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Hay que quererse más

El tenis argentino vive días agitados, después de la derrota en la final de la Copa Davis. Hay peleas de todos los colores, en un mundo que mezcla egos, millones y por sobre todo individualismo.

Boca para afuera, hay que decirlo, se autoproclaman "amigos íntimos", "buenos compañeros" y fundamentalmente "colegas solidarios". Suele vérselos en situaciones de camaradería, como saltando al grito de "dale campeón", envueltos en una resplandeciente bandera argentina mientras agitan una botella de champagne o simplemente compartiendo bromas para una cámara de TV indiscreta. Son los tenistas argentinos, a quienes allá lejos un editor periodístico bautizó "la legión", por las hazañas _muchas de ellas Quijostescas_ en los distintos courts del planeta. Hoy, después del Tren Bala que les pasó por encima, llámese derrota en la final de la Copa Davis, salen a la luz historias de celos, de egoísmos, de rivalidad extrema, de intereses y también de billetes.

A horas de elegir al nuevo capitán que reemplazará a Mancini, nadie se salva de las balas que salpican a los cuatro costados. ¿Qué estas diferencias son las mismas que, por ejemplo, se viven en el fútbol o en cualquier otro ambiente de alta competencia? Sin dudas. Pero la ley de la selva deportiva es así, guste o no. Aparecen las miserias en las malas, cuando hay que empujar el carro barranca arriba, lejos de las mieles de la gloria.

Cuentan los especialistas en la raqueta que las diferencias en el team argentino venían desde mucho antes de la final en Mar del Plata. Sin ir muy lejos, en la serie ante Rusia, por las semifinales, no todo era color de rosas. Ya había roces por protagonismo, por cartel y también por muchos millones.

Tantas estrellas, tarde o temprano, terminan en una inevitable guerra de egos. Que a veces se dirimen puertas adentro del vestuario u otras veces, por conveniencias de las partes, se "ventilan" a través de mensajeros de turno, en realidad periodistas amigos, para que instalen de manera "inocente" el tema y que después... Sí, que después sea lo que dios quiera. Pasó, pasa y seguirá pasando.

El cachetazo recibido por los españoles, sacó lo peor de lo peor, según revisten las crónicas diarias de los medios, tradicionales y de los otros. En ese ida y vuelta, el planeta tenis _jugadores, dirigentes y entrenadores_ instalaron un "Cabaret mediático", casi la sucursal del que, allá lejos, Diego Latorre regenteaba en un Boca dividido entre amigos y enemigos.

Nalbandian versus Del Potro; Del Potro versus Nalbandian; Los jugadores versus la asociación; Los jugadores versus los periodistas; los jugadores versus Vilas; O incluso Vilas versus los jugadores; los jugadores versus tal o cual capitán; los jugadores, en definitiva, versus los propios jugadores. Y siguen las firmas. ¿No es mucho? Versus, versus y versus... Para qué tanta antinomia. Si hasta aquellos imperdibles duelos entre Vilas y Clerc, hoy parecen chisporroteos de jardín de infantes.

Jean Francoise Fogel, histórico periodista de France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire, es un conocedor en serio del tenis. Vino al país varias veces y ahora, en su erudito blog de información general, se animó a titular un jugado post, con un lacónico "Cambalache". Ahí describe, entre otras cosas, una reveladora crónica sobre la derrota en la Feliz:" Más allá de los gritos y los insultos del público, que se pueden escuchar en muchos sitios de Internet (un público es siempre un ser sin elegancia), lo impresionante es ver cómo los argentinos pasan en un segundo de una ilusión eufórica a una tristeza sin remedios en el momento de la derrota.

No es que pierdan la ilusión de ganar una copa, es más grave: comprueban que el mundo es "una porquería..." (la otra versión que se escucha a veces es la de la escalera del gallinero donde, a pesar de subir, uno siempre tiene a otra gallina que la caga por encima). Tres días en Buenos Aires y una derrota bastan para percibir la resignación increíble y triste de los que piensan que la vida es siempre más de lo mismo. En el momento de las últimas coimas vergonzantes del senado se citaba todavía a "Cambalache" como un resumen de lo que es la vida: una porquería, aunque cualquier ser razonable podría entender que no se trataba ayer de otra cosa que de un partido de tenis." Y cierra, más brillante aún: "Leo Purgatorio de Tomas Eloy Martínez, excelente novela de un gran escritor argentino, y tropiezo sobre una frase de su heroína: lo peor es que he dejado de sufrir... ".