El documental de los artistas del Borda - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El documental de los artistas del Borda

El documental argentino "La Asamblea", que registra la labor cotidiana del Frente de Artistas del hospital psiquiátrico Borda, es un manifiesto sobre el arte, entendido como el modo más silencioso de resistencia.

"No me interesaba trabajar el binomio arte-locura como un cliché, sino abordar una manifestación donde el arte fuera un instrumento de resistencia, una ruptura en el sistema de comunicación, de las verdades impuestas por las instituciones", dijo Galel Maidana, director del filme que se presentará los viernes y sábados de agosto en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).

El cineasta se acercó al Frente de Artistas del Borda (FAB) a través de una amiga, que es asistente terapéutica de los hospitales psiquiátricos Borda, Moyano y Tobar García. Después de visitar los tres establecimientos, se interesó por el método de trabajo del FAB con los pacientes.

Fundado en 1984 por el artista y psicólogo social Alberto Sava (quien se ve en el filme), el FAB propone al arte como motor de la transformación individual y social. En ese espacio, pacientes internados y externos, expresan su verdadera esencia a través del trabajo en distintos talleres artísticos, pensados también como una eventual salida laboral. Filmado en blanco y negro, el documental es un verdadero viaje de observación hacia el interior de esos talleres en los que los pacientes pintan, cantan, ensayan obras de teatro y leen sus propias poesías. En el registro minucioso de la interacción entre pacientes y coordinadores, se rebela la posición crítica del FAB y de los mismos internos sobre el funcionamiento de los hospitales psiquiátricos. Sin apelar a opinión de funcionarios ni a la voz en off, sin recurrir a golpes de efecto o la denuncia explícita, la cámara de Maidana deja en carne viva los puntos débiles de un sistema que, en lugar de pensar a estos hospitales como espacios de contención los convierte en lugares de encierro.

"Hay muchos documentales de este tipo que usan el shock y el morbo para provocar reacciones en el espectador. Yo no creo en las reacciones inmediatas sino en las imágenes que quedan en la retina y con el paso del tiempo hacen reflexionar", afirmó. El cineasta prefirió dar prioridad a la mera observación, para registrar situaciones que hablan por sí solas de "la esencia" de los pacientes.

"Cuando tengo que hablar de un hecho terrible, prefiero hacer hincapié en lo vital y positivo, aquello que puede hacer que la situación de esa persona cambie. Me parece mejor que hincar el alfiler en lo que está mal", sostuvo. El documental muestra, además, tramos de una asamblea donde los participantes debaten la "desmanicomialización", promovida por el FAB, y su reemplazo por un sistema de atención que garantice la inclusión social y que luche contra la estigmatización de la locura.

Así se tratan los temas importantes en los talleres del FAB, donde las decisiones se toman por mayoría y en base a la opinión de los pacientes. Eso fue lo que impactó a Maidana la primera vez que visitó los talleres.

"La primera vez que fui al Borda no llevé la cámara, sino que expliqué la idea del documental. Me propusieron presentar un proyecto detallado que debía ser aprobado mediante votación por la Asamblea, integrada por los pacientes, artistas independientes y coordinadores del Frente de Artistas", relató.

"Lo que me impactó fue que en el marco de esa institución, que les niega a las personas el derecho a la razón, hubiese un grupo con poder de decisión que les restituye ese derecho y que, incluso, está en contra de la política sanitaria del hospital", subrayó. Con primeros planos inquietantes, registrados al mejor estilo del cinema verité, el cineasta capta a los participantes de los talleres en momentos solitarios de reflexión en voz alta, dando vida a marionetas en situaciones imaginarias y opinando con pasión en las asambleas. En esas situaciones se rebela la vulnerabilidad de los pacientes, sus miedos y desconfianzas, frente al rechazo social y, en muchos casos, al abandono familiar.

"Quería captar momentos con naturalidad, en los que se condensara la identidad de cada uno de ellos. Porque están (y estamos) tan acostumbrados a que otros digan lo que somos, que muchas veces uno no tiene la posibilidad de manifestar quién es. Y quise respetar las cosas tal como se daban", concluyó.

Por contradictorio que parezca, muchos de esos momentos están dotados de poesía y belleza, si es que estas palabras tienen lugar cuando se habla de locura. Acaso no sea tan descabellado, cuando se piensa en la expresión más radical de la belleza: como forma de delirio y desmesura.

(ANSA)

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