Bob Esponja, el elegido - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Bob Esponja, el elegido

Es para chicos, pero lo siguen los adultos y lo adoran los gays. Absurdo, optimista, inocente, este personaje amarillo que acaba de cumplir diez años en la pantalla llegó al Museo de Cera, y al podio que hasta ahora sólo ocupaban los irreverentes Simpson. Los números y los nombres de un fenómeno.

Si Los Simpson es irreverente; South Park, escatológica y Padre de familia, corrosiva y políticamente incorrecta, a la serie animada Bob Esponjase la suele definir como "lisérgica". Un adjetivo en primera instancia incompatible con el consumo infantil. Sin embargo, el absurdo bordado con una catarata de colores y personajes tan poco probables como encantadores, termina siendo lo más parecido a la fértil, riquísima e ilimitada imaginación de quienes todavía no buscan ningún punto de apoyo en lo "verosímil".

Bob Esponja, el dibujo de Nickelodeon que acaba de cumplir su primera década, se convirtió rápidamente en una de esas series "de culto" donde todos los ricos y famosos quieren estar. Desde David Bowie hasta Pantera, desde el primer ministro británico, Gordon Brown, hasta las niñas Obama (y su famoso papá), las legiones de seguidores crecen en todo el mundo. Tanto, que este personaje cuadrado, amarillo, y de un optimismo a prueba de desastres, es el primer dibujo animado en tener su réplica de cera en el Museo de Madame Tussaud, en Nueva York. Y ya fue doblado a 25 idiomas en 170 países.

En el universo Bob Esponja (la ciudad submarina de Fondo de Bikini, nombre que "homenajea" al atolón del Pacífico donde se hicieron las primeras pruebas nucleares), los peces caminan en vez de nadar, el agua no apaga los incendios, la comida más preciada son las Kangreburgers fritas, y los amigos están en las buenas y en las malas, como Patricio Estrella, el gran compañero de Bob, una estrella de mar gordita y rosada a quien muchos (adultos) han querido ver como el novio gay de la esponja; o la ardilla Arenita, que, como buen bicho terrestre, circula por el agua con escafandra de astronauta.

En las antípodas del buen humor permanente de Bob, está Calamardo, un quejoso y pesadísimo calamar que trabaja junto a la esponja en el restaurante El Crustáceo Cascarudo y sólo se divierte tocando el clarinete. Don Cangrejo, Perlita, Gary (el caracol mascota de Bob), Plancton, el Holandés volador, Parche el pirata y Sirenoman son algunos de los otros personajes llamados a soportar (o no) los líos a repetición en los que se mete el protagonista.

Habida cuenta de lo rutinaria que puede ser la vida de una esponja subempleada en una cadena de comidas rápidas, el optimismo de Bob puede ser visto como patológico. Pero peor que eso es que resulta contagioso. Sin mayores sarcasmos, está claro que sus destinatarios son los niños, sin embargo los espectadores adultos de la serie crecen en todo el mundo. Al tercer año de su emisión en TV, la empresa Nielsen daba cuenta de que, en los Estados Unidos, el 22 por ciento de los espectadores de Bob Esponja tenían entre 18 y 49 años. Actualmente esa cifra ronda el 30 por ciento.

De chico, a Stephen Hillenburg le apasionaban los documentales de Jacques Cousteau. Tanto, que su primer título universitario fue en Ciencias Naturales, con especialización en biología marina. Pero había otro talento en el creador, guionista y dibujante de Bob Esponjay era el dibujo... Así que mientras estudiaba Animación en el Instituto de Artes de California, se ganaba la vida dando clases en un centro de ecología marina: "Trabajando como maestro tuve la oportunidad de ver qué tan enamorados están los niños de la vida debajo del mar, de las criaturas que viven ahí. Combinando este conocimiento con mi amor por la animación, cree a Bob Esponja", dice Hillenburg desde Los Angeles. La idea de Bob llegó cuando ya había hecho otras animaciones para cine, e incluso la serie animada La vida moderna de Rocko, pa ra Nickelodeon, sin embargo algunos temieron un fracaso rotundo. Por fortuna, los directivos del estudio pensaron lo contrario. El éxito casi inmediato, los premios en todo el mundo, y la primera de sus seis nominaciones al Emmy (en 2002), les dieron la razón.

