Levantes playeros: clavo que te clavo la sombrilla - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Levantes playeros: clavo que te clavo la sombrilla

El verano ya llegó y te contamos lo que hay que saber sobre los levantes en la playa y amores de verano. Cortos pero intensos.

Algo pasa con el verano... Las hormonas están a full, cuerpos bronceados, la piel se muestra más libre que nunca, y más aún en las playas o lugares de veraneo.

Si pensamos un poco o miramos hacia atrás, ¿quién no tuvo una conquista a la orilla del mar?

¿Los métodos de levante? De todo tipo:

Simpáticos vendedores ambulantes llenos de rastas que se acercan a vender pulseritas artesanales. Se quedan charlando con un grupo de chicas y así como si nada, no siempre consiguen concretar una venta pero puede que sí un número de celular.

Chicos que piropean a las chicas, o que sin querer les dan un pelotazo para invitarlas luego a ser parte del equipo de voley.

Amigas que salen a caminar por la orilla del mar y casi sin darse cuenta, duplican su número al volver con algún que otro enganchado con la excusa de tomar unos ricos mates a la hora de la merienda.

Muchas historias comienzan en el verano, y muchas también terminan con él. Pero no hablemos de los finales sin mejor del principio, cuando la playa, las olas y el viento, pueden ser el lugar de encuentro perfecto para cualquier grupo de chicas o chicos con ganas de divertirse.

No quedan excluidos jóvenes y adultos, como así tampoco solas y solos que se escaparon de la ciudad con ganas de descansar y si es posible, tener alguna aventura que los saque de lo habitual.

Todos recordaremos al menos una historia de esos amores de verano, fugaces, casi de película. Caminatas por la playa en pleno atardecer, noches de luna llena en donde solo se escucha el ruido del mar y apenas se vislumbran los ojos de quien nos acompaña. Charlas, silencios, nuevas charlas, besos, caricias, y por qué no sexo.

También fiestas electrónicas hasta al amanecer para algunos, o guitarra y fogata para otros. Todo valido en vacaciones, y cada cual podrá elegir su propia aventura. Eso es lo mejor, sin dudas.

Testimonios, muchos. Aquí resumimos algunos:

"El año pasado fui a mdq con mis viejos y dos amigas. Al tercer día de playa se nos acercó un grupo de chicos, hermosos ellos. Empezamos a hablar y eran de capital, como nosotras. Ni bien los miré bien me gustó uno, Juan, el más tímido. Le pregunté qué estudiaba -parecía más grande que yo- y me contó que estaba por empezar la carrera de cine, ahí me encantó más. Creo que yo me lo levanté a él. No nos despegamos durante los 13 días siguientes. Una vez en capital fuimos a ver Sweeney Todd, la peli de Burton. Esa fue nuestra primera y última salida en la ciudad. Nunca entendí por qué toda la magia se fue con el verano". Carla, 16 años.

"El levante en la playa me cabe pero si estoy con un grupo de amigos, soy muy tímido como para acerarme a una flaca y ponerme a chamuyar. En cambio todo bien si voy con los pibes, nos arrimamos a las minitas y ahí, nadie me para. Está bueno y si da, después se va agrandando el grupo. Salís a los boliches, a tomar birra... Eso sí, si después la piba ya no te cabe y te querés esfumar, fuiste. ¡Te la cruzás por todos lados! Eso es lo único malo del levante en la costa". Christian, 18 años.


"Recién separada, el verano pasado fueron mis primeras vacaciones completamente a solas en Brasil. Estaba tomando sol en la playa, leyendo, con mi mp3 cuando se acercó un vendedor de libros. Me miró y comenzó despacito a hacer su trabajo de seducción. Me citó los libros más maravillosos, mientras me elogiaba entera –y levantaba mi ego-. Al final, terminé comprándole uno del cual ni recuerdo el título. De lo que sí me acuerdo, es que dentro del libro estaba su teléfono. Esa fue la primera noche de mis vacaciones en que no dormí sola", Mónica, 40 años.

"Verano de 2003, tenía 16 años y estaba en Gesell con una amiga. Una noche fuimos al bar que tenía mi viejo en ese tiempo, donde se juntaban todos en la previa al boliche. El clima era perfecto: frente a la playa, chicas y chicos por todos lados y buena música. Ahí conocimos a un grupo de amigos con los que nos veríamos todos los días, y entre ellos claro, a ese chico especial. Una noche, caminando por la orilla del mar con un cielo repleto de estrellas, este chico me paró, me acarició la cara, me miró a los ojos y me dio un beso (el primero para mí). Seguimos el resto del verano enamoradísimos, juntándonos cada vez que podíamos. El verano no era eterno y llegó el final. Claro que nunca lo voy a olvidar", Laura 21 años.

Es evidente que el poder permitirnos ser diferentes y libres durante algunos días en los cuales no hay reglas, títulos, ni promesas nos hace caer en un estado de enamoramiento temporal. Y el verano es, sin la mejor estación para que eso ocurra. Preparáte...


¿Tuviste levantes en la playa? ¿Por qué creés que pocos son los amores de verano que perduran en el tiempo? ¿Te sentís más desinhibida/o en vacaciones?


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