Bienvenito al Gran Rex - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Bienvenito al Gran Rex

Después de Caballeros, y ya con más de cinco años de carrera solista bajo el brazo, Iván Noble se prepara para encarar su primer Gran Rex. Admite estar nervioso como hace tiempo no le ocurría. Aquí, una extensa entrevista sobre su próximo show que dará el martes 2 de diciembre en el Gran Rex, sus proyectos futuros, la relación con el público, y de su hijo Benito, quien apenas con tres años ya parece seguir los pasos de su padre. "Prometió venir a verme", dice riendo Iván.


¿Qué sentís al encarar el primer Gran Rex?

Me siento muy parecido a la época en que estaba por hacer el primer Obras con Caballeros. Hace diez años Obras significaba como el baile de graduación de una banda. Y para mí el Rex es algo parecido, pero para un solista. Es una cuestión simbólica, por la gente que ha tocado ahí, porque es el teatro más grande de Bs. As. Yo toqué en teatros muy lindos como solista: en el Coliseo, en el Opera, el Ateneo. Pero siempre que pasaba por la puerta del Gran Rex -como cuando pasás por la puerta de la casa de una chica muy guapa-, decía: "Un día te voy a tocar el timbre". Y la verdad que la idea era hacerlo cuando diera. Y estoy contento de hacerlo ahora, incluso como despedida de disco y no como de un disco que acaba de salir, porque me parece que si sale bien es casi como un premio más que al disco, a tus años como solista. Porque no es que tenés una canción que está sonando todo el día en la radio y entonces la gente va a ir a escuchar esa canción y se van a aburrir escuchando las otras veintidós. Después de cinco años de estar tocando solo hay como una base de público interesante como para intentarlo. Así que estoy nervioso como hace un tiempo no estaba. Y está bueno. Porque viste que a veces dicen para la tribuna: "Todos los shows son iguales", y si hay algo de eso. Pero algunos shows te hacen más cosquilla que otros.

¿Este verano vas a ir a tocar a la Costa?
Sí, es la idea. Y también, entre enero y febrero vamos a grabar un DVD. Se va a hacer en un estudio de TV adaptado como un pequeño teatrito, la idea es que haya un poco de gente, no mucha, cien, ciento cincuenta personas. Y, de alguna manera, intentar revivir el clima que había en los MTV Unplugged. E ntonces, ese disco va a funcionar como inventario de las canciones que más me gustan de estos tres discos, y va a haber canciones nuevas. Yo espero que sean dos, me insisten para que sean tres nuevas, pero yo espero que sean dos, porque estoy empezando a componer de vuelta y tengo ocho, nueve canciones y no creo que estén todavía listas.

La vez pasada contabas que no te sobraban canciones, que te ponías a componer cuando ibas a sacar un disco...
Sí. No tengo canciones guardadas en un cajón. Supongo que para fines de 2009 sacaré el disco. Me parece que el que viene es un disco un poco más... son canciones un poquito más expansivas. No es rock de garage de vuelta, no es Caballeros ni mucho menos, pero es un poquito más arriba.

Pasaste de formar parte de una banda a ser solista, ¿cómo fue el cambio?, ¿se sintió?
Mirá, tuve la suerte que desde que me hice solista conservé el noventa por ciento de la banda. Hubo un solo cambio de bajista. Y la verdad que los chicos han bancado mucho el proyecto. Y no tenés por qué, porque no es tu proyecto al fin y al cabo. Pero yo creo que les gustan mucho las canciones que están tocando. Entonces, eso hace que no sea tan distinto a una banda. La diferencia es que yo tomo todas las decisiones y me banco lo que venga. Pero no tengo cuatro tipos con cara de aburridos tocando atrás y diciendo: ¿A qué hora se termina este show que después tengo que ir a tocar con María Marta Serra Lima? –cuenta, riendo Iván–. Yo me imaginaba cómo iba a ser el periplo de solista: algo lento, sin cheques en blanco de parte de la gente que venía a ver a Caballeros ni mucho menos, al contrario...

