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¿A qué llamamos espiritualidad?

¿Qué tenemos que hacer para desconectarnos del mundo? ¿Hay alguna forma de empezar a corrernos de las preocupaciones de todos los días? Por Claudio María Domínguez. 

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¿Qué es la espiritualidad?

El saludo mismo nos va llevando a intuirlo.

Aquello que nos hace percibir que hay algo más allá de lo material; por material entendemos todo lo que tiene nombre y forma, todo lo que nuestros sentidos perciben y se nos hace real para nuestra comprensión mental.

¿Qué parte de ustedes no tiene nombre ni forma? Cuando pregunto esto en una charla, y en realidad repito, lo que grandes seres a lo largo de la historia por nosotros conocida, han venido a enseñar a sus seguidores una y otra vez, la gente suele dar varias respuestas, y todas por cierto correctas:

"El alma", "El espiritu", "La conciencia", "El Ser", "La energia divina", "Dios".

Para una indagacion avezada, hay desde ya sutilezas, entre uno y otro termino, nada muy fundamental, pero para una comprensión rápida, clara, de alguien que vivió hasta ahora preocupado por el programa de televisión del día, la cotización del dólar, el sueño del cambio del auto, o la expectativa de una próxima pareja que resulte estable, el sólo hecho de captar que hay otra realidad, más allá de aquello en lo que se ha estado moviendo hasta ahora, con un combo inevitable de placer y dolor, de anhelo y frustración, ya es un triunfo de marca mayor.

Sí, hay algo en nosotros, mucho más vibrante, contínuo y generador de dicha, que los estimulos externos que hasta ahora, en forma bastante limitada, nos han ido llenando el hueco de nuestras carencias...

Eso es la espiritualidad, sumergirme en un misterio, ya que no se ve, se intuye, no se toca, se siente, ni siquiera se razona, se percibe, se sabe, se ES; pero para llegar a ese estado, simplemente hay que ir quitando la atención paulatinamente de todo lo que esta afuera, y llevar ese mismo foco al interior.

La divina Madre Teresa, me dijo, cuando le pregunté cómo se podía captar el SER; que simplemente le cerrara los ojos al mundo durante un rato, y tratara de sentir quién estaba allí adentro mío, aquel que si no existiese, ni siquiera podríamos ser parte del mundo exterior, el autor del personaje, el proyector de la telenovela externa.

Tan solo respirando lentamente, ritmicamente, podemos ser concientes de que fuerza nos mueve, aunque durante ese rato, no haya roles, ni interacción con el mundo.

La desidentificación de lo corporal, nos va llevando rapidamente a fundirnos en lo espiritual.
Somos mucho más que un cuerpo, mucho más que una mente. 

Como decian tantos genios ancestrales, del antiguo Egipto, de la India , de Grecia, Si YO no soy mi cuerpo, ¿quién tiene un cuerpo? ¿de donde proviene? ¿quién tiene una mente? ¿quién es ese YO superior, que genera al Yo inferior, más limitado a esta coraza corporal. ¿Quién permanece cuando este Yo más pequeño cesa aparentemente de existir? ¿Quién está siempre, aunque lo otro se recicla quimicamente?

¿Quién está todo el tiempo, aunque yo esté despierto, dormido o soñando?

¿Si algo cambia siempre, puede acaso ser considerado muy real? Si algo, en cambio, permanece a pesar de que lo otro cambie, no será esa mi auténtica realidad?

El planteamiento de todo esto parece ir respondiendo al eterno interrogante sobre la fuerza del espiritu, la espiritualidad como forma de vida, como nuestra esencia. Sólo que parece que hay que superar mucha amnesia transitoria, para recordar nuestra verdad.

Ya seguimos con todo esto, en los proximos días, comentarios, filmaciones. Tenemos para toda la vida, y más y más; si bien el click se da aquí y ahora, ya mismo, en un sólo instante.

Para más información, entrá a Claudio María Domínguez  

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