Dany Boon: "Yo pensaba que era famoso, pero no lo era" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Dany Boon: "Yo pensaba que era famoso, pero no lo era"

Actor y director. Se consagró con "Bienvenidos al país de la locura", una comedia que fue vista por más de 20 millones de espectadores en Francia, un récord histórico. Aquí habla del filme que se estrena hoy y de cómo el éxito le cambió la vida.

Durante 2008, uno de cada tres franceses vieron Bienvenidos al país de la locura en el cine. Es cierto: se podrá decir que la cifra no es exacta, que muchas personas la han visto dos o más veces, pero es muy inusual que, en un país de 64 millones de habitantes, más de 20 millones vean un mismo filme. Y más si se tiene en cuenta que el segundo título más taquillero de ese año -una secuela más de Asterix- fue vista por 7 millones, un tercio de esa cantidad.

Para comparar con un taquillazo local como El secreto de sus ojos: el filme de Juan José Campanella tendría que ser visto por alrededor de 14 millones de argentinos para acercarse a una cifra similar a la de la película de Dany Boon. Y, cuando aún no alcanzó los dos millones de espectadores, aquí se lo considera un éxito histórico.

Así que imaginen cómo habrá cambiado la vida de este hombre, un comediante de origen bereber, nacido en el frío norte francés, el mismo que retrata con tanto cariño en la película y que le valió a la zona de Nord-Pas-de-Calais un crecimiento exponencial en turismo. ¿Le levantarán un monumento en la antes ignota ciudad de Bergues?

Por teléfono, Boon (su apellido real es Hamidou) suena sencillo y para nada creído. Es muy consciente de que su vida ha pegado un vuelco espectacular y que los tiempos de comediante stand-up y de actor conocido han quedado lejos. No suena, al hablar, como el actor mejor pago de Europa (habría ganado 28 millones de euros en 2008). Suena, digamos, como un tipo simpático que quiere hacer lo posible por abrir un mercado más para la película que dirigió y coprotagoniza.

Bienvenidos... es un fenómeno que necesita cierta contextualización. El filme cuenta la historia de un empleado de correos que quiere que lo trasladen a una sucursal en la Costa Azul. Presionado por su esposa, tiende una trampa a sus jefes, pero la trampa le sale mal y en lugar de premio llega el castigo: la sucursal de Bergues, en el helado y desapacible norte, cerca de Bélgica y con Inglaterra a la vista.

La zona que Boon describe podría compararse con la Minnesota de Fargo, de los Coen: un lugar frío, sí, pero con gente extraña y amable. Y, como en aquel filme, tiene una particularidad muy especial: la gente habla... raro. Si usted no sabe francés, deberá prestar mucha atención o guiarse por el trabajo de "adaptación" que se hacen con los subtítulos. Y si lo habla, habrá un elemento más para el disfrute: los tipos hablan un francés... incomprensible.

Boon dice que ése era uno de sus miedos a la hora de estrenar el filme fuera de Francia. "Pero ya lo vieron más de seis millones de personas en el exterior", explica por teléfono, pero en inglés. "Hay algo universal en la historia que hace que la gente se enganche, más allá de que se pierda algunas cosas. Para el estreno en los Estados Unidos adaptamos todos los subtítulos a un dialecto norteamericano, para que puedan entender mejor las bromas. Cuando pasamos la película por primera vez en un festival en Los Angeles vi que la gente se reía. Y cuando ganamos el premio del público, me di cuenta de que podía funcionar afuera."

Boon no sabe exactamente qué se hizo en la Argentina, "pero en España, Italia y Rusia hicieron lo mismo. La película también se vendió a China. Pero ahí no sé qué es lo que van a hacer. Ahí ya me doy por satisfecho con que pase la censura."

Usted nació en esa zona. ¿La película es representativa de cómo es la gente allí? ¿Cambió la impresión del lugar tras el éxito del filme?

Siempre fue terrible la imagen del lugar. Yo soy comediante y durante 15 años, cada vez que me subía a un escenario y decía que era de Nord-Pas-de-Calais, la gente se reía, me tenían pena. Me decían: "Debe ser horrible, tu infancia debe haber sido una pesadilla". Y no, fue genial. Es una gran región, con grandes personas. Cuando yo decía eso se reían, creían que bromeaba. Muchas cosas son así: la gente critica lo que no conoce. Uno tal vez nunca viajó por el mundo y anda diciendo "los alemanes son así", o "los ingleses, así". Todos clichés. La película cambió esa visión de la gente. Y el año pasado creció mucho el turismo.

Dirigió y coprotagonizó la película. ¿Cómo fue el paso del stand up, primero a la actuación y luego a estar a ambos lados de la cámara?

La dificultad cuando hacés una película es poder mantener el espíritu de las bromas. En el "stand up", la escribís, la probás en vivo y ves cómo funciona. Si la gente no se ríe, la cambiás. Pero en una película es difícil. Tenés que arriesgarte y ver si funciona. Recién en la edición tal vez podés retocar algo.

¿Y cuando sólo actúa?

Es más tranquilo. Cuando actúo no sé toda la historia, no estuve metido dos años en el proyecto, sino sólo unos meses. Trabajo en mi personaje y sigo a mi director como a un padre. Pero es muy diferente en mis películas. Sé todo de todo, me convierto en el padre de la historia, de los personajes. Es mucho trabajo y termino agotado al final. Pero disfruto hacerlo. Me encanta dirigir.

Bienvenidos... es su segundo largometraje como director (el primero se llamó La maison de bonheur). Pero los espectadores que siguen las comedias francesas tal vez reconozcan a Boon de películas como Mi otro yo, de Francis Veber, y Mi mejor amigo, de Patrice Leconte.

¿Quiénes fueron sus maestros a la hora de dirigir?

Francis Veber. Hice una película con él y también La cena de los tontos en teatro. Disfruto trabajar con él. Sabe mucho de cuestiones cómicas y es un tipo divertido. Hace poco hice una película con (Jean-Pierre) Jeunet, Micmacs, que se estrena en unas semanas. El también es increíble como director, aunque muy diferente.

Cuando se dieron los premios César y "Bienvenidos..." tuvo una sola nominación se quejo de que la comedia no es reconocida...

No me sorprendió no tener nominaciones, ése no fue el problema. Lo que pedí era que agregaran un Premio del Público, debe existir algo así. La prensa lo transformó en un escándalo. Pero no creo que sea tan grave. Con un premio del público podría solucionarse. La industria debe respetar a la audiencia y las elecciones que hace. Es difícil hacer una comedia y hacer reír a la gente. Y ellos lo saben.

Si bien usted ya era bastante famoso antes de esta película, su vida personal habrá cambiado mucho ahora. ¿Cómo es un día común en su vida?

Es un poco más raro y difícil. Yo pensaba que era famoso, pero no lo era realmente. De cualquier manera es agradable sentir que la gente te quiere: me sacan fotos, me dan sus celulares para hablar con sus familias, me tocan. Son muy amables. El problema es para mi familia, para mis hijos en la escuela. Ahora estuve ocho emses en Los Angeles trabajando en la remake del filme (ver La remake hollywoodense) y fue cool poder andar tranquilo por la calle. Ahora en mi nuevo acto de "stand up" hago bromas sobre el tema, sobre cómo era antes entrar a una panadería y cómo es ahora...

¿Y cómo es?

Antes, me atendía el panadero y me decía: "Yo te conozco de algún lado". Ahora me ve, empieza a gritar y dice "esperá, esperá". Y llama a toda la familia y al rato aparece todo el barrio...«
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