Sin embargo, te siguieron...
Sí. P rimero a regañadientes. Yo creo que los primeros dos o tres años iban a aburrirse y a esperar que toque canciones de Caballeros, y a poner cara de aburridos en las otras canciones, o a acompañar a las novias. Eso era lo que yo veía. Y ahora, los que siguen viniendo es porque les gusta. No son tan masoquistas como para comprar entradas caras para escuchar cinco temas que les gustan de treinta, no tiene sentido. Y además, creo que el tiempo también pone las cosas en su lugar y va digitando algunos rencores. Por ahí hay gente -fans de Caballeros- que estarán rencorosas conmigo de por vida. Bueno, esos no vienen más. Nunca vinieron a un solo recital de solista. Pero los demás, los que están en el medio de no saber si perdonarme o felicitarme por mi nueva pareja, como los hijos de divorciados, ya está, ya entendieron, y hay un devenir de las cosas que avanza. Y me parece importante que yo haya hecho varios discos solista, porque también creo que con un disco solista, mucha gente cree que es un capricho, y dice: "Este porque seguramente quiere ganar mucha plata solo, vas a ver que dentro de dos años vuelve con la banda". Y el tiempo también demuestra que no... El tiempo acomoda.

El tipo de relación que se establece entre el público con una banda y con un solista es diferente...
Es otra relación. Las bandas tienen una mística y una convocatoria que los solistas no tienen. El contrato tácito entre el público y el solista es solamente de canciones, en las bandas no es así. De pronto siguen a las bandas por tres o cuatro motivos, y no siempre que le gusten las canciones es el más importante. Mucha gente va a ver a bandas porque les hace el aguante, porque forma parte de una tribu, porque hay un ritual que está buenísimo. Y, a lo mejor, no escucharon el último disco, o lo escucharon y le gustan sólo tres canciones, pero van igual por esas otras cosas. Con un solista es muy difícil que eso pase. Si vos sacás un disco y a la gente no le gusta, y probablemente se haga a un costado hasta que le guste algo de lo que hagas. Salvo que seas un solista consagrado, pero ni siquiera. Solistas consagrados han temido que remar mucho. Pensá en Cerati sino, en Fito Páez que en su carrera tuvo altibajos grandes, y hasta Charly, que es el prócer de la música, al margen de sus situación personal, en sus mejores épocas como solista no lo vi hacer dos canchas de fútbol. Me parece que con los solistas es todo a escala más pequeña, pero más sincera más honesta...

Como una relación más madura entre el público y el cantante..
Madura es una palabra de doble filo. Pero sí, quiero creer que a los cuarenta tengo un poco más de madurez que a los veinte, y tengo otra forma de conversar con el público que a los veinte. La forma de conversar que tengo son canciones. No tengo otra cosa que contarles. Lo que diga en un reportaje pude estar bueno o no, pero no es lo sustancial. Y no tengo ninguna gana de que venga un pibe con mi cara tatuada o con una remera que diga "Intemperie", preferiría que no pase, la verdad. O que haya pibes que decidan cruzar la Ciudad en colectivo para ver a alguien, eso es muy de banda. A los veinte yo lo festejaba, lo celebraba de alguna manera, hasta que me empezó a dar un poco de impresión igual. Recién un periodista me decía: "Tengo un amigo que tenía un tatuaje de Caballeros y ahora que no está más la banda y no vuelven está enojado". Y, yo le diría que se haga un tatuaje de Cameron Diaz, no uno mío –dice riendo Iván–. Estamos grandes. Me parece que a esta edad yo no tengo más tiempo de pensar en posibles defraudaciones.

