Una página (transgresora) en el recuerdo

A más de quince años de su edición final, la revista Sex Humor (de Ediciones de la Urraca) recibe su merecido homenaje, en un libro que compila sus mejores páginas. Juan Carlos Muñiz, el compilador, analiza el significado de aquella publicación.

La leyenda de Sex Humor (la osada apuesta de la revista Humor Registrado, de Ediciones de la Urraca) cuenta que la revista estuvo en los kioscos desde 1984 hasta 1990 y su tirada llegó a superar los 80.000 ejemplares por quincena, con tapas tan graciosas como subidas de tono a cargo de artistas como Jorge Santol, Ceo y Spósito. "Esas portadas siempre funcionaron muy bien, eran muy potentes, conceptualmente muy claras y en el kiosco se recortaban netamente entre las demás revistas", dice hoy, a la distancia, Juan Carlos Muñiz, el compilador del libro La revista Sex Humor. El sexo de los argentinos, recientemente editado por Ediciones Musimundo (que hace un año ya había publicado La Revista Humor y la Dictadura Militar). "La fórmula de Sex Humor fue muy sencilla: humor con temática sexual, hecho por gente talentosa", sigue Muñiz, antes de enumerar una selección de estrellas de la tinta, los colores y el remate: Tabaré, Fortín, Grondona White, Cristina Wargon, Héctor García Blanco, Colazo, Meiji, Maicas, Maitena, Rep, Sandra Russo, Peyró, Carlos Abrevaya, Jorge Guinzburg, Peni y Palomares, entre otros. "Párrafo aparte merecen los informes serios sobre sexualidad elaborados por Luis Frontera, que vistos hoy en perspectiva constituyen un aporte muy valioso sobre el tema, ya que lo trataban con un rigor y una lucidez que ni antes ni después pudo encontrarse en otra revista".

¿Cuál era la receta del humor de la Sex?
Era un humor directo, que exprimía al máximo los distintos vericuetos de un tema tan viejo como el mundo. La revista surgió en una etapa parecida a la del destape español, en la que la sociedad estaba recuperando la democracia y, ya sin represión, se permitía tocar temas que antes era tabúes. Era la vida, sencillamente, que reclamaba su lugar en un país tristemente acostumbrado a negarla. Tal vez una de las características sorprendentes de la revista haya sido la de no caer casi nunca en la chabacanería o la grosería gratuita. Al hojear hoy la colección, uno descubre que aún detrás de cada situación subida de tono siempre hay un chiste que la justifica.

¿Alguna revista actual se le acerca?
Creo que hoy no existe nada que se le parezca. Barcelona, el medio gráfico que muestra mayor desparpajo e ingenio, sólo toca la temática sexual de modo tangencial y esporádico. Y si existe otra revista que haya tomado la posta de la Sex, no la conozco.

¿Quién va a comprar el libro: los antiguos lectores o gente más joven que apenas si se acuerda de la revista y que es probable que no la haya leído?
Supongo que el "lector patrón" (si se me permite la expresión) va a ser aquel que tiene o tuvo con la revista una relación de amistad. Para esos tipos el libro va a significar algo así como un reencuentro con los amigos del secundario, con los que uno se junta muy de vez en cuando para revivir viejos tiempos. Pero también sospecho que hay otra generación, la de quienes durante el auge de la Sex eran muy pibes y no tenían el permiso de los padres para leerla, que ahora aprovecharán este libro para desquitarse y sacarse la curiosidad: ¿qué era en definitiva aquella revista que hacía reír a sus viejos, a la que ellos no podían tener acceso?

Ahora que hay tanto sexo en los medios, ¿cómo sería Sex Humor si saliera de nuevo?
Eso es como preguntarse como le iría hoy a un viejo boxeador retirado hace años si volviera al ring. Lo harían pelota. Para que una revista o cualquier otro producto, editorial o no, funcione, tiene que haber una sociedad ávida de ese producto. En lo personal, cada vez que releo un libro del Negro Fontanarrosa me vuelvo a reír como la primera vez. Pero no creo que eso le pase al conjunto de la sociedad. Lo que se consume es lo que se vende y lo que se vende es lo que se consume. Esta es la relación dialéctica que utilizan los fabricantes de basura para aumentar sus ingresos y justificar sus mediocridades. Por eso, para revertir este proceso, debería haber un Estado presente y activo. Un Estado que eduque, que estimule, que incluya a los excluidos, que produzca cultura de verdad. Sólo así podríamos empezar a pensar en Sex Humor, o en una revista mejor.

¿Qué lección deja Sex Humor hoy?
Partamos de la base que quien se siente a leer este libro va a ser alguien a quien la lectura no le resulta un ejercicio inusual. Entonces, para esa clase de personas, el sentido de leer Sex Humor (o un resumen de lo que la revista fue) tiene el mismo sentido que cualquier otra lectura del mismo género: divertirse, evocar viejos tiempos, pasar -en suma- un momento gratificante. Para los que aman el humor gráfico, este material les va a dejar un regusto amargo, en el fondo, porque es inevitable preguntarse por qué tanta gente talentosa hoy casi no tiene lugar en la industria editorial argentino. Y la respuesta, creo, está en el vaciamiento cultural que ha sufrido un país que viene cayendo en picada hacia la cumbia, el reality show, los jueguitos de la compu y el chat. Indigencia cultural, que le dicen...