Sí Logo

El cantante argentino-estadounidense vuelve con su cuarto disco, "Logo", un trabajo donde hay mescolanza, ingenio y hasta una portada a cargo del humorista gráfico Liniers.

"¿Por qué Logo? ¡Porque este es un momento muy logo! Hay una generación muy logo, la del cap con la flechita de Nike y la admiración por las marcas" arranca Kevin Johansen. Se lo nota entusiasmado: después de dos años en los que se dedicó a viajar para presentar City Zen en América y Europa, vuelve al sector de novedades de las disquerías con Logo, al que seguirá Jogo a fin de año. Sigue: "Los logos son una bella mentira, porque pueden ser hermosos, pero venden algo que en realidad es humano y por ende, imperfecto".

Da la impresión de que los latinos se están dando cuenta de esa imperfección, ya no compran todo lo que impone el Norte, ¿no?

Sí, creo que de a poco está surgiendo una actitud de reconocimiento y de autoestima más elevada con respecto a la identidad latina. El argentino siempre fue un poco chicaneado por el resto de los latinoamericanos por no sentirse "tan latino" como los demás y eso, me parece, está cambiando un poco.

¿En qué lo notás?

Cuando volví de Estados Unidos, en el 2000, noté que la cumbia estaba de moda entre los "conchetos" y las "conchetas", que antes no te bailaban ni media cumbia. Me interesó esa tendencia y fui varias veces a bailar a Metrópolis, a entender qué estaba pasando. Así surgió Cumbiera intelectual: me llamaba la atención ver a un pibe cabeza bailando con una piba bien. El pariente de esa canción es Chica rolinga, que está en el nuevo disco: es la historia de una chica que abandona el rock por la cumbia y asume su parte latinoamericana. Sigue habiendo un partidismo musical demasiado arraigado: "Si escucho rock, no hago cumbia; si hago pop, no escucho otros géneros". Un poco nació por eso también, quería jugar con esa idea.

Primero tu música estuvo asociada con el "mestizaje", después te asociaron con Palermo. ¿Y ahora?
Yo nunca me hice mucho drama por eso. Lo mío son canciones, es muy simple. Me costó mucho que lo entendieran en España: necesitaban definirme y usaban mucho el término mestizaje, que a mí me parece odioso. Los periodistas vivían preguntándome qué género era el mío, hasta que me salió "soy desgenerado" y ahí se tranquilizaron un poco. Para mí la canción es un género en sí mismo. Y eso no lo inventé yo ni mucho menos: lo hacen Beck, Bowie y tantos otros, ¡disfrutan de la libertad estilística! 

Pronto sale Jogo, una especie de segunda parte de Logo. ¿En qué difieren?
Logo tiene un sentido más profundo. Es un disco más extremo que los demás, porque surgió como una respuesta a la superficialidad vertiginosa en la que estamos viviendo, y Jogo, que sale a fin de año, va a ser más dicharachero. La energía de Jogo está puesta, más que nada, en lo musical.

City Zen se lanzó a finales de 2004. ¿Qué estuviste haciendo en estos dos años?
Por suerte todos mis discos tuvieron larga vida. City Zen salió con varios meses de diferencia en varios lugares del mundo y eso alargó la vida del disco y me permitió viajar mucho para presentarlo. El paso del tiempo te permite disfrutar y pensar más las canciones: uno las vuelve a escuchar y empieza a darse cuenta de cuáles van a perdurar. Espero que pase lo mismo con Logo: que sea de lento descubrimiento. Es un momento en el que la situación de las discográficas está cambiando mucho y las presentaciones en vivo empiezan a cobrar más y más importancia. Hoy más que nunca, vale una antiquísima frase: ¡en la cancha se ven los pingos!