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Haciendo la calle

La crónica maldita tiene un nuevo exponente en la Argentina: el periodista Sebastián Duarte bucea en el mundo de las travestis que se prostituyen en el barrio de Constitución y lo cuenta en una crónica impactante.

Salta, Pavón, Santiago del Estero, Luis Sáenz Peña... en las calles del barrio de Constitución se abre un mundo marginal que alcanza su esplendor de noche. Es un territorio travesti poco explorado y muy estigmatizado. Hasta que llegó el periodista Sebastián Duarte, acompañado por Ricky Medina, su alter ego literario. Duarte acaba de publicar "La Constitución travesti", un libro en el que se mete en el barrio y se mueve entre las travestis como un amigo más. Ávido lector de eso que se llama "literatura maldita", Duarte eligió seguir la misma estrategia que su admirado Charles Bukowski, y crear a Ricky Medina, un personaje ficticio, para contar todo lo que vivió desde que empezó a parar en lo que él denomina "el Bar de las Travestis", que descubrió una noche a la salida de Cemento. "Había no menos de treinta travestis. Se miraban al espejo, se reían, brindaban con cerveza, salían y entraban al baño de mujeres, hablaban por teléfono. Parecía la réplica de una película de Fellini o de Kusturica por lo bizarro. Obvio que entré y empecé a parar allí, siempre de noche", cuenta.

El bar tenía un dueño gallego y un par de mozos desprejuiciados, recuerda el autor. Y fue ahí donde empezó a concebir la idea, entre peleas y botellazos, de un libro de aventuras de travestis, a quienes describe, por sus ánimos de divas, como "las mejores actrices" que haya conocido. En su segundo libro (el primero fue "Ricky de Flema", una biografía de Ricky Espinosa, el cantante de la banda punk Flema, que se suicidó en 2002), Duarte no sólo escondió su identidad como periodista en el propio texto: también lo hizo ante las travestis. "Lo hice para que no se persiguieran. Existe mucha paranoia porque su mundo es clandestino. Tienen miedo de la SIDE y de la brigada. Aunque parezca mentira, suelen infiltrarse para saber en qué andan ellas y otros que se mueven por ahí", explica.

Y aunque dice que primero hizo el trabajo periodístico y luego lo noveló, Duarte no aclara si las múltiples escenas de sexo que cuenta las vivió en carne propia: "Eso que quede a la libre imaginación de lector. Si pensás en Bukowski, ¿qué parte suya está encarnada en Chinasky, su personaje en todos sus libros? Cada uno imagina lo que quiere".

Lo queda claro en el libro es que el sexo es uno de sus motores. Apenas iniciado, en la página 22 se narra un encuentro en primera persona: "Una noche llegué a la esquina del buzón a eso de las cuatro de la madrugada. Había bebido ginebra por diferentes bares de Constitución y estaba en un estado deplorable. Agustina aprovechó mi debilidad y me llamó. Sin dudarlo, me acerqué a la rubia y vi que llevaba una pollerita escocesa al estilo colegiala y unas medias de red negras. Con sus labios pintados de rojo carmesí empezó a susurrarme cosas al oído. Hasta que el zarpazo final fue acompañado de un sensual beso en mi cuello". Etcétera.

¿Contar ese momento es una manera de exorcizar, ya de entrada, lo que sería la hipocresía de escribir un libro sobre travestis sin meterse con el tema del sexo?
No es que las experiencias sexuales sean lo más importante del libro, sino la vida y la naturaleza del mundo travesti. Este libro propone un juego serio: chocar contra la hipocresía social, y plantear un llamado a la libertad de elección. Uno es una buena persona no por con quién se acuesta, sino por cómo trata a la gente con la que se rodea: vecinos, familiares, amigos y hasta a una trabajadora sexual. ¿Por qué no plantear algo distinto a la norma? Ojo, que sin levantar bandera. Porque realmente mi intención no es levantar la bandera de la causa travesti ni gay. ¿Cuántos Ricky Medina hay en esta sociedad? ¿Quiénes ocultan algunos rasgos de Ricky Medina? Ojala que la sociedad pueda replantearse esto a través del libro. Romper el tabú.

¿Cómo sería un "itinerario-travesti"?
Cualquiera que pase por Constitución en colectivo puede ver por si mismo que las calles están plagadas de travestis. En el libro lo cuento en detalle. Lo que puedo adelantar es que el barrio está dividido en dos zonas: una de peruanas y otra de argentinas. Esas zonas se respetan a rajatabla. Si alguna se pasa de la raya pueden producirse enfrentamientos que terminan siendo feroces.

¿Volviste a ver a las travestis luego de la publicación del libro?
Vi a tres. El resto se murió, viajó o desapareció del barrio. Dos de ellas aún no lo leyeron pero se enteraron de su existencia. La tercera lo está leyendo y está muy enganchada porque cuento su historia. Me dijo que no puede creer que recuerde tantos detalles de su vida. Ella se llama Shoko y me acompañó al programa de Chiche Gelblung. Ahora está viviendo en Italia, trabaja en un bosque que queda en Hostia. Vino porque se compró una casita en Salta. Está preparándose para cuando decida no trabajar más. Por lo menos salió de Constitución.

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