¿Cómo dejar de ser una víctima? - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

¿Cómo dejar de ser una víctima?

Llega otra edición del Curso práctico de espiritualidad para todos. Por Claudio María Domínguez.

Gracias por estar causalmente leyendo esto en el momento perfecto. Es una forma de estar comunicados desde la búsqueda de expresar el amor que somos y que todavía estamos ignorando, a pesar de que todo se empeña en recordarnos que el sufrimiento sigue afectándonos, en la medida en que no despertemos a la expresión del amor que es nuestra única, absoluta, sublime realidad.

Gracias por llenarnos literalmente de comentarios nobles, generosos, algunos bien claros en lo que ya no desean perderse de sí mismos, que es la comprensión de su divinidad, de su grandeza, de su capacidad infinita de seguir creando vidas, saber cambiar lo que no funciona y discernir qué es lo que deberíamos explorar de verdadero y bello de una vez por todas.

Siguen los mails, y las llamadas de las víctimas, desde ya bien intencionadas, que por primera vez en forma conmovedora se plantean cómo acabar con su vieja historia de frustraciones y abusos, de manipulaciones y mentiras. A todos ellos les reiteramos, que son seres de luz, que son los héroes de su vida, los protagonistas de sus historias, y no más actores de reparto, secundarios, de las películas ajenas, no más dependientes de las reacciones adormecidas e ignorantes de aquellos a quienes les concedimos hasta ahora el poder de decidir si merecíamos ser o no felices.

¿De qué vale que nos conmuevan las frases de los grandes seres si no pasamos del plano de la repetición memoriosa como un loro entrenado, y por más que no cesamos de cotorrearlas, no logramos hacerlas carne en nuestra experiencia diaria? Solemos ser muy intelectuales, muy analizadores, muy juzgadores de los comportamientos de los otros, y sin embargo negadores de nuestro dolor cotidiano, sumergidos en rutinitas implacables que terminan enfermando el cuerpo, y de las que nos parece imposible salir, aunque sigamos opinando todo el tiempo lo que los demás si deberían hacer, vendiendo consejos de telenovela, pretendiendo una sabiduría de la cuál es notorio que carecemos.

¡Cuánto nos cuesta generar la humildad de los que decían:"Yo sólo sé que no sé nada", y ver que en serio, no sabemos nada, porque si supiésemos no hubiéramos hecho las cosas que hicimos, y no seguiríamos flagelándonos con la culpa de las metidas de pata propias y ajenas, que se han convertido en una muletilla constante, de la cual nos aferramos, para no querer ver la grandeza que seguimos manteniendo oculta!

Estos mensajes pretenden ser una sacudida para egos que se han afianzado, se han fortalecido en forma ilusoria, y no nos permiten ver que somos mucho más, muchísimo más, de lo que apenas hemos intuido hasta ahora. Somos seres divinos viviendo en un cuerpo humano, seres que decidieron experimentar por contraste primero, todas las variantes de lo que no somos, para ir dándonos cuenta poco a poco, vida tras vida, sufrimiento tras sufrimiento, que éramos muchísimo más que lo que se nos dijo y hemos creído, repetido, y peor aún transmitido a nuestros hijos o a las generaciones que nos siguen.

Es hora de tirar al viento todo ese bagaje de estupideces, de carencias, de miedos, de recuerdos de pasados absurdos, irreales, porque jamás van a regresar, de miedos a futuros igualmente irreales, porque jamás van a suceder, y sin embargo nos perdemos el paso glorioso por el planeta sin poder detener a la mente y explorar nuestra belleza, nuestra perfección, tapándola con el barro, de la crianza, de la envidia, de las noticias, de los rencores, de las depresiones, todo eso, ¿fruto de qué? de la ignorancia de no saber la belleza y la luz divina que somos, por herencia del alma universal, de la energía que esta en todo y en todos.

Queremos ganarle a los otros, y nos perdemos cada vez más a nosotros mismos. Queremos que el otro no nos abandone, y hace rato nos olvidamos de nuestra propia existencia. Queremos que los otros se vayan, y no sabemos vivir en plenitud con nuestra mente y nuestro corazón, entonces somos o mendigos de los demás, o victimarios de otros personajes igualmente endebles como nosotros, que por algo seguimos atrayendo, porque a nadie le llega lo que no tiene que sucederle, ni las personas que estamos pidiendo a gritos que nos toquen según nuestro nivel de adormecimiento e ignorancia. Cuanto más víctima, más victimarios allí disponibles en el planeta, olfateando a su presa como un depredador en la noche.

¿No es hora de atraer gente espléndida? Para eso tenemos que estar nosotros así, seguros, confiados, luminosos, solidarios, honestos, éticos, llenos de amor. ¿No es hora de atraer situaciones de crecimiento, sin sufrimiento, sino con mucho gozo, con alegría, con endorfinas, con humor, con belleza, con unidad? Para eso tenemos que estar nosotros así, dueños de nuestra vida, en forma responsable, clara y llena de amor. ¿No es hora de tener el cuerpo sano?

Para eso hay que sanar la mente y las emociones. Gracias por existir

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