¿Cómo salir del pesimismo? - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

¿Cómo salir del pesimismo?

¿Cada vez más Tú, cada vez menos Yo? ¿Cómo acelerar la dicha? ¿Somos mendigos del amor? Por Claudio María Domínguez.

Hermanos del alma, gracias por estar allí siempre en su búsqueda, en su discernimiento, sobre lo que es real y lo que es transitorio. Nos siguen sorprendiendo y llenando de amor con sus mensajes. Cada vez son más las personas que buscan despertar y amar, ya llegaremos a esa masa crítica de la que hablan los genios, si se llega a ese porcentaje, el contagio colectivo, en este caso de polaridad positiva sería muy rápido y claro, más allá de lo que la mente humana sumida en el pesimismo se permite aceptar.

Sólo se trata de eso, amar, amar y amar, reconocer que cuando amamos, se abren las compuertas de la percepción, y las maravillas de una energía sabia, actúa ese beneficio en nosotros. Todos los grandes seres dicen "Cada vez más Tú, cada vez menos Yo", por TU entendemos esa gracia superior que hace que la creación surja y se expanda, y por YO, el mero ego, limitado, identificado con un cuerpo, lleno de deseos, expectativas, juicios y recuerdos, que hace que nuestra vida, sea chata y epidérmica, necesitada de afecto, por la incapacidad de ver que todo aquello que reclamamos ya es nuestro, y estuvo siempre en nuestro interior y es la sustancia y esencia de lo que somos.

Cuando no amamos, y somos mendigos de amores ajenos, hay carencia, sufrimiento, anhelo, frustración, la eterna víctima, a la que el mundo finalmente nunca puede satisfacer, porque no está en nuestra naturaleza ser satisfechos por el mundo, sino por nuestra verdad.

Cuando nos mandan mails de víctimas, los leemos con todo amor; pero no esperen un consuelo de consultorio sentimental, sino que los remitimos a los muchos mensajes que pueden leer en la página, sobre cómo reganar el control de tu vida, cómo recuperar tu divinidad, cómo dejar de buscar felicidades cortitas, periféricas, y saber que siempre sos feliz si dejas de creer lo que el mundo tiene para negociar e imponer.

Esos son los pasos contínuos de la salida de la ignorancia y la entrada en el conocimiento. Claro que simples de entender, pero difíciles de poner en práctica, según la información recurrente, que arrastramos desde la crianza, que impidió saber quiénes somos y nos hizo creer durante un tiempo que éramos otra cosa, tan menor, tan chiquita, al lado de la grandeza y belleza de nuestro Ser de Luz.

Afortunadamente y con mucha alegría, ahora podemos reírnos de esa etapa, agradecerla, como parte perfecta de nuestra experiencia y crecimiento, y pasamos a recordar la capacidad creadora, la fuente que hay en nosotros y que marca nuestro inevitable rumbo hacia la dicha. ¿Para qué frenarlo? ¿Por qué no acelerarlo? ¿Cuándo? Ya mismo. Todo cambio es ya mismo. Soñar con un futuro de pajaritos de colores, delirios místicos, y dioses de nombres y formas, es no querer asumir la responsabilidad de ser felices ya mismo.

Esperar que las profecías nos salven o tener miedo de que nos hundan es seguir en una cándida pero triste esperanza de que algún día, de otro modo, todo sea diferente, cuando el único instante en que podemos hacer distinto nuestro paso diario por este planeta, es sabiendo la verdad, viviendo en amor, compartiéndolo, informándolo, transmitiéndolo, pero siendo coherentes primero en nuestra manifestación de ese amor.

Recuerdo una frase muy brutal para la mente, de Sai Baba, que dice:

Eres el Alma indestructible; no tienes por qué desanimarte ante nada. En tus sueños sufres mucho, debido a incendios, inundaciones, insultos, pérdida de dinero, etc. Pero cuando despiertas no estás afectado en absoluto. Cuando estos eventos ocurren durante el estado de vigilia, te sientes afligido. Pero te diré que desde el estado de Conciencia
Integral, incluso el estado de vigilia es carente de validez. Quien sufre no es, en absoluto, el verdadero «Tú».

Abandoná la ilusión de que eres esta entidad física, y serás realmente libre.

Como dicen los seres sublimes ¿quieren sanar el cuerpo?

Amen, amen, amen.

Gracias por existir


Claudio

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