilombo, a Moria la mandaron al jurado y eso te garantizaba una cierta repercusión. Fue una situación más de show business. Los sueños pasaron a un segundo o tercer plano.

-¿Que los sueños pasaran de lacrimógenos a tener un cáliz más social creés que responde a las críticas que recibió Marcelo en ese momento?
No, me parece que la ecuación es sencilla: rinde va, no rinde no va. Tinelli es un tipo muy hábil y cuando lo acusaron de dar golpes bajos, el tipo salió del paso como un torero y dijo "yo no tengo la culpa que el Estado no supla ciertas necesidades. Yo hago rating y si puedo hacer beneficencia, bienvenido sea".

-La primera mitad del año, muchos lo creyeron muerto. Salían a pegarle de todos lados.
Pasaban dos cosas: el bajo rating que hacía el programa, que eran 20 o 22 puntos, pero que para Showmatch era poco. Aunque se exageró con eso, porque cualquier programa que hiciera esos puntos era un hitazo, pero que los hiciera Showmatch ¿significaba la muerte de Tinelli? Había que replantearse algunas cosas. Lo otro es que el morbo de pegarle a Tinelli, de querer ver la caída del gigante, le encantó a muchos. Y después el tipo terminó metiéndoles una patada en el traste a todos.

-Mucho se habló, y vos lo tocás, de los programas que vivían de "Bailando por un sueño". ¿Le sirvió más al show o a las famosas esa exposición?
A todos. Fijate que Mirtha (Legrand) sentó a su mesa a la "Tigresa" (Marcela) Acuña, a Ximena Capristo... Mi viejo, por ejemplo, que no sabía quién era Eliana Guercio, pasó a decir, más allá del "que buena que está", che "mirá está peleada con tal, ¿por qué será?". Eso es un clic. Después que los programas de la tarde fueran sucursales de Showmatch les sirvió a todos. Todos levantaron el rating y el show estaba todo el día al aire. Y a los famosos también: hay algunos que no les va a modificar nada como Moria, Sofovich o Florencia de la V, pero de golpe Emilia Attias pasó a ser "la" vedette y la "Tigresa" casi una sex simbol.

-¿Creés que la gente se involucraba más con la pelea mediática que con el sueño de los soñadores?
Por lo menos en el 3, el sueño dejó de existir por completo. Yo desafío a cualquiera a que me diga cómo se llamaban los soñadores y cuáles eran sus sueños. Con suerte se acuerdan de uno o dos. Pero si preguntás por los escándalos, se acuerdan de todos. De hecho, los programas de la tarde se ocupaban de eso, no de los sueños de los chicos. También eso habla mucho de nosotros como sociedad.

-¿Muchos de los participantes deberían hacerle una estatua a Bailando?
Muchos resucitaron de golpe. Otras que no hubieran pasado de una tapa de las revistas Maxim u Hombre, de golpe entraron en la pantalla de todas las familias. Carmen Barbieri, por ejemplo, aunque es una gran artista nadie recuerda dónde estaba antes de Bailando. Mismo Yuyito González lo dice: "yo quería trabajar en radio, se lo dije a Marcelo al aire y ahora estoy trabajando en Rivadavia".

-¿Cuánto de subirte a la ola del éxito del show tuvo el hecho de que hicieras el libro?
Digamos que es el carro del ganador. Es ir a probarte a San Lorenzo cuando va primero. Sabía que estaba haciendo un libro del programa del momento y de los siguientes, porque tenía claro que se venía Bailando 4.

-En definitiva, ¿cuál es la magia del programa para vos?
La magia es Tinelli. El programa es él. Ves el aire y es él con dos productores y un micrófono. El tipo improvisa absolutamente todo. Hace lo que le viene en gana. La tiene muy clara. Hay mucha gente que es público cautivo de él y haga lo que haga lo va a mirar. Pero hay otra gente a la que el tipo seduce. Es un seductor de la televisión. Si no te gusta, cambia para que te guste. Te puede gustar o no lo que hace, pero es innegable que el tipo es un genio. Noticas lo incluyó en el tercer lugar de los tipos más influyentes del país: venían Kirchner, Cristina y después él. Eso te dice todo.