El último showman del fútbol - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El último showman del fútbol

Andrés D Alessandro juega adentro y afuera de la cancha. Es todo un personaje: habla los 90 minutos hasta por los codos, chicanea a los rivales y siempre, no importante donde sea, tiene un partido aparte con la tribuna.

La pide, siempre la pide, en una señal de guapeza futbolera. No importa donde, en La Bombonera o en el duro reducto de La Plata. Espera de espaldas, pelota al pie, que venga el repetido guadañazo, de uno u otro costado. Andrés D Alessandro, el pequeño chiquitín que tantos dolores de cabeza le dio primero a Boca y anoche a Estudiantes, es el alma pura de este Inter que quedó muy cerca del título de la Sudamericana. Argentino y rabioso hincha de River, el "Pelado" es de los que juega los partidos con "el pico". Sí, habla hasta los codos. Saca de las casillas por igual a hinchas, rivales e incluso a veces hasta a sus propios compañeros. Petiso, bravucón, talentoso... Un lindo exponente, en definitiva, que alimenta _como nadie _ el devaluado show del fútbol.

Pícaro, antes que nada dice: "Me motiva jugar en Argentina. Estoy viviendo fuera de mi país (en Brasil) y venir a jugar es para mí muy especial. Estoy contento de que las cosas me salgan bien aquí".

Siente, en el fondo, que River se olvidó de él. O los dirigentes, en realidad, con José María Aguilar y Mario Israel a la cabeza. Por eso en su momento aceptó la oferta de Tinelli y Ramón Díaz para sumarse a la escudería de San Lorenzo. Después de algunos chisporroteos con los hinchas, por aquella recordada lesión prematura en el Monumental, hubo un amor fugaz que se cortó cuando el equipo quedó afuera de la Copa Libertadores. Ahí Andrés imaginó su vuelta a lo grande a River, pero... Los directivos, de buena memoria, no le perdonaron su extravagante personalidad. Eso de tener adentro a una radio parlante, capaz de decir y hacer sin medir consecuencias, no era bien visto por los pasillos del Monumental.

Y el chico, ya parado económicamente luego de su paso por el Wolfsburgo alemán y el Zaragoza español, se fue a matar penas en Brasil. En Porto Alegre, concretamente. Y en el Inter fue recibido con los brazos abiertos. Por su zurda exquisita y también por su lengua picante. Entre lesiones, flojos rendimientos y repetidas expulsiones, los hinchas pensaron que habían comprado un "paquetazo más". Error, porque el Cabezón empezó a hacer de las suyas. Adentro y afuera de la cancha. No tardó en convertirse en líder y en conducir, de visitante sobre todo, el paso ganador del Inter.

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