Gervasio Díaz Castelli: "Sé que hay un prejuicio social con los psicólogos que aparecen en los medios, pero trabajé años para que la mirada del otro no me interese" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Gervasio Díaz Castelli: "Sé que hay un prejuicio social con los psicólogos que aparecen en los medios, pero trabajé años para que la mirada del otro no me interese"

Psicólogo, escritor y comunicador, encabeza el Consultorio Abierto de Ciudad.com por Facebook Live y, en esta entrevista, "analiza" su vida en primera persona. ¡Conocelo más!

Gervasio Díaz Castelli en una entrevista exclusiva para Ciudad.com.

Las puertas de su cálido consultorio -ubicado muy cerca del Jardín Botánico de Palermo- son el marco perfecto para la distendida charla con Gervasio Díaz Castelli (41), licenciado en Psicología (MN 37715) y uno de los profesionales más claros a la hora de la divulgación del tema en los medios. En su sitio oficial, además, se define como comunicador y escritor. Pero aquí ahondaremos en lo que no ha contado... hasta ahora. 

Fanático del running y la naturaleza, Gervasio es papá de Ema, de tres años, junto a su mujer Andrea, con quien está en pareja desde hace cinco. Nos ofrece unos mates y la entrevista comienza en el mismísimo lugar donde cada jueves a las 18 horas, Díaz Castelli abre su Consultorio Abierto por Facebook Live de Ciudad.com. Allí, los usuarios plantean sus inquietudes, miedos y problemas; desde la otra orilla en esa red que une y acerca, el licenciado les da algunos tips o herramientas para que los puedan comenzar a destrabar. Un aventón de confianza para tratar de estar mejor. 

"Todos somos objeto de prejuicio. En una escala del 1 al 10, ¡me importa menos uno! Mi análisis es que todo es ganancia en cuanto a lo que me dieron los medios. En todo encuentro satisfacción".

"La verdad que el Consultorio Abierto de Ciudad.com me abrió un mundo de la consulta inmediata. Y me llama la atención, porque lo que ocurre es que estoy hablando alrededor de 45 minutos, lo que dura una sesión promedio con un paciente, y vamos respondiendo preguntas de 100 ó 200 personas para destrabar un área. Es un gran desafío para mí dar en 30 segundos un disparador para pensar su problemática, aunque no pretendo cambiarle la vida a nadie. Estoy convencido que podemos tirar un tip, una idea, pensar un conflicto de otra manera y transformar su realidad. Siento que lo estoy aprendiendo junto a los usuarios, sesión a sesión", asegura Gervasio.

-Hablemos un poco de tu vida. ¿Qué cosas hacés fuera del consultorio y de tus visitas en los medios?

-Estoy en pareja hace cinco años, somos papás de una nena de tres. Me reparto la vida entre varias pasiones: mi familia, mi consultorio, la divulgación psicológica, los deportes y la naturaleza. Fui corredor, hasta he corrido maratones y también hice el cruce de los Andes. Ahora que es furor el running, yo no estoy tan comprometido, ja, ja. Pero siempre intento hacerme un espacio, como por ejemplo para salir con mi mujer: ella en bici con mi nena, y yo corriendo al lado. Al menos tres veces por semana salgo a correr.

"Empecé a escuchar a mi abuela húngara que me contaba sus historias de la guerra, y hacía como una catarsis, cuando tenía 6 ó 7 años. Te diría que ya desde ese momento fui su psicólogo sin saberlo".

-¿Cuál fue tu primer acercamiento a la Psicología?

-Siempre me llamaron la atención las conductas humanas. Empecé a escuchar a mi abuela húngara que me contaba sus historias de la guerra, desde un lugar positivo, con sus angustias, y hacía como una catarsis, cuando tenía 6 ó 7 años. Te diría que en ese momento ya fui su psicólogo sin saberlo. De adulto me di cuenta que yo trabajaba desde esa época. Ella me lo contaba como cuentos y después entendí que estaba simbolizando su pasado.

Los jueves a las 18 hs. por Facebook Live (/ciudadcom), Gervasio Díaz Castelli abre su Consultorio Abierto: "La verdad que lo de Ciudad.com me abrió un mundo de la consulta inmediata. Es un gran desafío para mí dar en 30 segundos un disparador para pensar su problemática. Siento que lo estoy aprendiendo junto a los usuarios sesión a sesión".

-¿Cuándo decidiste arrancar con la carrera en la universidad?

