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Los malocupados

Fue promotora, telemarketer, cajera de supermercado, runner de pub y empleada de Mc Donald s, y volvió para contarlo (y escribirlo en un libro). Laura Meradi plasmó en "Alta rotación" el diario íntimo de la generación malocupada.

A los 26, Laura Meradi vivió en un año cinco vidas: la de promotora callejera, la de telemarketer, la de cajera de supermercado, la de runner de pub y la de empleada de Mc Donald s. Y una más: la de escritora. O acaso la de espía. Porque en su libro "Alta rotación. El trabajo precario de los jóvenes" (editado por Tusquets) Meradi compiló sus experiencias en cada uno de esos puestos de trabajo --puestos por los que nunca antes había pasado, y por los que pasó sin develar sus objetivos literarios--. Con tono confesional, sus memorias a lo largo de ese año intenso desnudan el ADN enfermo de la lógica laboral transitoria. "En esos trabajos me sentía en guerra", dice ahora Meradi. "Y me sentía responsable por lo que iba a contar. Tenía que aprender a escuchar, afinar cada vez más el oído para comprender y ser honesta con lo que escribiera. Me sentía una antena. Pero a la vez me sentía derrotada: estaba haciendo esos trabajos temporariamente para escribir un libro, pero era un libro que no sabía si iba a poder ser escrito, y cargaba con mis propias frustraciones laborales. Pero nunca dudé en seguir adelante. Este libro era lo más real que estaba haciendo en mi vida. En estos lugares se sobrevive, así que resistir era parte del libro".

¿Qué es lo peor del sistema de trabajo precario de los jóvenes?
Creo que más allá de las condiciones reales de trabajo, lo peor es como va aplastándote de a poquito, generando miedo y desconfianza en uno mismo. Muchos de mis compañeros tenían miedo de dejar sus trabajos porque sentían que no podían encontrar nada mejor, que no sabían hacer otra cosa. El miedo, la desilusión, la humillación, es lo peor que genera el trabajo precario. Y no es un sistema ingenuo: busca domar, aplacar, ganarle a los jóvenes. Clausurar el cambio.

¿En qué momentos escribías? ¿Te daban las fuerzas para escribir a la noche?
La mayor parte del libro la escribí cuando terminé el último de los trabajos. ¿Pensabas que me quedaba tiempo para escribir después de trabajar? No. Volvía agotada. Hacía anotaciones, miles de anotaciones y borradores, escribía como podía las escenas que se me iban apareciendo. Caóticamente. Luego, cuando terminé con el último de los trabajos pero aún seguía en mi propio trabajo, me senté a escribir en todos los ratos libres que tenía.

¿Considerás que es un libro de denuncia?
Sí. Creo que quien escribe siempre está denunciando algo. Pero no es un libro-denuncia. Si no que la denuncia funciona a partir de lo narrado en el libro. Los hechos denuncian por sí mismos.

Ahora que volviste a tu trabajo normal, ¿extrañás esos días de escritora encubierta?
Renuncié al trabajo fijo que tenía desde hacía más de tres años justo cuando entregué la última versión del libro. No estaba contenta con las condiciones de trabajo que tenía, y la consecuencia lógica, después de haber escrito este libro, era renunciar. Y sí, extraño muchísimo esos días de trabajo como escritora. Estar ahí, narrando todo a medida que es vivido. Pero me quedó la antena. La antena sigue allí, así que, patrones: cuidado. Porque hay muchas más antenas en la ciudad.

En el libro hacés explícitas tus dudas sobre la validez ética de tu doble identidad (trabajadora/escritora). ¿Esa era la manera de exorcizar la culpa, era una autojustificación pública o un recurso narrativo?
Ninguna de las tres cosas. Esa duda ética estuvo durante todo el proceso del libro, y era parte del libro. No podía sacarla. Está ahí como todo lo que sucedió en relación al libro en ese año de trabajo.

¿Ya le contaste a algunos de tus compañeros de aquellos trabajos sobre tu libro?
Les conté a algunas de mis ex compañeras cuando tuve el libro en las manos. Me quemaba. Y justamente me dijeron que se sentían prendidas fuego. Pero también me dijeron que todo lo escrito, palabra por palabra, era la verdad. Una de ellas acaba de terminar la carrera de periodismo (avisemos que poder estudiar y terminar una carrera en estos trabajos es una excepción a la regla), y me dijo que a través del libro pudo ver la situación de precariedad en su propio trabajo como periodista.

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