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¡COLUMNA IMPERDIBLE!

Adelanto del nuevo libro de Valeria Schapira: Diario de una mujer posmo

Tras lanzar la publicación, Ciudad.com te presenta las primeras reflexiones de la periodista. Aquí, un ensayo sobre el romance a través de Internet. ¡Mirá!

Lunes 12 de Diciembre de 2011

Escritora, periodista, guionista, conductora de radio y televisión. Valeria Schapira es multifacética y en su último libro, Diario de una mujer posmo, lo deja bien claro.

Escrito en primera persona, la periodista, que tiene en su haber siete libros publicados, describe una y mil situaciones cotidianas femeninas: la pareja, los amigos, la dieta, el trabajo, el amor y la soledad.

En exclusiva, Ciudad.com presenta un adelanto de su último libro, donde desmenuza los vínculos y el amor que puede impulsarse, mantenerse, o dejar morir, a través de Internet.

 

La vida online

Por Valeria Schapira (de su nuevo libro, Diario de una mujer posmo)

 

Como si fuera hoy lo recuerdo. Ocurrió hace tiempo y me arrojó a las garras de la Web. Un amor, una despedida y una propuesta: “Estemos en contacto vía mail”. Sudaca en Inglaterra, neófita en computación y enemiga acérrima de la informática dije: “No way, hasta nunca baby”.

Ironías de la vida, la mañana posterior al adiós (y a mi rotunda negativa) me encontró en la sala de computadoras de la Universidad pidiendo auxilio a los gritos. Quería aprender los secretos de Internet y la clave para enviar correos electrónicos. Así comenzó otra fase de mi romance, la virtual, con aristas tanto o más interesantes que la del romance real. Nos dijimos tantas cosas que nunca se dicen, cuestionamos, discutimos, comentamos, reímos... La Web “desnuda” a la gente.

"El amor en la Web no es para cualquiera. Requiere de privaciones físicas y de afilada imaginación".

Como en las grandes cartas de amor de la Historia, en las que héroes y amantes, guerreros y doncellas, caballeros y damas, intercambiaban sus pasiones epistolares, así ocurre todos los días en la comunidad virtual. Mujeres tímidas, hombres inescrutables, todos sin excepción terminan por despojarse de sus prejuicios en la letra escrita y se muestran más humanos, más frágiles. Mucho más interesantes. Es difícil el contacto cara a cara. Parece de débiles expresar los sentimientos; la liviandad en la relación hombre - mujer aparece como una paradoja intrínseca en los vínculos de la era de la comunicación.

Siempre me pregunto qué hubiera sido de mi historia de amor si hubiéramos sido capaces de decirnos personalmente todo aquello que la Web supo escuchar en interminables mensajes de interminables horas de interminables días, los que pasaron hasta el reencuentro...

A añares de esa historia tan mía, la tecnología llegó para quedarse y la analfabeta informática que supe ser es hoy sólo un recuerdo. Internet se transformó en una especie de suero que garantiza mi supervivencia. Escuchar un “se cayó Internet” equivale a caer en la más profunda de las decepciones: es estar fuera del mundo, casi desconectada de una realidad que se me hace más amplia al brindarme la posibilidad de escapar de mi ínfimo cuadradito del mundo.

La Web depara sorpresas deliciosas todos los días. Fue sólo ayer que llegó un correo electrónico de mi amiga Anna, un personaje italiano maravilloso que conocí cuando estudiaba en Londres.

"No hay excusa en la virtualidad: lo que no rebota, llegó. Es decir que la no respuesta es de por sí una respuesta: no hay ganas".

En la red, uno puede reencontrarse con momentos que desearía no fueran pasado e imaginar aquellos que quisiera que fueran presente.

Conozco un par de matrimonios que nacieron como ilusiones virtuales. Sé de aventuras que surgieron de la navegación por insólitas comunidades de internautas. Comprobé, también, rotundas desilusiones producto de la febril imaginación cibernética... Es que el amor en la Web no es para cualquiera. Requiere de privaciones físicas y de afilada imaginación. Se conforma con breves líneas cuando alguno de los dos no quiere comunicarse; casi como en la vida real. Recibe a veces gélidos silencios como respuesta.

No hay excusa en la virtualidad: lo que no rebota, llegó. Es decir que la no respuesta es de por sí una respuesta: no hay ganas, no hay tiempo, no hay nada para contar. Como todo amor, también el virtual entraña su buena cuota de desilusión. O no: el virtual puede ser un ticket VIP al amor real. Sólo hay que dar con la ocasión.