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Bichos de cíber

El que juega al Counter, el que navega páginas condicionadas, el ejecutivo que lista tecnología y el estudiante que desparrama papeles y termina TPs con el tiempo justo son sólo algunos de ellos.

Ya sabemos que en Internet se puede encontrar de todo o, como mínimo, muchísimas cosas. Son miles los que a través de la Web trabajan, conocen gente, comparten sus secretos, bajan música, juegan, preguntan si son sexies o crean una vida paralela. Muchas de estas personas, quizás porque no tienen una PC en su casa, lo hacen a través de las computadoras de los cibers, que terminaron convirtiéndose en un clásico más de cada barrio, como la farmacia o la pizzería. Todos estos clientes forman una especie de submundo, con personajes, costumbres, lenguajes y hasta olores propios.

Cualquier persona que haya entrado alguna vez a uno de estos locales notó que en ese ambiente, casi siempre oscuro y con poca ventilación, se sientan frente al monitor diferentes tipos de usuarios. Algunos pueden resultar bastante irritantes y hasta pueden servir de inspiración para el post de algún blogger.

Este es el decálogo de los "ciber tontos". Cualquier semejanza con la realidad, es pura intencionalidad. 

El Pornográfico
Para nada pudoroso, este hombre (¿alguien vio alguna vez a una mujer viendo porno en un ciber?) pasa horas mirando videos y fotos triple x, frente a personas desconocidas. Grado de respeto por sí mismo: ninguno. 

El del Counter Strike
Sin importarle la molestias que puede causar a otros usuarios, se la pasa gritando: "Mirá el arma que me compré". Según el autor, su propia madre lo envía al ciber para no verlo. El tampoco puede ver, pero por lo rojos que le quedaron los ojos. 

El Ejecutivo
Llega vestido de traje y con mirada soberbia, pretendiendo hacer creer que es un magnate. Se pasa horas mirando productos de alta tecnología que no puede comprar. 

El estudiante
Se encuentra principalmente cerca de facultades públicas. Se siente como en su casa y desparrama papeles, cuadernos y apuntes. Gasta fortunas en fotocopias en blanco y negro de mala calidad (algunos llegan a cobrar 40 centavos la copia, ¡ladrones!) 

El que tiene parientes en el extranjero
Aunque es muy disitinto al pornográfico, este personaje tampoco tiene vergüenza. Pide una máquina con cámara, auriculares y skype y se dedica a hablar tan alto como le sea posible, haciendo caso omiso de las caras de molestia del resto de los usuarios del local. 

El turista
El mochilero se instala en cualquier bar a disfrutar del Wi-Fi, mientras que el rasca recurre al locutorio en busca de soluciones a todos y cada uno de sus problemas. La mayoría de las veces carga con una mochila de 150 kilos con la que obstruye el paso de todo el mundo y anota teléfonos de hostels en su sucio cuaderno de viaje. 

El viejo renegado
Odia las computadoras, pero accedió a usarlas a pedido de su hijo. Culpa a la tecnología por no poder usar los nuevos medios. Pide ayuda a todos lo que los rodean y comparte con ellos su teoría sobre un pasado mejor (aunque no éstos no lo quieran). Su principal temor: hacer doble clic con el mouse. 

La vieja de los mails en cadena
Se trata de esa persona que cada vez que encuentra o recibe un documento de Power Point con fotos de cachorritos o de bebés disfrazados decidí enviársela a todos sus contactos. Es fácil reconocer el tipo de mail que envían, casi siempre son algo así: Fwd: Hay alguien que te quiere mucho, mucho. Lo difícil: terminar con esta plaga. 

El obsesivo-compulsivo
Típico habitué del ciber, el ser humano que sufre esta condición es capaz de asistir al mentado local dos a tres veces en un mismo día. Chequea mails frenéticamente, chatea como un adolescente en celo y es asiduo visitante de blogs de variada especie, en los que aprovecha para comentar con todas las tonterías que se le pasan por la cabeza. 

El que atiende
Generalmente no supera los 25 años y, si lo hace, debería replantearse el camino elegido. Tortura a los usuarios con música horrible, se acerca a cuanta fémina cruce la puerta, abusa del Messenger y recibe constantemente las visitas de las lacras inoperantes que tiene de amigos, que no tienen nada mejor que hacer con sus vidas que aguantarle.

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