Rockeando por un sueño

El carioca más famoso de los 90 vuelve con una banda de rock y cuenta su verdadera historia, que conjuga peleas de patotas en Sao Paulo y jam sessions en Arizona con la filosofía de The Clash y el secreto de la Orden de los Rosacruces.

Batida de coco, esa es la mía cantaba Derek López a fines de los 90. Sí, el mismo. Y aunque para muchos esa melodía pegadiza que invitaba a la contorsión fue sólo un hit de verano, para este boliviano (nacido en Santa Cruz de la Sierra) que pasó infancia y adolescencia en San Pablo significó apenas una anécdota en su vida decididamente intensa. Antes de conductor en la Rock&Pop y un magazine en la tele, Derek ya se había hecho fanático de The Clash, había vivido en la calle, tocado con Ratos de Porao... Y hoy, en una oficina del centro, reconoce: "a los 11 años Hendrix me partió la cabeza", cuando se indaga en su pasión por la música. Porque después de sus "15 minutos", del éxodo a Estados Unidos, los deportes extremos y tantos años formó banda nueva... ¡y bien rockera!

Derek López canta en inglés y toca la eléctrica en NoEnd, banda de hard rock que debutó con su primer disco As above so below producido por él mismo y por puro gusto de Tony Bongiovi (primo de Jon Bon Jovi y cabeza de estudio de grabación en Nueva York que prudujo, entre otros, a Aerosmith, The Ramones y Talking Heads). Ya entonces, cuando reunía a miles (de 40 a 70) de personas en sus shows de ropas blancas y collares de semillas imaginaba cómo se sentiría si cambiara la acústica por una guitarra eléctrica. "El rockero es muy prejuicioso con la música, y en general la gente tiene mucho miedo a la crítica, eso hace que nadie se anime a cumplir sus sueños", sentencia. Y sigue, reflexivo, casi existencialista: "Después de todo lo que he vivido, me di cuenta que todos tenemos las mismas preguntas y lo único que garantiza algo es la perseverancia".