Francella, el multifacético - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Francella, el multifacético

En una entrevista exclusiva con Ciudad.com, Guillermo Francella habla sobre El joven Frankenstein, el espectáculo musical que lo tiene como protagonista. Imperdible.

Talento. Esa seria la palabra que tendríamos que usar si quisiéramos describir a Guillermo Francella. No seria ni actor, ni cómico. Porque Guillermo Francella es eso: un hombre talentoso que encierra a un actor, cantante, director, pero por sobre todas las cosas a un artista.

Con 29 años de carrera sobre sus espaldas logró convertirse en uno de los capocómicos más importante del país. Hoy se luce nuevamente en una comedia musical: El joven Frankenstein. La obra, con música y letra de Mel Brooks, es la primera versión internacional del espectáculo, luego de su estreno en Broadway, en 2007. En esta versión, Enrique Pinti ha realizado la adaptación de las letras de las canciones.

¿Por que volviste a la comedia musical?

En primer lugar por el título. Desde que vi la película allá por 1974 fue revolucionario para mí ver a dos personajes tan desquiciados, fue ahí donde descubro a Mel Brooks y me convertí medio en fana. Cuando Pablo Kompel (Productor general) me dice que la película había llegado a Broadway fuimos a ver el espectáculo, y era la misma gente que manejó Los Productores y como nos había ido muy bien con esa obra nos dieron ésta y la trajimos para acá.

Es la segunda vez que te animas a un musical, ¿Cómo te sentiste a la hora de encarar El joven Frankenstein con la experiencia que ya tenias de los productores?

Adquirí más confianza y menos miedo, ahora estoy más cómodo porque tengo muy buenos maestros en cada área. Me preparé mucho, estuve varios meses trabajando para este musical. Lo único que trataba era de afinar, de entonar y, gracias a Dios, lo logré. Mi objetivo no era cantar como un cantante profesional sino no salir del registro, no desentonar ni desafinar. Los resultados han sido maravillosos porque todo el mundo habla de ésto y queda extasiado con lo que ve porque es una cosa que no está en la Argentina/> y uno no está acostumbrado a ver.

Noté que lograron hacer una adaptación de la obra que mezcla la excelencia de Broadway con el humor local.

Si, coincido. Es lo mismo que Casado con hijos, si yo hubiera hecho una cosa literal de traducción y adaptación habría sido un fracaso en la Argentina./> Nosotros/> le dimos una vuelta de rosca conservando los textos de ellos, pero dándole una impronta local.

Tu personaje, Frederick, tiene mucho del Francella que estamos acostumbrados a ver: los tonos, las puteadas, las miradas.

Acá estoy contenido pero te mando un par de puteadas, quiero ser ese Fronkestin desquiciado, pero en cuanto mando alguna el público explota. Hay un tono mío que le gusta a la gente y lo está esperando, la protagonizo yo y, de algún modo, quieren verme, mas allá de que esté haciendo otro trabajo y no me veo tan Francella como en otras cosas que hago.

Se genera un vínculo muy fuerte con el público, algo raro en la comedia musical que tiende a ser más fría.

Si, es muy fría y todos trabajan para afuera, nadie se vincula, esa cosa de mirarnos en los actores del musical no está porque hablan hacia el público. A mi me pasaba con Enrique (Pinti) en Los Productores que él me enseñaba mucho todo lo que era la música y los tiempos, pero yo hablaba con él acerca del vínculo: él no me miraba a los ojos porque estaba acostumbrado al monólogo, pero conseguimos entendernos. En el Joven jugamos a conectarnos, hay un vínculo. Yo fui a ver con mi familia Los Productores y me senté pensando que nos iban a aplastar pero interpretativamente no me devolvían nada, acá hay otro juego que ellos no tienen.

En el verano debutaste como director teatral, volviste a probar con la comedia musical, y también te animaste a volver a un casting para Rudo y Cursi, ¿te relajás en algún momento?

Creo que tiene que ver con que yo siempre estuve en la búsqueda de contenidos nuevos, cosas que me entusiasmen, que no sólo sean los recursos míos para la gracia, me gusta que me pasen otras cosas, y no venían tan asiduamente los proyectos. Los productores hablaban muy bien de mí pero no me convocaban porque muchos decían que era tan fuerte mi presencia que podría anular algo de lo que ellos habían escrito, cosa que yo no compartía. Fue a partir de la película Rudo y Cursi que (Carlos) Cuarón, virgen de mí, quiso ver actores argentinos, vio a 40 y me llevó por una decisión unánime. Él me decía que le parecía maravilloso que yo me quiera reinventar cuando no tenía por qué correr ningún riesgo.

Con todos los años de trayectoria que tenés y habiendo probado el papel de director, ¿te molesta que te dirijan?

No, yo estoy ávido de eso, como actor siempre necesito que me dirijan. Me encanta que me guíen porque sino uno compone el personaje como lo intuye, y capaz que el director cuando lo escribió pensó otra cosa. Como actor siempre tengo deseos de que me marquen, que me orienten, que me digan para dónde quieren que vaya, para mí es un placer.

El reconocimiento que conseguiste durante todos estos años, ¿relaja o mete presión?

Creo que estoy más relajado, a veces la presión está en que si lo anterior midió de una manera determinada, lo nuevo debe medir un poco más, pero eso es más de los medios, de los programadores que mío. Por supuesto que cuando estás en las grandes ligas necesitas medir, necesitas que el productor que invirtió en vos gane dinero, pero ya no lo vivo como una presión porque –gracias a Dios- siempre me ha ido bien en todo lo que hice. Soy un poco así porque soy la antítesis del relajado, a mi me encantaría estar relajado pero es mentira, tampoco puedo estarlo pero no lo puedo vivir como una presión. Sé que soy obsesivo del trabajo.

¿Tenés ganas de volver a la tele?

Si, pero siempre y cuando haya un proyecto que me guste y un guión que me den ganas de hacerlo. Creo que ahora no hay programas como Poné a Francella primero por motivos económicos, lo único que le rinde a los canales son los programas diarios porque pueden vender más publicidad y amortizan el costo inicial; en un programa semanal la publicidad que podes vender no suple la inversión inicial; y después creo que pasa porque hay una carencia de ideas.


Mirá a El joven Frankenstein con Tinelli

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