Hablemos de tu hijo Benito, ¿terminaste siendo más permisivo como padre de lo que pensabas que ibas a ser?
Y, tengo un problema ahí. Me es muy difícil ejercer autoridad paterna, igual empiezo a ejercerla a los golpes. Yo soy una generación educada por una generación educada por gente muy clásica. Tal vez mis viejos no eran tan clásicos en el sentido de que se han bancado caprichos, berrinches, cosas que no han pasado entre mis abuelos y mi papás. Pero siento que con mi hijo tengo que llevar a cabo mecanismos afectivos que con mis viejos no tuve, más allá de que a mis viejos los adoro y ellos me adoran a mí, sin embargo no tengo con ellos abrazos, besos, "te quiero, te amo". Yo a mi hijo me lo morfo. Y a veces siento que empiezo a hincharle las pelotas, pero siento que tiene que ser así. De las clases de amor que conozco es el amor, no sólo el más enorme sino el más irreversible. Hay mucho amor ahí. Así que sí, puede ser que sea más permisivo. Pero pequeños detalles de la vida cotidiana me hacen sentir que hay que empezar a poner cierto límite.

¿Por ejemplo?
A él le gustan mucho las guitarras y agarraba todo el tiempo la mía. Y yo le decía: "No, papá trabaja con eso". Entonces, la abuela le compró una guitarra muy linda, de verdad, pero chiquitita. Y andaba para todos lados con la guitarra. Un día apareció con la guitarra hecha mierda, toda descolada. Y me enojé y le dije: "¿Qué pasó?, "Se rompió", "¿Y ahora qué hacemos?", "Abuela compra otra", me dice, "No señor", le digo, y fui a la carpintería, compré cola de carpintero, lo senté, y le dije: "Mirá lo que vamos a hacer, vamos a arreglar la guitarra", me mira con cara de aburrido, como diciendo: "Si yo ya sé que se compran otras". A mí me parece importante que empiece a entender esas cuestiones. Sin mezquinar, pero yo vengo de un lugar –parece una película de Campanella– donde nunca me faltó nada, pero tampoco me sobraba nada, las cosas que se rompían se arreglaban, como los famosos pitucones. La ética del pitucón. Y me parece que hay que estar despierto a esas cosas. Aparte, es una época muy complicada, mucha información, mucho estímulo, Uno no sabe si da más o menos de lo que necesitan. Y bueno, en eso estamos.

¿En qué cosas te sorprende Benito?
En la relación que tiene con la música, que yo por lo menos concientemente, no se la estoy fogoneando, pero es alucinante lo que pasa con los discos. Me empezó a robar discos, pero a robármelos literalmente, porque le gustan las canciones. Entonces me pregunta: "¿Cómo se llama esto?", y se lleva el disco y lo pone en la valijita que tiene él. Ahí tiene guardado discos de María Elena Walsh , Gaby Fofo Y Miliki , Charly García, Pearl Jam , Foo Fighters , Bruce Sprinting, AC/DC, y los escucha, los elige él y los pide. "Disco de papá, disco del abuelo", él los tiene identificados de esa manera. En este DVD que voy a hacer, me dieron algunos shows parecidos para que vea. Y un día caí a casa con la pila de DVDs, y él me vio viendo, y alucinó con un DVD de Foo Fighters acústico. Y lo ve todo el día. Y ya aprendió a ponerlo encima, y él es un guitarrista y lo imita. Yo pensé que eso pasaba un poco después, a los cinco o seis, que imitaban a cantantes.

¿Te va a ir a ver al Gran Rex?
Dice que sí –sonríe Iván– . Ya me vino a ver tres veces. Todavía no llegó a la edad de los "por qué", sí a los "para qué sirve". Es buenísimo. "¿Eso qué es papá?", "Una parrilla", "¿Y para qué sirve?", "Para hacer asado, hijo", ¿Cómo se llama ese?", "Ese es el jardinero", ¿Y para qué sirve?, ¿Cómo para qué sirve, hijo?". Esas salidas que tiene, me matan.



TE PUEDE INTERESAR