-Siempre tuve como un imán para que me cuenten sus problemas, en la secundaria me pasaba mucho y me decían: "Vos vas a terminar siendo psicólogo". La verdad es que era bastante vago y cuando terminé la secundaria tuve bandas de rock, me dediqué a vaguear y a las mujeres. A los 21 años me empecé a ordenar y finalmente hice la carrera en cuatro años en la UBA.

-¿Tu familia cómo tomó tu actitud de "vago" durante tu adolescencia?

-Mis viejos, y cuando digo mis viejos me refiero a mi mamá y a su esposo, porque mi papá se murió cuando yo tenía 9 años, fueron muy libres con eso y confiaron en mi potencialidad. Nunca me dijeron ni una palabra. Fueron muy piolas y siento que no hay que insistir con que ni bien salgan del secundario se pongan a estudiar cualquier cosa. Además, yo no estaba en la esquina tomando cerveza, sino que laburé desde muy chico.

"El gran quilombo de la humanidad es la crueldad y el odio, lo que nos cura es el amor y la ternura".

-¿Cómo procesaste la muerte de tu papá siendo tan chico?

-Fue una movilización interna grande que después pude metabolizar muy bien. A partir de mis 10 años me crió mi papá del corazón, con el que siempre tuve una gran relación.

-¿De qué laburabas mientras estudiabas?

-Era pintor de casas y albañil, me gustaban esos ambientes. De los 18 a los 26 años laburé de eso. También en un supermercado muy conocido, pero me echaron porque quise cambiar algunas cosas y no se podía. Mi primera paciente la tuve pintando una casa, ja, ja. Me faltaban pocos meses para recibirme y su padre me preguntó si podía verla. Acepté y la "primera sesión" fuimos los dos sentados en tachos de pintura. Después de que me dieron el título ella fue paciente mía alrededor de dos años. Además, mientras estudiaba fui acompañante terapéutico y creo que eso también me ayudó para meterme muy fácilmente en la profesión.

"De los 18 a los 26 años laburé como pintor y albañil. Mi primera paciente la tuve pintando una casa, ja, ja. Me faltaban pocos meses para recibirme y su padre me preguntó si podía verla. La 'primera sesión' fue los dos sentados en tachos de pintura", relata Gervasio.

-¿Cómo surgió la idea de que plasmes tu profesión en los medios?

-José Núñez, que es amigo mío desde que tenemos 13 años y productor de televisión, me llamó un día para que vaya a Intratables. Y fui. Me sentí cómodo. Sentía que fue algo útil para la sociedad y a partir de ahí me empezaron a llamar de Desayuno Americano, C5N, Telefe. Sé que hay un prejuicio social con los abogados, médicos o psicólogos que aparecen en los medios, pero trabajé años para que la mirada del otro no me interese. En una escala del 1 al 10, ¡me importa menos uno! Todos somos objeto de prejuicio. Mi análisis es que todo es ganancia en cuanto a lo que me dieron los medios, humana, profesional. En todo encuentro satisfacción.

-¿Cómo combinás tu actividad profesional en el consultorio, más tu participación en los medios con tu vida personal y familiar?

-Combinar es un arte; trabajo diariamente, paso a ver a mi hija al mediodía, la busco dos veces por semana por el colegio. Es algo que voy hablando con mis pacientes para poder tener horarios flexibles. En cuanto a los fines de semana, priorizo lo personal. He trabajado mucho para poder sostenerlo.

-Y como si estuvieras con poco trabajo, pronto sale tu primer libro. ¿De qué se tratará?

-Sí, sale el 5 de diciembre y se llama El libro del buen amor, por Editorial Atlántida. Tiene que ver con 15 años de escuchar problemáticas del amor, junto a mis propias problemáticas. He vivido mucho, tuve muchas mujeres, muchas novias, eso me dio una sustancia personal que, camuflada, va a estar plasmada en las páginas.

-Para terminar, ¿cuál creés que es el gran confilcto de la actualidad?

-El gran quilombo de la humanidad es la crueldad y el odio. ¿Lo que nos cura? El amor y la ternura.

Nuestro tiempo con Gervasio Díaz Castelli se termina con el sonido del timbre: un paciente llega al consultorio, como cada semana, para desenmarañar sus conflictos con su psicólogo, ese mismo que arrancó atendiendo sobre dos tachos de pintura y que, después de casi 20 años, sigue con su pasión intacta.

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