"En realidad, mientras pensaba en Bob Esponja, lo único que imaginaba era cómo se iban a reír los hijos de mis amigos... ¡y ellos también! Jamás supuse que se iba a convertir en un fenómeno global -admite Hillenburg-. Para mí, es un dibujo que habla de la amistad entre dos personajes muy sencillos, sin malicia, que realmente se aprecian y se ayudan. Además, resulta jocoso porque ellos se empeñan en actuar como niños, y esa inocencia también es lo que hace a la serie atractiva". Cada vez que le consultan, Hillenburg remite esta dupla a sus admirados Laurel y Hardy, principales "musas inspiradoras" para el productor.

Más allá de los contenidos, "la forma" también aporta lo suyo. "Dibujamos a mano, porque eso le agrega un elemento más humano al personaje -continúa-. Muchos creerán que es un método demasiado primitivo, pero es el adecuado para Bob Esponja porque es la mejor manera de llevar el humor hasta lo absurdo y al mismo tiempo mantener accesibles los personajes."

¿Y aquello de lisérgico? Hay que verlo, claro. Pero transcribir algunos diálogos entre Bob y Patricio ayudará a comprenderlo. En una escena, los dos amigos entran a la casa de Arenita y encuentran un video donde la ardilla explica que no debe ser molestada porque está hibernando; ellos, por supuesto, se aventuran más allá de la puerta y encuentran un extraño paisaje nevado (adentro de la casa, sí, eso es Bob Esponja). "¿Qué es esto?", pregunta Bob. "Es un vasto mundo giratorio de blanco placer brillante. Libera tus sensaciones con una cascada de suaves almohadillas de emoción que nunca has sentido antes", replica Patricio, no inspirado, sino repitiendo la leyenda de un envoltorio de caramelo. Otro episodio encuentra a Bob empeñado en bañar a Gary, su mascota caracol que se comporta como gato. Y que no quiere saber nada. Bob primero ordena, después suplica, se enoja, hace chistes, intenta con hipnosis, hasta que cae en la más dura amenaza. Tomando un teléfono, grita delante de Gary: "¡Hola! ¿Hablo con el elegante restaurante francés? Aquí tengo un caracol que no quiere bañarse...".

Humor alegórico, como lo ven algunos, o de lo más elemental, como lo quieren otros, lo cierto es que después de una década en pantalla prácticamente no existe producto para chicos sin un Bob Esponja, desde cartucheras para el colegio hasta relojes de cientos de dólares. Pero hay datos todavía más importantes que los económicos para dar cuenta de que una expresión cultural devino "fenómeno": su lista de invitados famosos, y su posibilidad de ser tema en otros programas de televisión. En el primer rubro, hay de todo, desde la temprana intervención del grupo de rock Pantera (en 2001) con su canción Pre Hibernation Week, hasta Mark Hamill (Star Wars), Pat Morita (Karate Kid), Ray Liotta (Buenos muchachos) o Ian McShane (Deadwood), y con dos picos históricos protagonizados por fans iniciados por sus hijos. En 2007 David Bowie interpretó a Lord Royal Highness en la película para TV de Bob Esponja Atlantis SquarePantis. Y hace cuatro meses, por su expreso pedido, Johnny Depp hizo una participación en el especial de media hora SpongeBob vs. The Big One.

Ubicarse como el programa que miran o comentan los personajes de otros programas, eximiría inclusive de otras pruebas de popularidad, como ser el dibujito que mira Dakota Fanning cuando invaden los extraterrestres en La guerra de los mundos. En la tele hubo fans de Bob en dramas como Six Feet Under y en comedias como Scrubs, o Two and a Half Men. Alguien extorsiona a su hijo con no dejarle ver el dibujo en 90210 y hasta existe quien le echa la culpa por la locura del mundo en Dexter. Aún así, los verdaderos trofeos en la vitrina de esta serie son las menciones de sus ¿competidores? en el mundo de la animación (y las hubo tanto en South Park como en Padre de familia). Por ejemplo, cuando en un episodio de Los Simpson, Lisa dice que está rezando "a Buda, Jesús, Bob Esponja... no hay tiempo para ser selectivo".

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