Un juego de chicas audaces - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Un juego de chicas audaces

Escrita y dirigida por Ana Frenkel, Carlos Casella y Dani Cúparo, Carla Peterson y Griselda Siciliani arman un show con estética propia.

El espectáculo juega -aunque sutilmente, por momentos de modo casi elíptico- con el borroso límite entre la ficción y la realidad sobre el que transitan los personajes. También, en parte, las actrices. En el programa de mano, al lado de fotos de las protagonistas cuando eran niñas, se cita una descripción de los personajes que interpretan en la escena, sobre la que el lector/espectador dudará, ya que al pie de esos enunciados dice: "Basado en historias casi reales". Imposible saber el alcance de ese adverbio. La verdad es que poco importa: es parte de ese juego que la obra plantea como artificio.

Lo que sucede en escena es una ficción narrada de forma no convencional. Claro que sus autores la escribieron pensando en ellas. Carla Peterson y Griselda Siciliani son amigas en la vida real, y este proyecto surge del deseo manifiesto de ellas de trabajar juntas. Aquí componen a dos amigas, Clara y Loli, confidentes y cómplices, coristas de un night club, que interrumpen el show o un ensayo del mismo, para hablar de sí mismas y de sus "corazones idiotas", atontados por el amor o por su ausencia. O por el anhelo de conseguirlo.

Acaba de estrenarse Corazón idiota en el Paseo La Plaza, un musical en el que los recursos no faltan, pero que presenta algunas fisuras sobre todo a nivel dramatúrgico. La puesta tiene un lenguaje propio, atractivo, aunque algunos ajustes en el texto le imprimirían mayor dinamismo, podrían volverla más vertiginosa y divertida. También el asentamiento que le dará el correr de las funciones.

Escrita y dirigida por Ana Frenkel, Carlos Casella (ambos fundadores del grupo de danza-teatro El Descueve) y Dani Cúparo (quien también participó en trabajos de esa compañía), se trata de una obra de teatro, música y danza basada en lo lúdico y lo onírico. Y protagonizada por dos actrices que buscan divertirse en el escenario y que tienen un potencial que se intuye, se percibe, pero que no terminan de desplegar totalmente aquí.

Con música de Diego Vainer -la puesta incluye temas conocidos y originales-, Peterson y Siciliani asumen con soltura y sensualidad la interpretación de las canciones. La banda en vivo a cargo de Fernando Tur, Diego Rosental, Rakhal Herrero y Leo Kreimer suena potente. Los músicos, además de cantar y ejecutar instrumentos, bailan y actúan. Pero indudablemente el aspecto en el que más se lucen es en el de músicos. Una extensa barra de fondo, una mesa de billar, sillones e instrumentos (batería, guitarra, piano y bajo): esos elementos escenográficos son funcionales a las distintas situaciones -algunas reales, otras, en sueños- que protagonizan las actrices. Loli se quiere separar, pero por teléfono. Fantasea con tener un accidente. Clara intenta negar que su pareja tiene otra mujer. Y hay más. Un show intenso, con humor y una estética propia.