Estremecedor relato de un sobreviviente de la tragedia de Chapecoense: "La tripulación nunca avisó lo que iba a pasar, y cuando el avión quedó a oscuras, el silencio fue sepulcral, aterrador" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Estremecedor relato de un sobreviviente de la tragedia de Chapecoense: "La tripulación nunca avisó lo que iba a pasar, y cuando el avión quedó a oscuras, el silencio fue sepulcral, aterrador"

El periodista Rafael Henzel contó en primera persona cómo se produjo el accidente aéreo y dio detalles de su rescate.

El estremecedor relato de un sobreviviente de la tragedia de Chapecoense (Foto: web)

A dos semanas de la tragedia aérea del avión que transportaba al equipo brasileño Chapecoense hacia Colombia para jugar la final de la Copa Sudamericana, y que dejó un saldo de 71 víctimas fatales, el estupor sigue latente.

Con el dolor a flor de piel, el periodista y locutor Rafael Henzel (43), uno de los sobrevivientes, le dio una nota al diario deportivo Marca y al programa de la TV brasileña Fantástico, en donde relató en primera persona los segundos previos a que el avión se estrellara en el Cerro Gordo y cómo reaccionó en medio de la montaña con sus compañeros de trabajo y los futbolistas sin vida.

A continuación, el relato completo de Rafael Henzel:

"Cuando el avión quedó a oscuras, el silencio que hubo fue sepulcral. Aterrador. Porque todos los motores dejaron de funcionar. Después de ese silencio tan atroz, el avión chocó".

El vuelo desde Bolivia transcurría con normalidad hasta que hubo una turbulencia y saltó una alarma, que a la postre sería la única alarma que hicieron sonar los comisarios de bordo. Cuando comenzamos a preguntar si ya era hora para aterrizar, los tripulantes siempre nos respondían que faltaban 10 minutos para llegar. De pronto, las luces del avión se apagaron sin que nadie nos haya informado de alguna anomalía que estuviese ocurriendo. En ningún momento alguien de la cabina o de la tripulación nos dijo: 'Ajústense los cinturones'. No avisaron lo que iba a suceder y tampoco que podíamos realizar un aterrizaje de emergencia. Esa información nunca, nunca nos la dieron. 

No recuerdo cuánto tiempo pasó desde que se apagaron las luces y el avión se estrelló. Sólo me acuerdo de que miré hacia mi lado izquierdo, ya que estaba en la penúltima fila del avión, y vi a un comisario de a bordo que tenía el cinturón de seguridad bien extendido. Por esa imagen, imagino que ni esa persona sabía exactamente lo que estaba ocurriendo en ese momento. 

Cuando el avión quedó a oscuras, el silencio que hubo fue sepulcral. Aterrador. Porque todos los motores dejaron de funcionar. Después de ese silencio tan atroz, el avión chocó. Tuve la suerte de despertarme cuando unos socorristas pasaban cerca de donde había caído y comencé a gritarles para llamarles la atención para que me atendieran.

"Tuve la suerte de despertarme cuando unos socorristas pasaban cerca. Mi asiento había quedado atrapado entre dos árboles y mis piernas estaban atrapadas".

Mi asiento había quedado atrapado entre dos árboles y mis piernas estaban atrapadas entre las ramas. Cuando desperté vi a mis dos colegas, Renan Agnolin y Djalma Neto, con los que iba sentado, ya que se habían despegado los tres asientos a la vez. Yo iba en el medio de los tres. Ellos dos fallecieron. Fue muy impactante. 

A partir de ese momento comenzó un problema muy serio y demasiado complicado para que pudieran sacarme y ponerme a salvo. Ellos andaban sin camillas, en el suelo había muchas piedras y no estaba firme por el agua que había. Además, para completar ese momento de angustia, mi cuerpo estaba en la parte alta y para bajarme y ponerme a salvo era demasiado empinado. Pero el esfuerzo que hicieron esos socorristas para sacarme de allí sin que me agravara alguna lesión fue tremendo y lo lograron hasta llevarme a una zona en la que había ambulancias. Desde ese momento pasaron 40 minutos hasta que llegué al hospital. 

Cuando llegué al hospital, pedí hablar con mi familia en Chapecó para informarles que había sobrevivido. Esa llamada fue un alivio para mi familia, ya que las primeras informaciones que les había llegado era que había dos pasajeros con el nombre de Rafael y que uno de ellos había fallecido, pero nadie podía precisaba a qué Rafael mencionaban. Me marcó mucho cuando mi hijo de 11 años me dijo que él sabía que yo no había muerto porque él me sentía vivo dentro suyo y que mi respiración estaba presente en su corazón. Esas palabras fueron una inyección de vida en mi cuerpo. 

"Me marcó mucho cuando mi hijo de 11 años me dijo que él sabía que yo no había muerto porque él me sentía vivo dentro suyo y que mi respiración estaba presente en su corazón".

Por un milagro de Dios, ahora mismo estoy relatando esta tragedia tan dolorosa. Ahora lo que quiero es regresar a Chapecó para continuar con mi recuperación y poder retomar mi vida cotidiana y profesional. Esta tragedia unirá por siempre a Colombia y a Brasil. Ojalá una al mundo entero y pueda entrar en el corazón de todos los hinchas y recordar que el fútbol es eso: hermandad entre todos y bajo ningún concepto en el fútbol tiene que haber peleas, violencia o muertes. 

Le agradezco enormemente al pueblo colombiano lo que hicieron por todos nosotros.

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