Desnudos involuntarios - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Desnudos involuntarios

A veces pasa: abrís una puerta y del otro lado encontrás a alguien desnudo. Algunos se disculpan, otros se enamoran...

Es un clásico para las parejas que andan felices por la vida. En algún momento, alguien les pregunta ¿Cómo se conocieron? A veces son historias largas y aburridas y otras veces la anécdota es simple y graciosa. Tanto como lo puede ser abrir una puerta la puerta equivocada y encontrarse a la mujer indicada desnuda.

Algo así les pasó a Emilio y Valeria. Estaban casualmente pasando unos días en el mismo camping, cada uno con su grupo de amigos. No se conocían, por supuesto. Una tarde Emilio, recién levantado de la siesta y un poco abombado por el sol, fue cual sonámbulo al baño. Por supuesto, se equivocó de puerta. Lo despertaron los gritos de una Valeria desnuda y desesperada por encontrar la toalla que había dejado justo por ahí, pero que no atinaba a agarrar.

Seguramente Emilio se quedó contemplándola unos segundos más de lo que el sueño le aletargaba la reacción. Y de repente se fue, corriendo, sin decir palabra. Momentos después le crecía una extraña felicidad en el pecho.

Valeria en cambio se sentía una boba. Su reacción había sido, según ella, de lo más ridícula. Gritó y pegó saltitos como si hubiera visto un ratón. También le daba un poco de vergüenza, la había visto desnuda un fulano que no conocía. Al rato tomó coraje para salir del vestuario, vestida por supuesto, haciendo de cuenta que no miraba para ningún lado, porque lo último que quería era cruzarse otra vez con el fulano.

Emilio, en cambio, trataba de pispear desde lo lejos, la quería ver otra vez, reconocerla vestida. La tenía que ver otra vez, pensaba, y tenía que pedirle disculpas, porque no le había salido ni media palabra de la boca antes de huir despavorido del baño.

Más temprano que tarde, Emilio la encontró por ahí. Valeria se puso un poco colorada pero él fue muy encantador con su disculpa. Y así, siguieron cruzándose, hasta que él se animó a confesarle que se alegraba del accidente, que le había maravillado lo que vio.

Palabras más palabras menos, así fue como Emilio logró ver a Valeria desnuda otra vez, sin puertas abiertas sin querer. Y ahí andan, juntos y contentos.