Betiana Blum: una señora que se ríe en serio - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Betiana Blum: una señora que se ríe en serio

Ahora se luce en "Valientes". Y ha frecuentado todos los géneros con eficiencia.

La comodidad es linda, pero sale caro: muchas veces acarrea lamentos. Tampoco creo en una cuestión rígida todo el tiempo: lo ideal, siempre, es el equilibrio.

Los pueblos originarios todavía lo saben, pero nuestra civilización ha perdido el sentido de unidad y por eso está loca. Nos hemos olvidado que todo es sagrado.

Argentina, mi personaje en "Valientes" tiene muchas aristas: es muy dulce con su hija, pero por otro lado está llena de resentimientos. Aunque me gusta la dignidad que logra transmitir.

Elegí mi actual casa por las palmeras, que se meten casi por el balcón: son, en muchas tradiciones, plantas sagradas. Y también porque cuando me senté a negociar en ese sillón, un solcito me pegaba en la espalda. Y entonces dije "gracias". Esas cosas para mí son importantes.

Si uno está de verdad centrado, se puede atravesar cualquier situación. No importa el ambiente. Y es posible, además, que si uno está centrado: entonces se puede producir algún contagio. Ahora bien, si te corrés de eje, y te descentrás, se genera más desorden.

No me gustan los pleitos No soporto discutir. En una discusión, nadie escucha a nadie, y por eso no se puede saber ni cuándo ni cómo va a terminar. En general, opto por retirarme. Dignamente, me retiro. Incluso en una pareja, ha sido ese fue mi funcionamiento.

Con Hedy Crilla aprendí lo que significan, técnicamente, las palabras "en acción". Que no se trata sólo de la letra: eso que se dice tiene que aparecer antes, en el cuerpo. Por el cuerpo te tiene que pasar eso que tenés que decir. Nada nuevo: lo mismo que se ve en la vida, todos los días. Hedy me contó que de muy chica escuchó unos gritos y se asomó al balcón. Dos mujeres discutían por un hombre. Una de ellas, la que perdía a su amor, producía gritos desgarradores. Crilla escuchaba desde un balcón. Y sintió tal conmoción por los gritos de esa mujer que fue, en ese momento, en que decidió que quería ser actriz. Para transmitir algo parecido. Y para eso tiene que haber una vibración de verdad: que suceda eso que quiere uno expresar.

A veces ponés el noticiero y hay cosas que te pegan acá. Están contando verdades. El otro día, una mujer perdía su puesto en la costanera: el puesto era una chapa. Pero ella decía lo que le había costado y que ahora se la llevaban. Que era lo único que tenía y que debía darle de comer a sus hijos. A veces, lo que enloquece a esta sociedad es el esfuerzo por tapar la realidad que hemos creado.

Hemos olvidado el sentido de la vida creyendo que somos seres individuales y nos podemos cortar solos. Imaginate en un árbol una hoja que cree que puede hacer la suya: no estamos separados. Tendremos que aprender esto.

Es doloroso sentir que vamos a dejar un mundo peor que el que recibimos. Es un fracaso. De todas maneras, creo que este es un período de transición.

A mí me parece que hay una minoría que sólo piensa en el dinero y otra mayoría que está reconociéndose a sí misma, en forma silenciosa y profunda, y reconociendo al prójimo, y está pensando en ayudar. Hay gente que tiene un garage y una cocina y allí le dan de comer a un grupo de gente. Esto es indicativo de un cambio.

Augusto Fernandes dice que fui una de las personas que más lo sorprendieron en su carrera. Me cuidó mucho y me acompañó en mi crecimiento. Dice que yo era como blanca hasta que apareció, en mí, la expresión. El con el tiempo me convocó para la docencia y estuve dando clases como cinco años. Es interesante sentir que se transmite esta posibilidad de conectarse con uno. Porque si no sos capaz de estar con vos, ¿cómo vas a hacer de otro? ¿Quién actúa? ¿Quién hace el personaje?

En cada personaje, me interesa buscar los valores, el centro, para saber hasta dónde va a girar en lo que le tocará vivir.«

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