Fito Páez y Mercedes Sosa, reyes de la Manzana - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Fito Páez y Mercedes Sosa, reyes de la Manzana

El show de Fito Paez y Mercedes Sosa cerró, magistralmente, la 37° edición de la Fiesta Nacional de la Manzana ante más de 80 mil personas. Las intimidades del encuentro más esperado, en la Argentina profunda.

Sorpresa.

Como uno de esos hijos ansiosos que esperan a la mamá con un regalo, Fito llegó tempranísimo al Club Deportivo Roca para que nada falle. Faltaba bastante todavía para que el rosarino se suba al escenario y haga lo suyo. Pero el flaco ahí estaba, paseándose, macanudo, revoleándose como una hoja con el viento (alto viento el de anoche en General Roca), inspeccionando todo, asegurando cada detalle. Ni divo, ni nada que se le parezca, mucho menos que espante. Fito estaba ahí, sacándose fotos con celular, esperando.

¿Qué esperaba Fito?

Fito estaba esperándola.

Ella llegó a General Roca para calmar la espera. Hecha una reina. La verdadera Reina de la Manzana, de la fiesta, de la Argentina, dirían. Así era. Pasaba Mercedes Sosa, con su pasito lento y sus palabras cañón y los mosquitos dejaban de zumbar para mirarla. Como quien observa un monumento y se babea. Como quien lee historia y hasta le gusta. "Este es un país difícil", avisó ella para que nadie tenga dudas y siguió con la primicia: "Sí, ya grabé un tema con Shakira, de esos que mandás por computadora y después los arreglan".

Lo dicho, una reina.

¿Y cómo está Charly, Mercedes?, preguntaron "a la madre". Ella se sacó los lentes. Ella suspiró. Ella no podía dar un mejor parte. "No saben lo bien que está. Palito lo sanó a Charly, hasta tiene otra vocecita. Ya no tiene esa voz finita, llena de alcohol y de drogas que tenía. Charly García es otro. Charly ha cambiado mucho".

Y llegó el encuentro íntimo. Fito apareció de repente en el camarín de Mercedes y la saludó con amor. Como se debe hacer con las madres. Le agarró los cachetes. La besó con ruido. La besó una, dos, tres, cuatro veces. Ella se quedó quieta. "Estás lindo Fito, qué lindo estás Fito, te quiero Fito", le dijo, agradeciendo. Se quedaron ahí. Charlando. Comiendo. Compartiendo. Después cantaron, claro. Dos canciones. Frente a las 80 mil personas que estuvieron atentas, presenciando, otra vez, el milagro.

Y esa noche, Fito y Mercedes cantaron, por ejemplo, "quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón, tanta sangre que se llevó el río, yo vengo a ofrecer mi corazón...".

Y General Roca, la ciudad de la manzana y de la fiesta impecable, terminó temblando como una hoja.

Esa noche, la del final, Roca supo lo que es temblar de la emoción.

No sólo por el viento.

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